22/5/15

Un oasis en Somo


El colapso mental que provocan las elecciones en algunos territorios, como en la desértica Cantabria, hay pequeños oasis que lo hacen a uno refrescarse y tomar aliento para seguir en la (s) resistencia (s) y en la construcción de alternativas.
Yo he encontrado ese oasis en Somo. Para ser más precisos en Ribamontán al Mar. Allá, en el cacicazgo de Paco Asón (34 años cogiendo la medida la cargo), se cocina una Iniciativa Vecinal que aglutina pluralidad y diversidad en proporciones esperanzadoras. Gentes de muy diferentes intereses y filiaciones político-asociativas se han unido para abrir una brecha en el pétreo consistorio. Y lo van a conseguir. Lo van a conseguir porque se puede sentir el trabajo honesto, el compromiso con su municipio, la ausencia de lucha de egos o las tensiones clásicas que agrietan muchos de los intentos alternos desde las izquierdas.
Este domingo yo me conformaré con que en Madrid, en Barcelona y en Ribamontán al Mar se rompa la tendencia clientelar y mafiosa de esta democracia de cartón piedra. Si eso ocurre, tendremos energía y ejemplos para empujar mucho más lejos el anhelo de cambio profundo, sin tapujos, sin máscaras, sin freno.
Este domingo no va a cambiar este Estado que apesta (lleno de españoles que son “muy españoles”, según el insigne presidente), pero sí podemos fijar varios oasis en el país que nos permitan tomar agua nueva cada vez que el tufo de esta estructura corrupta nos trate de asfixiar. Gracias a Iniciativa Vecinal por su trabajo y su buena energía. Los caciques comienzan a debilitarse cuando entre la servidumbre se rompe la obediencia (o el miedo). Eso ya ha ocurrido.

14/5/15

Jueves (10:16 a.m.)


La vida me arrolla algunos jueves. Comprender a la humanidad, evitar mi derrumbe, convivir con la indolencia, sobrevivir a la torpe manía de sobrevivir, romper la monotonía, aprender a cocinar sin trigo, llamar a las cosas por su nombre sin que invocarlas hiera a los iguales, sacar la basura humeante de mi falta de cuidado, cuidar de las dos tristes plantas que flanquean el regalo del reposo… Demasiadas cosas insignificantes como para no gastar tres minutos en recordarte que esta mañana olvidaste tu aliento en mis manos y que, por tanto, tendré que lidiar el resto de la jornada con tus labios y con tu ausencia.

15/4/15

Razones para desistir, razones para seguir


“Quienes (..) tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atrevieran a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos”. Estanislao Zuleta


