La trinchera está llena de mar. Contra las paredes desgastadas por la guerra fratricida de la humanidad, enviste el salitre de tus labios. Aquí, cobijados por el bombardeo de afecto, somos capaces de soportar sequías y estupores, el lento aletear de la vida.
Mar por los tres costados, mar para ser mar, mar preñado de olas sin violencia, de repeticiones sin pauta que componen el cotidiano acariciar, la imprevisible repetición del amor, el invento insospechado de su genética. Hoy caminaste la trinchera en dirección al agua dulce con la que nos salpicamos cuando el juego se apodera de los estrechos márgenes que nos tomamos. Vi la frontera del paraíso, la promisoria vereda por la que discurro cuando son demasiadas las esquirlas que se cuelan en el refugio. Mar salada de tan dulce que es, mar necesaria para navegantes como nosotros, desacostumbrados al dolor, gozosos, a veces responsables de nuestros actos, casi siempre comprometidos en la irresponsabilidad de sonreír sin causa. La trinchera rebosa amor, rebosa de este mar que contienes en cada gesto, de este mar que se ríe de mis límites, de este mar que deposita tu nombre en cada marea.
3/9/13
14/8/13
Los carteros
Nada hace pensar que ese hombre que corre detrás de un
carrito precario, amarillo, ajeno, es, además de un presto cartero, un
mensajero de la dignidad. Es difícil prestar atención al alma que bulle dentro
de esa mujer que nos trae el recibo de la energía o la parca comunicación del
robo bancario –casi nada aguarda ya en el buzón que tenga sabor conocido o
necesario-. Ella es la chasqui de la memoria imprescindible, de la lucha
inaplazable.
Estos carteros se reparten áreas y se echan el mundo a sus
espaldas. Cuando se quitan el uniforme al que hace tiempo desnudaron de
autoridad, cargan la maleta del exiliado, agrupan los 20 testimonios que
representan a millones de perseguidos y se empeñan en que a cientos de
kilómetros de la cuadrícula asignada se escuche el grito de verdad al que jamás
parece llegar la justicia y que nunca probará la insuficiente reparación.
Los carteros de Orihuela hablan de Miguel, el único Miguel
que tiene sentido en el pueblo que lo mató; relatan la soledad impertinente a
la que les (nos) someten los indolentes o los cómplices; desgranan grandes éxitos
en pequeños espacios de pensamiento crítico y dignidad; caminan y caminan, como
sólo saben hacerlo los carteros, llevando el mensaje indeleble del compromiso.
Y, como una de las mujeres que dan testimonio en el documental
que los carteros militantes produjeron a fuerza de obstinación, repiten sin
cesar… “hay que seguir luchando”. Por ellos, por nosotros, por el presente,
desde el respeto al pasado hasta construir otro futuro.
Defensa territorial
Evacuamos las horas y las tareas y gozamos como suicidas los
segundos y los silencios. Es lo que viaja en nuestras miradas… esa leve
sensación de aislamiento de la locura colectiva, ese cotidiano silbido de estas
balas de nube cargadas de amor que riegan sus esquirlas en tu sonrisa y en mi
calma. Es probable que no seamos especiales, pero sí es seguro que somos
únicos. Tú, en tu necesidad vital de congelar el desgaste; yo, en mi estúpida
afición a las piedras que ruedan cuesta abajo. Únicos en la forma de rozar
(nos), de mirar (nos), de tejer lazos invisibles para el resto de los insomnes.
El día se queda corto cuando es para nosotros y, sin
embargo, congela las agujas cuando sabe que no podemos sentarnos para permitir
que tu rostro descanse en mi pecho, cuando caminamos para que mi mano se
refugie en el molde a medida de tu cadera. Los segundos y los silencios. Las
conversas y el infinito. Ese es nuestro territorio. Ese es el que defenderemos.
