7/11/10

Las piedras del libertario

(Último post en FronteraD)

Un término le ha sido usurpado al anarquismo: libertario. Es evidente que el anarquismo es libertario y que busca el bien común, considerando como enemigos de lo social a la propiedad privada y al ejercicio asimétrico del poder desde cualquier instancia pública o privada. Pero los libertarios de derechas se hacen denominar así para defender la soberanía indudable del mercado sobre el Estado, para exigir la reducción al mínimo de las administraciones públicas y para, en última instancia, abogar por el individualismo a ultranza.

Para los libertarios de derechas, cada uno es responsable de su vida y no puede echar la culpa a factores externos. En ese sentido, el Estado no tiene por qué compensar las debilidades de aquellos que son pobres porque quieren, analfabetos por decisión propia, cobran por sexo porque son incapaces de ser gerentes de mercadeo, y cojean porque no les da la puñetera gana de volar.

Uno de los próceres de los libertarios latinoamericanos es Mario Vargas Llosa, insoportable premio Nobel que moría de ganas por ostentar el blasón sueco y que ahora dice que le ha complicado la vida (que Camilo José Cela lo aguarde en su remanso). Vargas Llosa, sabedor de todo y apostador a nada, mancha su fama literaria con su malcrianza política, jugando a salvar a su país siempre que gane elecciones y viviendo como europeo siempre que Lima no le imponga la banda presidencial (quizá por eso vive desde 1958 en Europa).

En su penúltima Piedra de Toque, columna que el seudoprogresista diario El País publica junto a decenas de diarios Latinoamericanos, Vargas Llosa analiza el fenómeno del Tea Party y se le ve el plumero. Sí, reconoce que en la corriente republicana ultraderechista hay algún loquito suelto, pero confiesa que, desde su óptica: "hay en la entraña de este movimiento algo sano, realista, democrático y profundamente libertario. El temor al crecimiento desenfrenado del Estado y de la burocracia, cuyos tentáculos se infiltran cada vez más en la vida privada de los ciudadanos, recortando y asfixiando su libertad y sus iniciativas; la apropiación por parte del sector público de funciones o servicios que la sociedad civil podría asumir con más eficacia y menos derroche de recursos; la creación de sistemas llamativos de asistencia social que sólo podrán financiarse con subidas sistemáticas de impuestos, lo que se traducirá en caídas de los niveles de vida de las clases medias y populares".

Vargas Llosa ya expresó esta teoría hace 10 años en el prólogo a la segunda versión del panfleto que rezuma bilis firmado por su hijo Álvaro y por dos reconocidos ultraderechistas latinoamericanos, el colombiano Plinio Apuleyo Mendoza y el renegado cubano Carlos Alberto Montaner (una máquina de propagar odio en Otramérica). En el autodenominado "Manual del perfecto idiota latinoamericano... y español" (es decir, todos aquellos a la izquierda de los autores), Vargas Llosa padre escribía: "Casi todas las otras variantes de la idiotez política hispánica derivan de la beatería estatista, curiosa aberración en un país donde el Estado no hace más que demostrar a cada paso (...) que empresa que monopoliza, la arruina, y función que administra, la burocratiza y estraga. También, que la corrupción es fenómeno inseparable de la elefantiasis estatal (...)".

La miopía y la deformación de la realidad del premio Nobel es supina. O quizá sea fruto de su aislamiento del mundo real, característica que azota a todos los famosos como Vargas LLosa que visitan guerras y supermercados como en papamóvil, para ser vistos y para ver solo lo que las orejeras de sus anfitriones les permitan. En el caso del Tea Party, Vargas LLosa se suma a los que opinan que Obama es una reencarnación de Stalin que puede convertir al país de las barras y estrellas en un régimen estatista planificador. Pensar eso es creer en los reyes magos o en la visita semanal de ovnis a los campos de Albacete. Pero es evidente que la teoría del escritor ha naufragado en su casa, Latinoamérica, ese lugar que solo visita de pasada y desde hoteles de cinco estrellas.

En Otramérica no ha habido Estado, excepto en el caso de las dictaduras de derechas, que de una u otra forma coparon todos los espacios públicos y privados.La economía, la salud, la educación o las infraestructuras públicas han sido planificadas por las instituciones financieras internacionales y decididas y administradas por la "sociedad civil" de la que habla Vargas Llosa (la United Fruit Company, la Exxon, Repsol-YPF, las mineras de cobre en el cono sur o los narcos en Colombia o México). Nadie paga tasas -ni siquiera la familia Vargas Llosa- y casi no hay impuestos según los ingresos, sino que se bendicen los impuestos directos al consumo, los más injustos. La burocracia es necesaria para que las empresas hagan negocios billonarios sin dejar réditos a los países y la asistencia social es un mal chiste del que solo se tiene noticia durante las campañas electorales.

Sin embargo, en esa Europa de la que Vargas Llosa se beneficia, hay aún países con una seguridad social efectiva (con problemas pero efectiva), la crisis económica no ha sumido a los países en el caos gracias a la existencia del papá Estado que tanto le molesta, y la corrupción es proporcionalmente menor a la que sufren los países con aparatos estatales débiles.

Es probable que la piedra del Nobel libertario esté mal enfocada. Quizá el pobre, concentrado en su obra literaria, no haya comprendido la diferencia entre poder Ejecutivo y Estado, entre Estado del Bienestar democrático y gobiernos dictatoriales. Si algo ha quedado demostrado durante la crisis económica que no cesa es que el mercado ha hecho trizas la convivencia ciudadana, que los gerentes de bancos y mutinacionales son los reyes de la corrupción y de la violación de los Derechos Humanos en los países del Tercer Mundo sin Estado, y que seres como Vargas Llosa (y sus amigos del Tea Party) nos pueden llevar a una crisis social y violenta solo comparable a los reajustes genocidas de las guerras mundiales o del periodo colonial. El siguiente premio Nobel de la Paz, siguiendo el ejemplo de Obama, deberá ser también para el escritor ¿peruano?