30/8/09

Camino al sentido

El sinsentido de vivir cobra cuerpo de forma abrumadora. Gallinazos con disfraz de milpa y sacuanjoches con máscara de crisantemos anuncian músicas sordas dispuestas a ensordecer al más sagaz. El sentido de todo se resume en unos bongós que rebotan en estas paredes, en la necesidad de seguir el ritmo para no morir rendidos ante la evidencia.
Camino a ese sentido, aguardo el ambarque de las horas, el necesario vuelo hacia lo improbable, la machacante necesidad de remar a canalete en este océano turbulento y amenazador. Seguiré, seguiremos todos y todas los que tercamente insistimos en la nada. A veces, incluso hace unos minutos, un cansancio secular, elefantiásico, se apodera de mi cuerpo y coloniza mi espíritu. Provoca, el cansancio digo, la tentación de salir corriendo, de refugiarme en el regazo del amor sin más ansias que una caricia eterna que me haga olvidar la mierda en la que nadamos. Pero sería un espejismo, o tal vez solo un decorado mermo, cojo por necesidad, engañoso y falaz. Ya sé lo que es intentar la escapada... y no funciona. Así que, a pesar de estos huesos carcomidos y de aquellos ideales fragmentados, sigo, seguiré, camino al sentido, al único sentido que parece tener sentido: el del Otro, el de los Otros que sin conocernos nos miran desafiantes desde algún pliegue de la desdicha.