15/7/15

Sin miedo hacia la unidad popular

Los procesos políticos contrahegemónicos nacen sembrados de miedos. Miedo al fracaso, miedo al triunfo, pero miedo también a las corrientes internas, miedo a la gente para la que decimos trabajar, miedo a que no haya ‘control’, miedo a perder los galones que nunca sirvieron de mucho, miedo a la institucionalidad y miedo a los movimientos sociales, miedo a no ser lo que creemos ser…
Por eso, cualquier iniciativa en busca de la unidad popular debe prescindir del miedo y jugar con cierta osadía despreocupada.
Los últimos meses han sido complejos para los que anhelamos esa unidad popular cocinada a fuego lento. He aquí algunos de los factores que creo que nos han afectado:

-       Las prisas electorales: la presión de lo electoral responde a la necesidad de desalojar del poder a aquellos políticos que están siendo tóxicos para nuestras sociedades. Pero esa prisa y esa necesidad han provocado mutaciones políticas y apaños postelectorales que pueden lastrar el futuro.
-       La abducción: los partidos tradicionales han decidido dejar de pelear con los ‘emergentes’ y cada uno ha elegido pareja. El PP ha optado por la familia tradicional y se ha casado con Ciudadanos. El PSOE ha decidió tener una aventura más incierta y progre y, después de negarse a pronunciar el nombre de su amante, ahora le propone compartir piso en La Moncloa.
-       La mimetización: Ganar, ganar, ganar… esa es la palabra que se repite en un mundo donde los perdedores son leprosos sin Lazareto en el que esconderse del escarnio. Para ganar no hay que desalambrar, dicen los gurús del nuevo milenio: más bien la técnica es mimetizarse con el enemigo para que sus votantes te voten. El problema es que en el camino se pierde lo poco de auténtico que se tiene. Si ser socialdemócrata en el siglo XXI es la nueva política, entonces el fascismo también puede tener un buen espacio de crecimiento.
-       El tactismo: No es nuevo el tactismo, pero sí está adquiriendo dimensiones bíblicas en estos meses. Todo es válido a cambio del asalto a unas instituciones que, a la velocidad que se modifican los programas, se convertirán en unas organizaciones de ‘rescate ciudadano’ sin capacidad para intervenir en los problemas estructurales o para mermar el poder de los mercados sobre el ejercicio de la política.
-       El votante mediático: si la irrupción de Podemos fue impresionante en las Europeas, no lo ha sido así en las autonómicas. Es cierto que ha entrado en los 13 parlamentos en juego con 1,7 millones de votos conseguidos y que, teniendo en cuenta que no existía hace año y medio, es un buen resultado para un partido emergente. Pero no lo es para una organización que aspira a cambiar todo gobernando. Podemos ha incidido más en el resto de partidos políticos que en el electorado. Desarticulada la participación masiva en los círculos locales e institucionalizada la propuesta, Podemos parece seguir la hoja de ruta que le marcan los medios y el establishment para poder ser aceptado en el club de los que esperan gobernar.
-       El enemigo: algunos han considerado que el enemigo es el PP, cuando, tal y como se está demostrando en el caso de Grecia, el enemigo real son los mercados, el capital. Son los que mandan, esté el PP, el PSOE o el PRC en el poder. Son los partidos que, por “razones de Estado” siguen apoyando o siendo ambiguos con el TTIP o con los nuevos acuerdos con las fuerzas armadas de EEUU para la ocupación de bases militares. Al capital no le molestan los partidos emergentes mientras no toquen la estructura en la que se apoya su beneficio sin límites. Por tanto hay que tener claro que si se quiere cambiar el estado de cosas habrá que situarse en posiciones de extrema incomodidad apoyados en un aparato complejo y efectivo de comunicación y, ante todo, en un sólido músculo movimentista de base.
-       Los lastres: hay lastres para cualquier proceso de confluencia plural. Casi todos nos podemos convertir en lastre. Pero identificaré algunos con claridad. Uno es el de los partidos que se creen, desde hace décadas, con el monopolio de la izquierda. Fracasado su proyecto, contaminados en territorios concretos (como Extremadura  o Andalucía), incapaces de apoyar a su propio candidato, aferrados a su dogma y a sus estrategias de coaptación de todo lo que se mueve, Izquierda Unida en Cantabria ha demostrado que no ayuda. Sus discursos de cambio ya no son creíbles y algunos de sus miembros siguen jugando a una estrategia tóxica que llega al fracaso en busca del beneficio propio. Creo que muchos de sus militantes están cansados de una estrategia que lo único que ha hecho es poner a esta formación al borde de la desaparición y también estoy seguro de que esas militantes son activos magníficos para la confluencia plural. Tampoco ayudan los ‘medradores’, que los tenemos de muchos pelajes, a los que les gusta el poder y controlar los procesos. Los ‘trolls’ tienen oportunidades allá donde los movimientos o los procesos son débiles, pero tampoco hay que tenerles miedo. Contra los paracaidistas lo que funciona es el trabajo y la acumulación de diversidad.