7/8/13
Los lugares, los sueños
Cargamos los lugares como sostenemos los huesos. En realidad, los construimos como pesado lastre que a veces, ingrávido, nos proporciona vuelos para los cuales nuestras alas practican torpemente. Solemos poner excusas: aquí no respiro, dicen unas; faltan horizontes en esta acuarela, se lamentan otros; dónde están las primaveras en esta manigua torpe... Cargamos los lugares como vendemos nuestros sueños. Serios, convencidos de lo trascendente, cargados de una autoridad ausente, transitamos por esos lugares dispuestos a dejar una marca que durará lo que la cadencia de la marea del tiempo se demore. Los sueños, sin embargo, nos suelen ser ausentes, por eso los vendemos tan fácil. Acantonados en los pliegues de la inconsciencia, los sueños se muestran ajenos al despertar, nos despegamos de ellos antes de haber sido ellos, no los ubicamos en lugares (re) conocidos y olvidamos el tierno y brutal sonido de su voz.
Cargamos los lugares. Sólo eso. Y, a veces, somos felices.
Cargamos los lugares. Sólo eso. Y, a veces, somos felices.
11/6/13
El ropero de los impotentes
Los impotentes gozan de ejercer el poder. Parece lógico este torpe recurso para los que -sólo alzados sobre el pedestal de la falsa autoridad- logran parecer ser cuando sólo esperan que les dejen serlo.
Multan, golpean, presionan, mienten, ejecutan, ocultan, mienten hasta creerse sus mentiras.
Uno podrá instalarse en el teatrillo de la vida a observarlos y reírse de ellos. Solo eso. Una risa sarcástica que los sacara de quicio, que los enloqueciera por su capacidad de ignorarlos desde el desprecio. Pero no es así. No es así, porque sus zarpazos van contra nosotros, nos rasgan el alma que antes hemos descubierto para entregarla a la humanidad.
Hace unos días, una mUjer, de sonrisa tan tierna como convincente, nos contaba como la lucha por lo justo, la pelea desde la dignidad, le había "devuelto la vida". Somos más cuando somos con los otros; crecemos cuando nos olvidamos de las pequeñas necesidades del día a día, incluso de las inmensas angustias de la exclusión o del olvido, para convertirnos en parte de un todo más grande que busca y grita justicia.
Los impotentes están solos. Solos en sus desproporcionados despachos diseñados para su desproporcionada ambición; solos en el reino de los argumentos; solos en su miserable éxito, en su fracaso vital. Nosotros, nosotras, contenemos multitudes, nos tenemos las unas a los otros, sabemos que nuestras contradicciones son tan naturales como la sangre que brota tras el tenaz golpe del represor, que nuestras convicciones son más resistentes al tiempo que las impotentes multas y sanciones de los impotentes.
Los impotentes nunca serán mirados con admiración por sus vecinos, ni siquiera por sus hijas o parejas. Los miran con envidia, con temor, con sumisión. No con admiración. Yo, hoy, cuando nos llueve tanto desde los despachos blindados de estos cabrones, quiero hacer público que admiro a mis hermanas y hermanos de lucha vital, que los respeto, que soy ellos para ser yo. Estén en la Comarca, en los ríos fronterizos de los mapas que conozco, en las organizaciones que -sigilosas- cimentan el futuro, en la ciudad cercana del presente que es nuestro... ellos -yo, pues- son la digna resistencia que desnuda al impotente y muestra la futilidad de su ropero de (re) presiones.
Multan, golpean, presionan, mienten, ejecutan, ocultan, mienten hasta creerse sus mentiras.
Uno podrá instalarse en el teatrillo de la vida a observarlos y reírse de ellos. Solo eso. Una risa sarcástica que los sacara de quicio, que los enloqueciera por su capacidad de ignorarlos desde el desprecio. Pero no es así. No es así, porque sus zarpazos van contra nosotros, nos rasgan el alma que antes hemos descubierto para entregarla a la humanidad.
Hace unos días, una mUjer, de sonrisa tan tierna como convincente, nos contaba como la lucha por lo justo, la pelea desde la dignidad, le había "devuelto la vida". Somos más cuando somos con los otros; crecemos cuando nos olvidamos de las pequeñas necesidades del día a día, incluso de las inmensas angustias de la exclusión o del olvido, para convertirnos en parte de un todo más grande que busca y grita justicia.
