15/9/14

Algunas puntualizaciones

Hoy el sol no salió por casualidad, sino para que tu piel pudiera sacudirse de la noche. Hoy la arena no estaba mojada por la lluvia que nos sorprendió en silencio, sino para empujarte hacia la breve duna caliente en la que nos hemos refugiado. Hoy no te he querido más, pero te he podido disfrutar de forma minuciosa dejando los pies colgando de ese dique gris que hace de camino de salitre para pescadores.
Puntualizaré un par de cosas más. Adoro con similar alborozo tu sonrisa perezosa de la mañana tanto como el gesto torcido de libertad al salir del trabajo. Adoro con tanta intensidad tu alma como tu cerebro, el lunar que se aloja en el paraguas que protege tu pecho como el olor de tu piel cuando se gira sobre las sábanas en las que depositamos nuestras esperanzas.

Hoy dormiré tranquilo por saberte a mi lado. Aunque puntualizaré este extremo: sólo podré corroborar este hecho cuando al abrir los párpados en la mañana y girarme hacia la izquierda escuche tu respiración y reconozca en ella el dichoso latir de mi corazón.

14/9/14

El laberinto español o la eterna amnesia

Por Paco Gómez Nadal
La historia tiene la mala costumbre de acumularse en las cañerías del tiempo a pesar de que no se vea. Los acontecimientos de nuestro pasado forman el sustrato en el que crecemos y del que nos alimentamos. Es algo así como el que no quiere saber los ingredientes de eso que llaman hamburguesa de restaurante de comida rápida y que, a pesar de ello, no deja de envenenarse cada vez que toma un “menú número 3” bañado en grasas saturadas, carnes de cuarta categoría y hormonas inyectadas.
La historia es así, es el código genético al que acudir cuando queremos entender lo que somos. El problema de España es que nunca se ha llevado bien con su historia. Como todos los países de Europa, y probablemente del planeta, este primer Estado Nación del continente se ha construido a base de sangre, fanatismos, explotación cruel del otro y desmemoria periódica e intencional.
Entender la falta de un modelo productivo propio y sostenido en el tiempo es leer a Gerald Brenan, que en su Laberinto Español nos describe como el rentismo ha sido la forma de enriquecimiento preferido en esta parte de la península desde que una casualidad convirtiera al incipiente estado en un imperio a finales del siglo XV y principios del XVI. Comprender la torpeza secular de nuestras élites es acompañar a Juan Bosch en su histórico repaso del Caribe y descubrir el carácter medieval y obtuso de los “gestores” de ese imperio en los siglos XVII o XVIII, mientras en el resto del continente las nuevas burguesías se dedicaban a construir el capitalismo contemporáneo. Profundizar en la herida no curada de 1898 es bucear en la vergüenza histórica de un país y de una regenta que se enriquecían con el tráfico ilegal de esclavos mientras los españoles mendigaban empobrecidos y alimentados de un burdo patriotismo de sacristía que los empujó a librar una guerra de independencia contra Francia mientras sus nobles huían o se escondían para jamás apostar sus fortunas al honor o la decencia.
No quiero llegar al triste siglo XX para entender lo que somos para evitar deprimirme. En España nunca han tenido recorrido la memoria o la crítica. Algunas de las mentes más valiosas de este país, la mayoría, han tenido que huir en los diferentes aquelarres civiles o religiosos. Echamos a judíos y árabes, la base de lo que debía ser la burguesía peninsular; acusamos de afrancesados a todos los que apostaban por la modernización del país a principios del siglo XIX, matamos o expulsamos a poetas, académicos y científicos en la guerra civil porque pensar, en esta patria, siempre ha estado mal visto: cosa de inconformistas o ateos…
La España de hoy es la hija de su propia historia. La economía del país es la de servicios, no productiva, tierra de veraneo para gentes de países más “desarrollados” o paraíso del “pelotazo” para los listillos, uno de los conceptos más dañinos y reales de esta joven democracia. Para ese viaje no hace falta mucha inteligencia, sino trabajadores disciplinados y baratos, y eso es lo que produce este sistema educativo que, como en todos los países, está al servicio del tejido económico y del diseño de país. En España hace tiempo que los tejidos se importan de China y lo último que diseñamos fue la mascota de unas olimpiadas. Eso que nos ahorramos.
La política es víctima del aplazamiento de lo importante y del aprovechamiento del instante: aquí el posibilismo hace que jamás se toque lo estructural y que los políticos españoles lleven años siendo rentistas de los ciudadanos a los que supuestamente gobiernan. Una vez acabado el chollo de las tierras de ultramar, los españoles nos hemos convertido en la colonia de nuestras propias élites.
Estamos despertando del sueño de nuevos ricos en el que nos habíamos sumido para olvidarnos de nuestra realidad. Los alquimistas del poder tratan ahora de convencernos de que emigrar en busca de sustento es aportar a la marca España y de que la salida de la crisis es la autoexploración, denominada por ellos como “cultura emprendedora”.
Las soluciones no son fáciles, pero las hay. Son todas estructurales, que de maquillaje y parches ya estamos saturados. España, este territorio plurinacional, indolente, olvidadizo, divertido, angurriento y bastante inculto, requiere de un revisión a fondo. El problema es que para hacerlo, necesitaríamos de políticos visionarios, con verdadera vocación de servicio público, que trabajasen a mediano y largo plazo, y que involucraran a la mayor parte de la población en una operación de refundación tan compleja como apasionante. Les tengo una mala noticia: nuestros políticos se parecen demasiado a nosotros, saben tan poco de historia como nosotros y son tan cortoplacistas como nosotros.