Cualquier proceso de unidad popular real tendrá que nacer de la alegría de hacer política sin prejuicios, desde una izquierda no dogmatizada que sin vergüenza de su historia no se sienta presa de ella. Cualquier proceso de confluencia no tactista deberá partir de ciertas verdades, de no tener miedo a reconocer que Podemos ha supuesto una ruptura, pero que de seguir por la ruta que ahora transita será un a herramienta insuficiente. No hay boicots a Podemos, hay desborde ciudadano, hay necesidad política de ir más allá de los eslóganes y de los cálculos meramente electorales.

Todo militante que ha estado involucrado en anteriores intentos puede caer en cierto pesimismo, en un nihilismo político paralizante. Considero que el pesimismo o el derrotismo es una manifestación más del miedo. Miedo a equivocarnos o miedo a no conseguir lo que anhelamos. La realidad es que lo que no se intenta no puede acontecer y que somos fruto de la acumulación de errores y aciertos. Nos toca aportar nuestra cuota a la historia.

7/6/15

Oración por España

Paco Gómez Nadal // Sábado 6 de junio. Bonito día. Nublado pero agradable. Perfecto para caminar y disfrutar de la Smartcity: con sus sensores (tan útiles), sus pantallas que te avisan de plazas de estacionamiento fantasma, su Centro Botín sin paredes -de tan moderno que es- presidiendo la Bahía, su sede del Reina Sofía tan fantasma como los estacionamientos, su anillo cultural apretando el dedo, los ciudadanos preparando la tortilla de patatas para ver sin nervios la final de la Champions entre dos equipos extranjeros en una ciudad tan española ella…
Todo perfecto, excepto por una música taladrante que sale de la Plaza del Ayuntamiento. Fijo la vista: hay una tarima con carpa en un costado del espacio público. Está rodeada por una pancarta con el escudo de la ciudad en la que puedo leer: “Ayuntamiento de Santander”. Todo bien, da gusto que el consistorio sea generoso y preste el equipamiento y el espacio público para actividades lúdicas inteligentes (como la Samartcity). Un segundo… hay una segunda pancarta, más grande… ¿qué pone…? Se lee bien porque está puesto bien grande: “o-r-a-c-i-ó-n-p-o-r-e-s-p-a-ñ-a”. Joder… que Unamuno y López Albo cierren los ojos, que Rouco Varela baje de su ático y lidere a esta masa dispuesta a salvarnos a punta de rezos varios, que el Barça salga de su error y cambie el ‘visca’ por el “arriba España”, que Monerris quite de su catálogo el pecaminoso helado de coco con stracciatella
Todo cobra sentido… me lanzo sobre la página santandercitiybrain (joder con el inglés… ¿por qué no sería más aplicado en el colegio público monolingüe?), trato de competir con propuestas brutales… ummmm… veamos: un parque para poder practicar el workout, el freerunning y el parkour (debe ser divertido y smart aunque no tenga ni pajolera idea de qué hablan), objetos perdidos Santander on-line, red social nocturna para smartphone con posicionamiento y cheking en locales…
Ya entendí… mi propuesta debe llevar, al menos una palabra en inglés. Lo pienso, lo maduro… ok… lo tengo: “Convertir el hasta ahora conocido como Centro Botín en un Prayer for Spain International Convention Center”. ¡Toma ya! Seis palabras en inglés y una idea genial para situar a la ciudad como capital de la reserva espiritual de Europa. Una colonia-refugio para tantos miles de ciudadanos que ya están haciendo sus maletas ante la llegada de los soviets, un espacio libre para mostrar con orgullo el nuevo polo con la bandera de Eshhhhpaña diseñado por Aghata Ruíz de la Prada y tal y tal.
Creo que si Íñigo (como le llamamos los de su clase, así: sin apellidos que lo alejan de la ciudanía), toma mi idea y la desarrolla se acabará la huida de población de la ciudad y los niños pobres de Santander podrán llenar su estómago de originales rezos y de alguna moneda que podrán bucear en Puerto Chico (que lo de recuperar las tradiciones vende mucho también).  Ahora que va a firmar el cheque a Ciudadanos para poder gobernar en calma (¿será que antes no creía en la anticorrupción?) podrá exigirles una alianza para echar a los sarracenos de la capital y para poner un control de españolidad en el túnel que pasa por debajo del centro Bo… perdón: del Prayer for Spain International Convention Center.
Ya no tendrá que aguantar más a los pesados de Cáritas llorando porque les da poca pasta (ya ven ustedes, que los de Cáritas podían colar un concejal en los plenos y recibirían 280 pavos por sesión, en lugar de los 157 mensuales con los que ahora los subvenciona el Ayuntamiento). Ningún cristiano de bien podrá estar en desacuerdo con vivir en capital tan pía a la par que smart.
Lo veo: pantallas que indiquen cuantos asientos quedan libres en el Center este, rezos espontáneos en las casetas de las fiestas de ¡Santiago (y cierra, España!), becas de empleo para los desempleados afiliados a la Asociación Cultural Alfonso I, smartpeinetas (con sensores en la puntita) con luces de bajo consumo en el Santander Music, convenciones de editores independientes de misales, bodegas de vino (con) sagrado, una sana competencia de mercado entre los rezanderos católicos, los evangélicos y otros invitados a ocupar suelo industrial sin pagar impuestos…. ¡Cómo he tardado tanto en tener esta epifanía! Esperanza…  no tienes porqué aguantar a Manuela y sus huestes de rojos: vente para Santander…