Los impotentes están solos. Solos en sus desproporcionados despachos diseñados para su desproporcionada ambición; solos en el reino de los argumentos; solos en su miserable éxito, en su fracaso vital. Nosotros, nosotras, contenemos multitudes, nos tenemos las unas a los otros, sabemos que nuestras contradicciones son tan naturales como la sangre que brota tras el tenaz golpe del represor, que nuestras convicciones son más resistentes al tiempo que las impotentes multas y sanciones de los impotentes.
Los impotentes nunca serán mirados con admiración por sus vecinos, ni siquiera por sus hijas o parejas. Los miran con envidia, con temor, con sumisión. No con admiración. Yo, hoy, cuando nos llueve tanto desde los despachos blindados de estos cabrones, quiero hacer público que admiro a mis hermanas y hermanos de lucha vital, que los respeto, que soy ellos para ser yo. Estén en la Comarca, en los ríos fronterizos de los mapas que conozco, en las organizaciones que -sigilosas- cimentan el futuro, en la ciudad cercana del presente que es nuestro... ellos -yo, pues- son la digna resistencia que desnuda al impotente y muestra la futilidad de su ropero de (re) presiones.
La pluma
La pluma juega con mi vientre. Cuando está dichosa, suele encaramarse sobre mi, acaricia con sus bárbulas con huellas mi torso encalado por el tiempo. Su liviandad ocupa todo el espacio. La miro juguetear. Hay alguna lágrima que pide abismo. Mejor sonrío. Me recompongo y trato de sujetar a la pluma con mis manos. La verdad es que se deja... se deja rozar, contonea su cálamo adolorido con la alegría de quien en su interior siente la savia de la libertad y,
como
distraída,
deja que yo atrape el contorno de su alma sin vergüenza.
La pluma se hizo pluma al mismo tiempo que yo me hice agua. El mismo día en que yo encontré el cauce para ser caudal que fluye en vez de avenida tormentosa. Mi camino ayuda la pluma a suspenderse con referentes; su liviandad me permite huir sin mapa de la lacerante gravedad que domina en este planeta anémico ocupado por seres esperpénticos.
como
distraída,
deja que yo atrape el contorno de su alma sin vergüenza.
La pluma se hizo pluma al mismo tiempo que yo me hice agua. El mismo día en que yo encontré el cauce para ser caudal que fluye en vez de avenida tormentosa. Mi camino ayuda la pluma a suspenderse con referentes; su liviandad me permite huir sin mapa de la lacerante gravedad que domina en este planeta anémico ocupado por seres esperpénticos.
17/5/13
Una terca resistencia a la tristeza
Hay mil razones para encerrar la sonrisa en la última gaveta de la memoria. Las hay. Son todas viscosas, pegajosas, porfiadas, sofocantes, ladillas de realidad que posan sus liendres en los recodos sudorosos del día a día. Un sistema zafio, unas formas de trabajo des-almadas, unas relaciones tendentes a la vacuidad que pueden esterilizar las mejores de las energías.
Conozco cada una de esas razones. Las he vivido, sufrido, escupido, agitado... sin remedio, sin descanso. Pero, mi bien, es la vida la que contrarresta ese bombardeo de lastre con momentos hermosos en los que refugiarse, en donde re-almarse, en los que reencontrar la sonrisa esquiva, la emoción limpia, el trémulo cambio de piel que todos anhelamos. Después de haber paseado varias veces por el desierto, me atrevo a decirte que, existiendo mil razones para el hastío, no hay razón para rendirse. No hay razón, y no hay opción. Ante la ladilla descorazonadora, la ladilla de la convicción, de la terca resistencia a la tristeza, de la alegría infinita de compartir contigo los minutos, los alientos, las miradas. Ante los rotundos decretos de la aflicción, la imprescindible conexión con el poder reparador de la alegría rebelde, del compartir don los otros lo bueno que reside, aún, aún reside, en los seres humanos, en los empeños colectivos de quienes, en franca minoría, no se resisten a perecer.
Si te sirve... te ofrezco mi alma contenta, mi fácil torpeza cotidiana, mi abrazo de manta de viaje, mi seguridad en este presente azaroso, mi negativa a enfangarme en el futuro incierto.
