23/11/10

La necesidad

No, no te necesito para vivir, pero sí para estar vivo. No, para respirar; pero sí para transformar el oxígeno en energía. No te necesito para pagar las facturas de la cotidianidad o para fingir desidia en la cola del cine. Tampoco te necesito para hacerle la revisión al carro o para cambiar el aceite a las bisagras de las puertas que abro ya por costumbre o ara masticar el almuerzo del día a día.

Sí te necesito. Sólo para algunos asuntos trascendentales. En realidad, nada más te necesito para encontrarle sentido a caminar, a soñar, a pensar más allá de los próximos 4 minutos. Para moverme con un talante más digno, para levantarme ante tanto sarpullido en la corteza de la Humanidad, para reír en las mañánas, para beberme la vida sin prestar atención a los azucarillos falsos que la edulcoran.
Te necesito amor y te pido disculpas por la responsabilidad que comporta para ti. Tendrás que aguantarla aunque no creo que su liviandad te doble el espinazo. Lo más probable es que te des cuenta de que la necesidad de ti es gozosa, no tiene hipotecas asociadas, no amarga el dulce de tus labios ni provoca vértigo ante abismos inexistentes.
No te necesito para vivir, pero sí para estar vivo.

1 comentario:

Shaynne dijo...

La necesidad más pura de todas.
Qué tremendamente lindo, Paco.