Tratar de se coherente es casi siempre difícil. Explicar sin embarrar, también. Sin embargo, me siento en la obligación de explicar mis razones para abandonar la coalición que ya no es y que durante semanas tratamos de consolidar. Si publiqué mis razones para ser candidato, qué menos que esbozar algunos argumentos al momento de la salida.
Me animé ante el reto porque creía, creo, que teníamos una oportunidad de hacer las cosas bien, una oportunidad de hacer la política de las personas, de abrir ventanas para oxigenar un sistema tan poco democrático como agresivo. Para que eso sucediera todas y todos debíamos ser generosos, perder el miedo a los otros, perder el miedo a nosotras mismas y estar abiertas a cuestionar nuestros dogmas. Esa era la tarea difícil. No lo era enfrentar a un sistema torticero creado para limitar la representación política plural; no lo es disentir con un partido en el gobierno profundamente autoritario, sordo y nocivo para nuestra sociedad; no lo sería luchar contra una opinión pública dominada por unos pocos medios de comunicación controlados por la misma élite que los financia.
Fallamos en lo más difícil. Reconozco, en lo personal, que me senté a la mesa de negociación con una pequeña mochila de imaginarios, con miedos a ser devorado, con miedo a no dar la talla ante los ciudadanos. No me generaba ninguna duda la tarea por hacer. Son muchos años de militancias en movimientos de base, muchas veces en contextos mucho más complicados y agresivos que el cántabro. Pero lo que sí me marcaba era la responsabilidad ante las personas. Si algo he aprendido en los últimos años que es en el amor y el respeto que se logra trabajando hombro con hombro con la gente de la base donde se sustenta la autoridad moral del activismo y de la política. No en los documentos sesudos o en las estrategias y tácticas de salón aprendidas de la nomenclatura oficial de los partidos.
Si desisto de la tarea electoral es porque para seguir tendría que mentir (me) y mentir a las bases y eso es la única línea que no estoy dispuesto a traspasar. ¿Por qué mentir?
Cuando firmamos el documento político que ponía las bases de a coalición entre IU, Equo y algunos independientes (con más redes de apoyo complejas y críticas que militantes disciplinados y silenciosos) creía que hablar de unidad, de paridad y de participación ciudadana plural no era mentir. Es cierto que no era un hecho aún, pero estábamos sentando las bases para que fuera posible. Cuando IU presentó su propuesta casi innegociable de documento legal para formalizar la coalición la verdad empezó a perder la batalla.
¿Qué incluía ese último documento?
  • La constatación del control de un partido en una coalición que se decía horizontal. La Coordinación Política de la coalición que quería IU incluía 3 miembros de ese partido, 1 de Equo y 1 de Ganemos (que entendíamos que eran los independientes). Cuando planteamos que esa mayoría absoluta era contranatura del pacto político, IU contrapropuso un 3-2-1 que nos sonaba razonable, aunque se guardó hasta 24 horas antes de que acabara el plazo legal para inscribir la coalición que el 1 de Ganemos era, según ellos, el mismo que “presta” la marca Ganemos y que ni tan siquiera conocemos ni reside en Cantabria. El rodillo se imponía.
  • Los socios como atrezo. El documento especificaba que la número uno de la lista (perteneciente a IU) sería la única portavoz ante el Parlamento y que además sería la elegida para la Mesa del Parlamento en caso de que la coalición se ganara ese espacio. Cuando planteamos que eso volvía a ser inaceptable (el resto de participantes en la coalición serían decorativos), IU cedió y, aunque no aceptó la portavocía rotatoria que proponíamos, sí transigía en que fuera según las temáticas. Sin embargo, una vez más, se negaba a ponerlo por escrito.
  • La participación como promesa y no como práctica. En el documento legal, el único reclamable ante instancias oficiales, no aparecía ni una sola referencia a las instancias de participación y fiscalización ciudadana de la labor pública de los cargos electos. Propusimos una frase para que quedara consignado y darnos tiempo luego para desarrollar esos mecanismos. Tampoco IU quiso incluirlo.
  • El dinero, el maldito dinero. La propuesta en que coincidía con Equo era que del dinero de la subvención electoral, una vez recuperada la inversión en campaña, los partidos se repartieran entre el 60 y el 70% pero que, al menos, entre un 30 y un 40% fuera destinado para crear las plataformas digitales y presenciales de participación ciudadana de las que debía emanar el mandato de los cargos electos. ¿La respuesta de IU? Sí, quizá, pero no lo ponemos por escrito. Sin embargo, sí insistieron en mantener por escrito que si un cargo electo abandonaba la coalición pero mantenía el acta de diputado debería pagar la parte proporcional de la campaña electoral (varios miles de euros). Para una coalición de izquierdas, mercantilizar un cargo público parece inaceptable, pero además ese párrafo estaba destinado al número dos de la candidatura (es decir, para mi). Una clara muestra de (des) confianza.