Conozco cada una de esas razones. Las he vivido, sufrido, escupido, agitado... sin remedio, sin descanso. Pero, mi bien, es la vida la que contrarresta ese bombardeo de lastre con momentos hermosos en los que refugiarse, en donde re-almarse, en los que reencontrar la sonrisa esquiva, la emoción limpia, el trémulo cambio de piel que todos anhelamos. Después de haber paseado varias veces por el desierto, me atrevo a decirte que, existiendo mil razones para el hastío, no hay razón para rendirse. No hay razón, y no hay opción. Ante la ladilla descorazonadora, la ladilla de la convicción, de la terca resistencia a la tristeza, de la alegría infinita de compartir contigo los minutos, los alientos, las miradas. Ante los rotundos decretos de la aflicción, la imprescindible conexión con el poder reparador de la alegría rebelde, del compartir don los otros lo bueno que reside, aún, aún reside, en los seres humanos, en los empeños colectivos de quienes, en franca minoría, no se resisten a perecer.
Si te sirve... te ofrezco mi alma contenta, mi fácil torpeza cotidiana, mi abrazo de manta de viaje, mi seguridad en este presente azaroso, mi negativa a enfangarme en el futuro incierto.
10/5/13
Pesos y liviandades
Qué cabrón esto de andar con la balanza. Cuando vemos, cuando sabemos, medimos los esfuerzos y las injusticias, los tanteos y las trincheras. "Conviene que no sea muy profunda para sacar la cabeza; sería inteligente que no sea muy larga para que no se convierta en una fosa común cargada de anhelos". La trinchera en la que nos jugamos esta vida, amor, está construida de lucidez, pero no evita ni los disparos ni las servidumbres.
Tu y yo logramos arrumar sacos cargados de caricias, de miradas cómplices, para soportar los embates de este sistema tan poco humano de vivir. El molusco viscoso de trabajo trata de agarrarse a tu espalda para hacerla vencer, mientras yo la apuntalo con el contundente aliento de mis huellas. Las sombras del dolor hacen todo lo posible por ajar la solidez de mi [buen] humor, por convencerme de que no tiene sentido seguir sembrando en estos bancales cansados de heladas provocadas y de sequías calentadas en las aulas de la obediencia. Lo logramos, logramos rearmarnos, logramos alentarnos con los alientos propios y las fuerzas contagiosas de los locos que han escapado de las camisas de fuerza que regalan en los centros comerciales. Vamos juntos, estos pesos no pueden con la liviandad de estas alas que tejemos al abrir los párpados a la vida.
Tu y yo logramos arrumar sacos cargados de caricias, de miradas cómplices, para soportar los embates de este sistema tan poco humano de vivir. El molusco viscoso de trabajo trata de agarrarse a tu espalda para hacerla vencer, mientras yo la apuntalo con el contundente aliento de mis huellas. Las sombras del dolor hacen todo lo posible por ajar la solidez de mi [buen] humor, por convencerme de que no tiene sentido seguir sembrando en estos bancales cansados de heladas provocadas y de sequías calentadas en las aulas de la obediencia. Lo logramos, logramos rearmarnos, logramos alentarnos con los alientos propios y las fuerzas contagiosas de los locos que han escapado de las camisas de fuerza que regalan en los centros comerciales. Vamos juntos, estos pesos no pueden con la liviandad de estas alas que tejemos al abrir los párpados a la vida.
1/5/13
El puente
Claro... no es lo mismo construir un puente para salvarse, que levantar uno para compartir. No es lo mismo poner bloque a bloque con el agua al cuello, que desde la calidez y la seguridad que da tu voz, tus manos, tu inverosímil capacidad de sacar lo mejor de mi.
Desde ahí, con vocación campesina, estamos construyendo un puente con semillas. Acá plantamos ideas rebeldes, allá acomodamos simiente de convicción, junto a ellas ponemos las que van preñadas de alternativas. Las cubrimos con un paraguas al que le pusimos nombre y las compartimos con los conocidos por conocer, esa gente que a ti y a mi nos hace recuperar la confianza en la especie o, al menos, no perderla del todo.