6/6/15

Lista

La libertad, se compra.
El amor, se agota.
La grasa de cerdo, se deshidrata.
La calidad de vida, se tasa.
La cantidad de vida, se aplaza.
El agua, se cobra cada dos meses.
Los muertos, se cuelgan de los puentes.
Los puentes, se levantan sobre nuestras derrotas.
El hambre, se democratiza.
El deseo, se resume en pornhub.
La nube, se hace lluvia virtual.
Las pastillas, se cotizan al alza.
La poesía, se bate en los duelos de slam.
Las fiestas, se organizan en las comisarías.
Las comisarías, se declaran autónomas.
Las resistencias, se multiplican en fueguitos.
Los fuegos, se autorizan en la ventanilla número cinco.
Los silencios, se temen.
Las manos, se desconocen.
Los labios, se pintan calvos.
Los calvos, se buscan las trenzas.
Mis listas, se agotan en la primera línea.
Estas líneas, se consumen en la ceniza de este cigarrillo.
Fuffffffff.


26/5/15

Lo que somos


Solo seremos lo que hayamos luchado. Cada una en su medida, en su trinchera, en su incómodo espacio de resistencia. Solo somos lo que ya hemos dejado de ser: la renuncia a lo adquirido, el desaprendizaje de lo adherido a nuestras pieles, la pelea cotidiana con un espejo al que nos enfrentamos sin pudor. Solo podemos ser lo que anhelamos sin miedo: la apuesta por la vida, la defensa de la dignidad ajena, el cuidado delicado de la propia, la búsqueda incesante de la colectiva. Somos más de lo que creemos y menos de lo que tenemos. Somos. Y, al ser conscientes de que ser no es suficiente, andamos acomodando una forma de estar en este mundo cada día más estrecho, más violento, más imprescindiblemente cambiable. No somos hijos de nuestro tiempo, sino padres del porvenir. La siembra comenzó hace siglos y nosotros apenas continuamos aireando la tierra y regando la simiente. No es poco.

24/5/15

Al fin. Fin


Día de elecciones


Cuando es día de votaciones me encierro en los armarios. Los recorro en busca de alguna certeza con cuerpo de polilla. La oscuridad me ayuda a abrir los ojos. Miro con el intestino justo en las zonas donde los abrigos me recuerdan que ya es verano. Hace frío. Nada encaja en el armazón de mis convicciones. Tampoco pasa nada. Flexiono las rodillas para hacer (me) un ovillo con los (mis) preguntas. Al hacerlo, siento que estoy desnudo: no hay otra forma de que mis gemelos rocen el final de mis nalgas. Pienso en algo desagradable y me masturbo sin ganas para que la jornada dé sus frutos. Ya está, he botado parte del limpio pesar que cuelga de las perchas. Espero la señal para salir, pero los corifeos de la democracia andan silentes. La voz la empeñaron en las mentiras de campaña. Mi voz se queda muda en la noche de las constancias.