20/1/09

Publicado hoy en La Prensa de Panamá

EL MALCONTENTO

Desvaríos en clave presente

Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com

La vendedora de carne en palito habla duro. Se siente estafada por los políticos y asegura que ellos, en realidad “no parecen de este país”. La lucha de la supervivencia es dura, pero pareciera que para ella lo más difícil es pensar en futuro.

El futuro es un bien de consumo de lujo, solo disponible para las familias de clase media y alta que se pueden permitir diseñar el de sus hijos, soñar el de su jubilación dentro de este campo de golf virtual que se ha convertido en la nueva imagen del paraíso. Junto a ella, un joven ya casi sin sentido se tambalea en su propio fuego, pero alcanza a reírse de la cumbre contra el delito.

Presidentitos de corbata y saco, fracasados si se les midiera por metas, se reúnen en la ciudad de los cristales para decir que juntos, pegaditos en sus mentiras, van a luchar contra el delito organizado. ¿Cómo van a luchar contra sí mismos los delincuentes más organizados del planeta?

En las calles de El Chorrillo bulle la vida. Es la paradoja de la ausencia de futuro: hay que vomitar el presente hasta dejarlo seco, exprimirlo a falta de mayores perspectivas. Son calles sucias llenas de gente hermosa que todavía practica rituales sociales cada vez más en desuso: conversar sentados en el andén captando cada brizna de brisa, ayudarse entre vecinos, contarse la vida privada que en todo caso se puede ver a través de los cristales rotos de sus apartamentos, aguardar un milagro que –sin ser tan mediático como el del río Hudson– les permita pensar en un más allá que se traduzca por unos cuantos años.

Una fundación presenta propuestas ciudadanas para gobernar este desgobierno. Se gastan 200 mil dólares en reinventar la rueda que ya se ha diseñado en los diferentes foros nacionales (desde el 20/20 a la Concertación). Ningún candidato aparece (si Varela no cuenta como candidato), ningunean a la sociedad civil –denuncia el diario–. La noticia sorprendente será cuando leamos un titular que diga: “Candidatos tienen en cuenta a la sociedad civil–.

Unos jóvenes se desgañitan en una tarima pequeña instalada en una esquina ausente de la ciudad. El hip hop es su lenguaje y las líricas denuncian una supervivencia en un mundo que detestan, agresivo, triste. Solo el amor los consuela, la mirada de la menuda chica encaramada a una caja, los aplausos de los 15 amigos que comparten cajillas de cerveza que retan el consumo de barra. Gentes desconocidas aprovechan para conocerse y para conocer el alma de estos chicos que aún tiene fuerzas para ejercer la violencia de la palabra y rechazar las otras, las institucionales de los cuervos armados que vigilan esta ciudad de diamanticos, por ejemplo.

Un candidato a la alcaldía utiliza a los pobres para hacerse rico. Las vallas con su nombre que inundan la ciudad muestran siempre a descamisados de costillas marcadas, o a ancianas de ropa casi traslúcida del uso, siempre sonrientes ante este repeinado Bobby que quiere ser alcalde para que siga habiendo pobres, si no sería incomprensible su vulgar exhibición sin propuestas.

Hay una ventana–balcón sobre la calle A donde siempre hay un bombillo prendido y alguna alma sentada. Hoy, un hombre anciano de vida –no sabemos si de edad– y una muchacha que esconde sus brazos miran a la nada esperando el amanecer. No hablan entre sí, no hacen nada. Pasa el tiempo en donde el tiempo es caro, pesado, fangoso. En determinados lugares el tiempo solo se diluye con cerveza y seco, con olvido.

Ya tenemos a Obama presidente y el mundo adulador espera el milagro, que el procónsul del universo nos diga qué hace. “Oh, oráculo de Washington, ayúdanos a intuir el futuro esquivo porque ya nuestras certezas parecen poca cosa en este lugar de bombas y quiebras bancarias”.

Suena la radio a todo volumen y el estruendo nace en un carrito de raspados. Así de sorprendente es esta vida. Del frío bañado de sabores artificiales, puede brotar una canción tan triste como la que escucho. Y, mientras, Palestina ya no existe, Irak es un vago recuerdo, todo lo lejano se funde en este calor seco de verano y lo de acá suena tan ajeno como luchar contra el delito organizado.

[Algunos clásicos son necesarios para que C. siga anclado al sur: “También las ciudades latinoamericanas se hacen el lifting. Borratina de la edad y de la identidad: sin arrugas, sin narices, las ciudades tienen cada vez menos memoria, se parecen cada vez menos a sí mismas, y cada vez se parecen más entre sí”. Galeano dixit.]