Construir el puente es sólo la consecuencia directa de este amor que deja todo el espacio para anudar otros lazos porque -y aquí está la clave- no hay construcción colectiva vigorosa que no parta de una cabaña repleta de energía, de fuerza anclada en tus abrazos, en los míos, en las palabras que intercambiamos en la distancia inexistente de nuestros labios, en la ternura apasionada que nos conmueve.
Desde ahí, con vocación campesina, estamos construyendo un puente con semillas. Acá plantamos ideas rebeldes, allá acomodamos simiente de convicción, junto a ellas ponemos las que van preñadas de alternativas. Las cubrimos con un paraguas al que le pusimos nombre y las compartimos con los conocidos por conocer, esa gente que a ti y a mi nos hace recuperar la confianza en la especie o, al menos, no perderla del todo.
Construir el puente es sólo la consecuencia directa de este amor que deja todo el espacio para anudar otros lazos porque -y aquí está la clave- no hay construcción colectiva vigorosa que no parta de una cabaña repleta de energía, de fuerza anclada en tus abrazos, en los míos, en las palabras que intercambiamos en la distancia inexistente de nuestros labios, en la ternura apasionada que nos conmueve.
6/2/13
Mi regalo
Esto de ser afortunado conlleva una responsabilidad única. Cada mañana, impulsado por el deber ineludible del cumplesueños, abro mi regalo con sutileza. Es delicado, no permite zarandeos excesivos a esas horas en la que fuera, en el temporal de la realidad, el viento ulula desacompasado. Por eso, susurrando el enigma conjugado en sortilegio, deshago el lazo de labios que lo anuncia; retiro la fina capa de piel que lo protege; miro con la curiosidad de un niño que descubre la exitencia de lo mágico, y me dedico a jugar sonriente con la novedad reeditada del amor.
La responsabilidad no me supera. La disfruto con la irresponabilidad de quien, decidido a vivir sin cortapisas, se permite tanta felicidad como tristeza. A veces, mi regalo lleva la ginda de la permanencia, de un no salir que es salir al mundo de lo bello, de lo necesario, de lo imprescindible. Siempre, todos los días, mi regalo es cercano, cálido, inteligente, original, hermoso por dentro y por fuera. Lo único malo de esta fortuna es que me he acostumbrado a la sorpresa y al goce, que un cumpleaños ya no es más que una fecha más en el calendario, que yo, consciente de que la vida ha decidido cosas más constantes que una velas mortecinas, ya no me conformo con nada ni con nadie que no se acerque a este cumplesueños infinito.
Gracias por regalarme todo, gracias por hacerme alguien, gracias por tu ensoñiscada sonrisa única de la mañana.
La responsabilidad no me supera. La disfruto con la irresponabilidad de quien, decidido a vivir sin cortapisas, se permite tanta felicidad como tristeza. A veces, mi regalo lleva la ginda de la permanencia, de un no salir que es salir al mundo de lo bello, de lo necesario, de lo imprescindible. Siempre, todos los días, mi regalo es cercano, cálido, inteligente, original, hermoso por dentro y por fuera. Lo único malo de esta fortuna es que me he acostumbrado a la sorpresa y al goce, que un cumpleaños ya no es más que una fecha más en el calendario, que yo, consciente de que la vida ha decidido cosas más constantes que una velas mortecinas, ya no me conformo con nada ni con nadie que no se acerque a este cumplesueños infinito.
Gracias por regalarme todo, gracias por hacerme alguien, gracias por tu ensoñiscada sonrisa única de la mañana.
31/12/12
Mascarada
Hay algo de mascarada que me molesta y me
molesta estar molesto. Hay algo de falsedad en los buenos deseos en los que
nadie trabaja; hay algo de tristeza en tanto grito, en tanta pólvora, en tanto
ritual vacío. Los hay llenos. No hay duda. Amig@s que unen sus almas en un día excusa
para el parteaguas; comunidades que se reúnen alrededor de guirnaldas tejidas
en el tiempo; pueblos que no beben ni comen en exceso sino que sueñan sin límite…
Me temo que no es la mayoría.