Hasta que este documento apareció en la mesa (el martes 7 de abril) todos habíamos tratado de construir un clima de confianza. IU entendiendo que algunas asambleas locales de Equo no entraran a la coalición; Equo y yo aceptando el nombre Ganemos a pesar de lo oscuro de la operación en la que se pide prestado el nombre a alguien que quiere capitalizar los procesos sociales y políticos en todo el país; IU aceptando que no todos los puestos principales de las listas electorales fueran para ellos (aunque había sectores de ese partido convencidos de merecerlos), el resto aceptando que las personas independientes propuestas por IU tuvieran estrechísimo lazos de relación con IU o que la número uno de la lista no nos dirigiera la palabra en la práctica.
Ese día 7 todavía pensaba que la coalición salía adelante, porque volvimos a ceder todos en la mesa para poder tener el miércoles 8 en la mañana un documento matizado que todos pudiéramos firmar. No fue así. IU estiró el plazo acordado hasta el jueves para devolver un documento sin cambios que contravenía de frente el acuerdo político que hicimos público al presentar el proyecto político. No había margen: o aceptábamos sin rechistar que esta era una condición con vagones de primera y segunda clase o renunciábamos al proyecto. El mismo miércoles 8 envié un correo a IU y a Equo en el que planteaba que superáramos estas diferencias de forma (pero que tenían mucho fondo antidemocrático –porque la democracia son formas) para trabajar en las personas porque de las decenas de horas de negociaciones las menos se habían dedicado a lo sustancial.
Confieso, que una vez que tomé la decisión de retirarme y cuando supe que Equo tampoco seguiría en esta coalición desigual, me quedó esa extraña sensación de no estar seguro de haber tomado la mejor decisión. Pensaba en toda esa gente que se había ilusionado con nosotras, en los independientes que ya se estaban sumando al proyecto en la candidatura autonómica y en algunas locales, en la necesidad de entrar a las instituciones para atacar de frente la emergencia política y social que vive Cantabria. Sin embargo, un par de horas después de hacer pública nuestra retirada de forma conjunta, IU me dejó tranquilo. Sacó un comunicado público camuflada bajo el nombre de Ganemos Juntxs Cantabria, cuando esa coalición ya no existía (ahora está compuesta por IU y por un señor que presta una marca aunque después del desastre madrileño IU Cantabria se replantea su estrategia), y mentía al describir: “La sorpresa vivida en el seno de Ganemos Juntos Cantabria ha sido mayúscula ante la salida de Equo y de una sola de las personas integradas a título individual, pues ni el acuerdo político, ni el trámite jurídico, han sufrido modificación alguna”.
No comentaré los párrafos anteriores del comunicado porque me reconocía extrañado en ellos ya que eran un corta y pega de textos escritos por mi mismo en una web construida por personas independientes para tratar de construir un relato alterno que nos ubicara a todos en el proyecto común.
Había tomado la decisión de no hablar más de este tema para no hacer más daño y para que fueran los hechos los que hablaran de cada cual. Pero en las últimas horas, miembros de IU se han dedicado a contaminar en las redes e incluso a insinuar proyectos paralelos de algunas de nosotras. Varias de las personas independientes nos reunimos el domingo para debatir sobre cuál sería nuestro camino y decidimos no presentarnos en estas elecciones bajo ningún paraguas. Primero porque no nos interesa el poder sino lo que se puede hacer con él. Segundo, para no fragmentar más el voto de la izquierda. Tercero, para no alimentar luchas cainitas.
Desistimos al camino electoral, pero todas y todos nos comprometimos a seguir en nuestro trabajo de siembra y tejido, de construcción de un tejido social y político vigoroso, plural y no contaminado que pueda, a medio plazo, influir en el modelo de nuestra sociedad desde fuera de las instituciones. Nuestro compromiso con la transformación social es inequívoco y nuestro torpe intento de ser honestos y coherentes seguirá marcando nuestras decisiones. No tenemos la razón. Yo, desde luego, no la tengo, pero sí tengo razones para seguir desde el profundo convencimiento de que es desde abajo y con respeto como podemos construir las alternativas. También me ha confirmado este intento de convergencia de que, como dice Raúl Zibechi, hay que descolonizar la rebeldía, limpiarla de las viejas formas tradicionales de una izquierda que, atacada desde todos los frentes, tiende a la parálisis.
Le deseo lo mejor a IU en las próximas elecciones y también deseo, por el bien de la izquierda, que cuando todo se sosiegue se animen a la autocrítica, a repensar el por qué, en tiempos en que son tan necesarios, una parte importante del electorado progresista no los (nos) ve como una alternativa.

Termino, como empecé:

“Lo más difícil, lo más importante, lo más necesario, lo que de todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho”. Estanislao Zuleta


25/3/15

Ilusión sin ilusionismo (o por qué ser candidato)

