16/11/10

Huir del paréntesis


Debe ser que no estaba despierto cuando recorté tu piel y la cosí a la mía. Ha debido ser el alguno de los 216 mil minutos que ya me ha regalado esta vida junto a ti. O quizá fue antes, mucho antes. Cuando el olor de tu cabello me perturbaba igual que ahora, cuando la necesidad del requiebro de tu cuerpo era tan intensa como lo son ahora las huellas de tus labios. Lo cierto, y eso tranquiliza, es que incuso ahorita, que estás tan lejos, tengo la sensación de que respiro en ti para huir de estos paréntesis. No me interesa jugar a mayor, ni salir a cazar armado de mentiras y máscaras para poder seguir aliemhatndo al carro o al basurero más cercano. Tampoco es urgente facturar en la antesala de la explotación, ni siquiera felicitar a pulmón batiente a los triunfadores del milenio. En realidad, lo único que tiene sentido es aferrarme a tu silueta, escuchar tu voz cuando abraza a mis miedos y los diluye, dejarme mecer por esta seguridad absoluta de que la felicidad era esto.

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