Hoy, cuando mi cuerpo me falla y cuando
mis anhelos no encuentran la alfombra roja, me aferro a lo que soy, a lo que
tengo. Tengo la felicidad que no precisa de tiempo, y el amor que no sabe de
fechas. Soy –o trato de ser- honesto con mis limitaciones e irreal en mis
aspiraciones. Aspiro a sonreír sin tener; a tener sin poseer, y a compartir
para tener. Eso me ocurre todos los días, no hoy. No especialmente hoy. Así
que, ajeno a las emociones masivas, solo espero caminar entre los restos de las
fiestas con las mismas dudas de las jornadas laborales en las que no trabajo.
A los que quieren quemar la vida, sólo un consejo: hay alegrías que no se beben y emociones que acontecen tras el estruendo de las masas. Hay sentidos que aún no conocemos y realidades que no desfilan en la televisión. Por tanto, una invitación a quemarla lentamente, sin la ansiedad del viernes noches y con la calma del nuevo jueves. La buena noticia, como escribía ayer el subco, es que "aquí estamos, existiendo". Y eso, sólo se hace sin máscaras.
5/11/12
Las hojas de esta vida
Colecciono hojas llenas de vida. Las reúno con cuidado, de forma meticulosa. No me cuesta esfuerzo. Esta vida tan vivida da mucho juego, me regala palabras que brotan sin necesidad de partos o esperas. Al entregártelas, se reedita la vida. Vuelve a cobrar sentido lo que ya tiene y en ese (re) sentido hallo la fuerza necesaria para encarar los huracanes.
Espero que las nuevas hojas viejas te hayan confirmado el tiempo que te entrego; las noches que te esperan; las caricias generosas en las que no hay dudas. En el cuarto vuelvo a encerrarme en este universo contigo para abrirme a lo único que siento que me sale bien: quererte.
Espero que las nuevas hojas viejas te hayan confirmado el tiempo que te entrego; las noches que te esperan; las caricias generosas en las que no hay dudas. En el cuarto vuelvo a encerrarme en este universo contigo para abrirme a lo único que siento que me sale bien: quererte.
24/10/12
Estado de excepción
Hoy voy a firmar unos cuantos decretos.
Me he otorgado poderes excepcionales para legislar sin razón y para sentir sin limitación.
El primero tendrá que ver con nosotros,
por supuesto. Determinará con exactitud nuestra obligación de dedicarnos en
cuerpo y alma a nuestros cuerpos y almas, el ineludible deber de ser lo que
somos dejando como víctimas, únicamente, al tedio y a las tentaciones de rendición.
El segundo es probable que se centre en
el paréntesis obligatorio en el que deberán entrar rutinas y horarios, empleos
y estupideces. El tiempo no puede consumir en asuntos tan insignificantes para
el ser humano como producir o triunfar. Claro está que esos asuntos fútiles son
de extrema utilidad para poderosos y religiosos de la mentira, pero como
presidente plenipotenciario los mando al carajo y decreto la libertad
incondicional para trabajadoras, putos y desempleados, les concedo el subsidio
del afecto y la fraternidad y los condeno a cagarse de la risa cada vez que vean
un empresario buscando carnaza para sus factorías de dolor.
Estoy pensando el tercer decreto pero,
mientras lo defino, me voy a concentrar en tus ojos, en tu voz, en meterme tan
dentro de ti que la oposición, siempre dispuesta a amargarnos la fiesta, no me
pueda encontrar.
Divúlguese y cúmplase (o no)
20/10/12
Esta abrumadora ausencia
Tanta gente y tan poca alma. Tanta gente
y tanta alma luchando para que algún día esa gente sea gente. Tanta gente y yo
sólo pienso en vos.