La crisis económica que vive el Estado español ha develado una crisis sistémica del modelo político y de las formas de relación entre las instituciones y la ciudadanía. La representación se ha convertido en delegación y el poder político ha sido secuestrado por políticos “profesionales” enquistados en las instituciones que se apoyan en supuestos técnicos que basan sus decisiones en ‘datos científicos’ y en ‘verdades indiscutibles’. Mientras, la precarización de la vida avanza, se provoca sufrimiento a miles de familias cántabras y se culpabiliza a la ciudadanía de su propio sufrimiento.
Es urgente entrar en las instituciones por parte de una izquierda ecologista renovada de fuerte componente movimentista que no quiera gobernar para reformar, ni reformar para medrar. Es el momento de la imaginación y de la verdad, de la construcción de nuevos espacios y colectivos políticos, de probar nuevos dispositivos que nos permitan pasar del gobierno al cogobierno y del modelo neoliberal -que abre y consolida cada día la brecha de oportunidades- a un modelo plural donde tengan espacio diferentes formas de economía colaborativa, de fiscalización, de acción social.
No solo son tiempos de nuevas formas políticas –imprescindibles para recuperar el vínculo entre política y ciudadanía-, sino de nuevos planteamientos de fondo que, partiendo del análisis de la izquierda y de la mirada verde a la falta de sostenibilidad de la vida, nos lleven a construcciones sociales inéditas.
Considero que la única oportunidad en este momento de entrar a las instituciones y generar los cambios necesarios es a través de una coalición de partidos que desde los valores de la izquierda, desde la imprescindible mirada ecologica y con la participación significativa de personas independientes conectadas con los movimientos sociales apueste por construir alternativas reales al modelo político cooptado que hemos sufrido, que seguiremos sufriendo hasta que no decidimos rescatar las instituciones que están secuestradas por pequeñas elites ajenas a la realidad de las mayorías.

Para qué y por qué doy el paso de comprometerme con la coalición GANEMOS JUNTXS Cantabria y ser candidato en su lista autonómica. El por qué es sencillo: aunque siempre he trabajado por el cambio social desde los movimientos sociales, creo que no podemos mantenernos al margen de la política institucional cuando esta está provocando dolor real a la ciudadanía, cuando ha cerrado las pocas vías de participación existentes, cuando legisla en contra de las libertades y a favor del enriquecimiento de unos pocos y la humillación de los muchos.
El para qué requiere de algunas matizaciones sobre los principios políticos que me mueven:

-       De lo incuestionable a otros mundos nuevos nuestros…
Reformar el modelo y no cambiarlo es aceptar que es el único posible. La llegada de GANEMOS JUNTXS, con nuevas formas y ajena a la ‘imitación’, es la oportunidad para construir otros mundos nuestros. En plural los mundos y en plural los nuestros, porque así aceptamos y nos enriquecemos con la diversidad de visiones y de propuestas contrahegemónicas que, en unos casos, ya han sido probadas y, en otros, están por pasar de la imaginación a la acción.

-       Democratización profunda: Llegar a las instituciones… ¿para qué? La primera tarea es la democratización profunda de las mismas. Si de algo ha adolecido el modelo político español es de dispositivos democráticos de gestión y de fiscalización. Nunca se produjo una ruptura total con el modelo franquista y sólo se maquilló el sistema clientelar para sembrar la ficción democrática entre una ciudadanía que, realmente, no era tal. Se trata, entonces, de cerrar la brecha existente entre la institucionalidad y la ciudadanía, insertando a la primera en los problemas reales de la gente y facilitando a la segunda los espacios y los mecanismos para promover o poner en marcha las soluciones. Para ello, es necesaria la transparencia, la información de calidad, los espacios de participación, las herramientas de fiscalización y los mecanismos permanentes de ajuste de políticas públicas. De forma paralela, hay que democratizar las propias instituciones a su interior, permitiendo y cuidando la participación de las y los funcionarios en la gestión de las mismas, fomentando la toma de iniciativas y exigiendo, al mismo tiempo, un compromiso tal que agriete las tendencias corporativas o gremialistas fomentadas por las propias élites.

-       Recuperar el valor de lo simbólico…
La comunicación hegemónica está llena de mensajes en clave simbólica que consolidan el patriarcado, el consumismo, el individualismo o el eurocentrismo. La política es el campo de lo simbólico y debemos luchar por recuperar terreno. Cada gesto, cada discurso, el lenguaje utilizado, el uso de los espacios, los salarios, los equipos… todo es semiótica política y hay que prestar mucha atención a cada uno de estos elementos. No queremos ganar para repetir; queremos ganar para subvertir el orden simbólico del Parlamento de Cantabria.

-       Redignificar lo público, reconstruir lo común…
Los últimos gobiernos en Cantabria han hecho todo lo posible para desprestigiar lo público como forma de privatizarlo total o parcialmente. La delegación de la función pública en entidades 100% privadas o la creación de entes “público-privados” como forma de privatización encubierta han sido posibles gracias al descrédito de lo público, que ha sido ‘vendido’ como la simple ejecución de unos servicios para unos ciudadanos-consumidores. La redignificación de lo público y la construcción de lo común (donde la propiedad es pública pero la cogestión incluye a la ciudadanía) es el camino para retomar el control sobre nuestras vidas.