28/8/14

Mi ruidoso silencio

Así de callado paso los días.
Grito a cada instante para instalar el silencio 
en estas calles tan atestadas, 
tan estancadas, tan obstinadas en no reventar. 
Callo para no contarle a la vecina que vende prendas de otro tiempo que nuestro tiempo es el de la revuelta. Callo para no tener que confesar ante ese calvo de pestañas que la vista cansada es mal que solo aqueja a quien no sabe mirar.
Callo para poder ocupar mi boca en tus menesteres. Callo para no caer en el abismo de los mudos días de mi gente. Callo sin dejar de hablar, ni debajo del agua –dicen los poco observadores-, porque hablar es privilegio de pájaros (Mariano dixit) y callar, delito de humanos.

Paso los días callado para despertar todas las sospechas y para levantar las liebres que se esconden bajo la túnica de los complacientes. Callo porque me sale del alma el grito, el llanto, la voz común, el gorjeo de los corderos, el aullido de los colibríes que no acuden a beber a mi ventana. Callo porque me da la gana. 
Y de esta forma, 
ruidosa, 
irreverente, 
desvergonzada, 
inútil, 
terapéutica 
                           paso mis días.

28/7/14

Celebración

Celebramos tu y yo que yo y tu somos. Celebramos que nuestra piel es una, que nuestras dos almas saben acompasarse. Celebramos que me faltó contar hasta cinco y que a ti te faltó un suspiro esta tarde. Celebramos que levantaron la barrera en este largo paréntesis y que el crustáceo que alojamos dentro tiene la piel canela de ese mar en el que nos (re) encontramos.

Celebramos quizá que nos extrañamos, que nos cuidamos hasta derretir el hielo incandescente que puede ser la vida. Celebramos el lento transcurrir del olvido cuando estamos juntos, la corta distancia entre el silencio y el estupor. Celebramos como se derrumba esta civilización mientras construimos nuestra cueva de esparto, como, incluso en contra de las predicciones, hoy el sol se ha sublevado en el estrecho margen de los cúmulos. Celebramos, al fin, que no hay nada que celebrar, que nuestro llanto cósmico está más justificado que nunca, que cada día es una nueva oportunidad para morir juntos, celebramos tu y yo que yo y tu somos. Somos los dos en los dos. Somos.

21/7/14

Decreto

Camino en los sucios andenes ordenados del Norte soñando despierto. La mayoría de la gente va en la dirección contraria a la mía. El ayuntamiento ha decretado día de alegría y, por tanto, aun sin motivo aparente, se han activado piernas y brazos, lenguas y pañoletas, sonrisas impostadas y humores de fiesta. El decreto incluye las sanciones pertinentes para los que seguimos cabizbajos, solo pensativos, quizá. Me explican que el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento, al contrario del real decreto sobre la televisión que indica con claridad que el desconocimiento de la realidad sí te exime del compromiso.
En la plaza reina un silencio ensordecedor. Gritan hoy los que callan todos los días. Los que callan. Los que callan cuando les quitan el empleo, cuando echan de su casa al vecino, los que callan cuando las concertinas rajan los anhelos de los nadie, los que callan cuando ese-tipo-que-parecía-normal raja a su mujer de varios y certeros machetazos. Ay que ver cómo está el mundo, musitan algunos antes de seguir con el estricto cumplimiento de la ley. Antes de regresar a la alegría que durará exactamente entre el lanzamiento del chupinazo y el regreso a las galeras.

Caminaba seguro de la originalidad de mi pedrada pero al llegar a casa el periódico me supera. El suplemento de las fiestas, encabezado por una foto en la que no caben los humanos, titula: Se permite la alegría y, así, una vez más, la prensa me confirma mis peores pesadillas.