Lejos de tu piel, huérfano de aliento,
vuelvo a ser el caminante que recorrió los páramos para cosechar tu amor en la
manigua. Ahora, estos días, plagados de mentiras a medias y de sueños
completos, de horas con 60 minutos enajenados, robados a la imprescindible
tarea de amarte, estos días de pausa en el sentido engo que concentrarme en
seguir respirando con esta garganta partida, desde estos pulmones sucios de
realidad. No te negaré que un par de minutos poder sentir el aliento del pueblo
organizado, concienciado, consciente, en lucha, han compensado esta estupidez
de la distancia. Luego, miro a mi alrededor, veo los cuerpos falsos convencidos
de que sólo con máscaras hay posibilidades en el paraíso, palpo la mentira
vulgar que condena a mujeres a ser esas mujeres y a taxistas a soñar con ser
pequeños mafiosos…. entonces me aferro a ti, me concentro en tu olor, en la delicada
textura con la que me arrullas, en el sonido de tu voz cuando está preñada de la
fuerza de la vida, re-construyo los pasos que hemos dado juntos y diseño
algunos de los que seguro nos quedan por dar.
Lejos de tu piel, huérfano de esperanzas ante
la implacable lentitud de los tiempos, me aferro a la única brújula que sabe la
ruta para abrazarte en silencio y recuperar esta voz que, a veces, solo a
veces, pierdo en el camino, rodeado de gente, de ruido, de gente, de tu
abrumadora ausencia.
26/9/12
Contracrónica del 25S desde la rabia, la tristeza y la convicción
Partamos de la base que ayer no se
trataba de rodear el congreso, sino de algo mucho más revolucionario: saltar la
barricada del miedo. Eso es lo que hace todos los días: meternos miedo. Miedo a
perder las cosas que antes nos convencieron de poseer, miedo a la
desprotección, miedo a la violencia estructural, miedo a los terroristas, miedo
al aire, miedo a nosotros mismos…
24/9/12
La espalda doblada
En realidad lo de la espalda es pura precariedad... ¿cómo aguantar tanta carne, tanto músculo inutilizado, tanto dolor y tensiones con esa pobre estructura que mantiene en un equilibrio precario los pernos de la vida?
Yo la levanto cada mañana y aunque no es a mi a quien le duele trato de absorber el tuyo, de diluirlo en mi fortaleza aparente para aguantar el siguiente envión. Cuando no funciona el remedio, beso uno a uno los poros que dibujan el mapa de tu espalda, esa que sólo lleva a cipangos reales en donde la riqueza se mide en labios rozados, en párpados dignos, en la tranquila escucha que alimenta.
La espalda doblada, el signo de nuestro tiempo de esclavitudes suaves, de estupidez envasada en sentido común, de sentidos vacíos de todo lo común para llenar su opulencia de individuos aislados como islas sin aforo para más de una palmera y un egoísmo a prueba de tsunamis.
La espalda doblada es justo lo que no nos podemos permitir. Los dos, juntos, armados de la complicidad que nos amarra desde la primera mirada, levantaremos la del otro, recoseremos la frágil estructura con el tejido sutil de las almas limpias, con la dignidad de aquellas que nos enseñan y nos inspiran...
Yo la levanto cada mañana y aunque no es a mi a quien le duele trato de absorber el tuyo, de diluirlo en mi fortaleza aparente para aguantar el siguiente envión. Cuando no funciona el remedio, beso uno a uno los poros que dibujan el mapa de tu espalda, esa que sólo lleva a cipangos reales en donde la riqueza se mide en labios rozados, en párpados dignos, en la tranquila escucha que alimenta.
La espalda doblada, el signo de nuestro tiempo de esclavitudes suaves, de estupidez envasada en sentido común, de sentidos vacíos de todo lo común para llenar su opulencia de individuos aislados como islas sin aforo para más de una palmera y un egoísmo a prueba de tsunamis.
La espalda doblada es justo lo que no nos podemos permitir. Los dos, juntos, armados de la complicidad que nos amarra desde la primera mirada, levantaremos la del otro, recoseremos la frágil estructura con el tejido sutil de las almas limpias, con la dignidad de aquellas que nos enseñan y nos inspiran...
23/9/12
España: el Estado contra el pueblo
Es cierto que el Estado-Nación occidental fue ideado para controlar y para ejercer la coerción desde su monopolio. Un monopolio ideado bajo un engaño fundacional que se convirtió en verdad absoluta anti absolutista (decían): que esa autoridad sin competencia se basaba en un contrato social que nadie firmó jamás entre la sociedad y sus "representantes".