-       Representantes que obedecen…
La labor política también ha sido profundamente deslegitimada. Una forma más de entregar el control de nuestras vidas a empresas privadas o a pequeñas elites políticas profesionalizadas y, por tanto, enquistadas en el poder. Para redignificar la política y darle sentido a nuestro trabajo hay que ser conscientes de la ejemplaridad pública que representa cualquier persona que entre en la política institucional. En ese sentido, los símbolos, los gestos, los detalles son fundamentales y hay que estar preparadas para un escrutinio especialmente puntilloso de nuestras propias acciones. También hay que prepararse para evitar la conversión en una ‘élite’ o ‘vanguardia’, sino que las personas que accedan a espacios institucionales sean conscientes de que representan a una mayoría social cuyo mandato es renovable, ajustable y comunicable y que, por tanto, hay que “hacer política obedeciendo” a esas mayorías.

-       La autonomía territorial es una construcción…
La autonomía no es un estatuto ni una ley… es un proceso inacabado que se construye desde la singularidad del territorio y la pluralidad de quienes lo habitamos. Identificar las características singulares para potenciarlas, insertarse en procesos estatales, continentales y planetarios mayores y concebir todo este camino como algo imperfecto es parte clave de la tarea a emprender. La autonomía territorial es, o puede ser, una palanca para generar una verdadera autonomía política, comunitaria y económica. Y esa autonomía hay que defenderla con solidez porque en estos momentos está amenazada por decisiones e intereses ajenos al territorio (fracking, ley de Régimen Local, TTIP… por ejemplo).

-       La política del cuidado por encima…
Heredamos una sociedad maltrecha, con miles de personas al borde de la exclusión, con la autoestima de otras miles arruinada, con una creciente falta de confianza en las instituciones y en sus funcionarios… por eso una de las primeras tareas es retomar la política del cuidado. Un plan intenso de rescate de las personas, una política social prioritaria y un programa de empoderamiento ciudadano pueden ser componentes de la ecuación del cuidado que merece ponerse en la primera línea de la política autonómica.

-       La economía social y solidaria fiscalizada…
El modelo capitalista salvaje que impera en nuestro territorio no puede ser desactivado sin antes construir alternativas de empresas de economía social y solidaria con un alto grado de fiscalización ciudadana. Este es uno de los campos en los que la imaginación y la osadía son imprescindibles para imaginar nuevas formas de cooperativas sociales apoyadas por el sector publico que puedan asumir la gestión de muchos de los servicios de nuestros municipios. Debemos imaginar modelos que fomenten el trabajo colaborativo, con apoyo técnico y soporte económico de carácter público y con mecanismos de fiscalización sobre su funcionamiento y sobre sus finanzas donde participe la ciudadanía.

-       Las instituciones en la calle y la calle en las instituciones…
Rediseñar desde cero la relación de las instituciones con los movimientos, plataformas o colectivos de ciudadanos y ciudadanas es la base para promover nuevos y sólidos actores y comunidades políticas. No se trata sólo de que las instituciones abran sus puertas para que ese tejido permee en ellas, sino de que las propias instituciones rompan con la burocratización y el aislamiento de manera paulatina y se embadurnen de realidad.


Esos son algunos de los puntos que me hacen entrar en la coalición sin salir de los espacios sociales en los que, habitualmente, interactúo. Ahora nos toca lo más difícil: la coherencia. Nos toca ilusionar sin ilusionismo. Por eso me parece irreal pensar en un programa de gobierno detallado para exponer a la ciudadanía durante la campaña. Entre otras cosas, porque un programa al detalle es la elitización de la política: “nosotros sabemos lo que hay que hacer”. Más bien, considero que hay que hacer un ejercicio de sinceridad y transparencia y transmitir la necesidad de llegar para cambiar, de ganar para innovar, de preparar los dispositivos necesarios para que una vez en las instituciones podamos construir entre todas y todos el verdadero programa de trabajo. Es decir, nuestra promesa-propuesta es una nueva política, no un nuevo recetario de políticas diseñadas en oficinas. Teniendo esto claro, apuesto por conjugar ese discurso directo y sincero con una batería de propuestas básicas en áreas sensibles según los principios políticos acordados por la Coalición. Un programa que estará en construcción permanente y será revisable y ajustable cada ciertos periodos.