28/10/09

Lo normal


Dicen que hay algunos días en los que casi ninguna bomba estalla en las vísceras de algún paisano de Pakistán, de Iraq o de Afganistán. Esos días en que las calles no huelen a carne quemada y en que algunas malas hierbas crecen a satisfacción en la Zona Verde todo parece al revés. Las mujeres se niegan a salir a la calle en busca de alimentos, los bebés no dejan de llorar para poner música al silencio, los suicidas se bañan en agua de rosas mientras hacen el amor con las cien mil vírgenes que los esperan sin ojos, cierran las barberías sin barbas, los ancianos respiran con pulmones adolescentes, y los occidentales, acomodados en nuestros mullidos sofás del a-mi-qué-coño-me-importa, nos quejamos menos de lo habitual.
En este escenario que nos ha tocado lo normal, lo necesariamente normal, es que cada día matemos de un tiro en la nuca indirecto traducido en coche bomba a unos cuantos cientos de infieles. Esta Cruzada, tan justa y necesaria, liderada por un premio Nobel gringo y unos testaferros europeos, es un lento desangrar de las almas.