Por eso no le podemos pedir mucho al Estado. Aunque esos estados fueron los que llevaron a Europa a dos guerras "mundiales" (aunque fueran básicamente la escenificación de las luchas de ese continente), con la creación de la ONU, esos estados y sus propagandistas nos convencieron de que estaban para protegernos y para fomentar algo tan ridículo como los derechos humanos. Es decir, cuando tienes que poner en un papel lo obvio y comprometerte a cumplirlo es que no tienes ninguna intención de cumplirlo.
Al igual que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las Constituciones ordenan en el papel lo que la justicia social más básica determina. Pero lo hace con trampas: mezcla lo fundamental con lo superfluo y, ante todo, le da todo el poder a los políticos para "desarrollar" los artículos infantiles que llenan la Carta Magna.
Así que... ¿por qué asustarse de la actitud del Estado español con su pueblo? En realidad nunca lo ha respetado. Ni cuando masacró a los obreros de Vitoria en la pre-transición a la autodenominada democracia, ni cuando creo escuadrones de la muerte y le puso siglas (GAL), ni cuando se pone en lugar privilegiado en las listas de exportadores de armas...
En España no se pregunta jamás a los ciudadanos por su opinión ante las decisiones fundamentales que afectan a todas y todos los que residen en este Estado y se presume de tener un marco constitucional democrático que permite el disenso. Hasta que amenaza al establecimiento, claro está.
El 99% de los españoles no conoce su Constitución y, por tanto, es imposible que conozcamos la Ley Penal o los reglamentos que van tejiendo una red de protección para financieros y poderosos.
Por eso es interesante lo que está pasando alrededor de la convocatoria del 25S que llama a la ciudadanía a rodear el Congreso de los Diputados. Repito: rodear, no asaltar, no incendiar, no tomárselo (aunque razones no faltan para cualquiera de esas tres alternativas). El Estado ha reaccionado criminalizando a algunas de las personas organizadoras, anunciando un despliegue policial sin precedentes, hablando de golpe de Estado e intimidando a aquellas personas que participan en asambleas o reuniones abiertas sobre el 25S.
Yo no soy de los que pienso en el 25S como un parteaguas de la realidad en el estado español. No será sino uno de los happenings sociales de precalentamiento antes de la aparición de una propuesta política más madura y transfromadora. Pero sí es cierto que el 25S era un paso más arriesgado que las convocatorias de flores y amor planteadas por el 15M. La calle es un espacio de lucha, pero es la política el espacio de transformación.
Lo que ya ha conseguido esta convocatoria es mostrar la cara más represora de un Estado que está en contra de su pueblo, no sólo por las medidas políticas que adopta sino por la represión de cualquier tipo de disenso. El problema, como es habitual, es que los grandes medios de comunicación han mantenido un vergonzoso silencio informativo sobre el hostigamiento y criminalización del 25S antes incluso de que acontezca. Algún día los ciudadanos, con los ojos abiertos y más politizados, pasarán la cuenta a esos medios. Algún día el Estado, este modelo de Estado, habrá sido superado. Pero para eso habrá que trabajar mucho. Y no solo en las calles.
Por eso no le podemos pedir mucho al Estado. Aunque esos estados fueron los que llevaron a Europa a dos guerras "mundiales" (aunque fueran básicamente la escenificación de las luchas de ese continente), con la creación de la ONU, esos estados y sus propagandistas nos convencieron de que estaban para protegernos y para fomentar algo tan ridículo como los derechos humanos. Es decir, cuando tienes que poner en un papel lo obvio y comprometerte a cumplirlo es que no tienes ninguna intención de cumplirlo.
Al igual que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las Constituciones ordenan en el papel lo que la justicia social más básica determina. Pero lo hace con trampas: mezcla lo fundamental con lo superfluo y, ante todo, le da todo el poder a los políticos para "desarrollar" los artículos infantiles que llenan la Carta Magna.
Así que... ¿por qué asustarse de la actitud del Estado español con su pueblo? En realidad nunca lo ha respetado. Ni cuando masacró a los obreros de Vitoria en la pre-transición a la autodenominada democracia, ni cuando creo escuadrones de la muerte y le puso siglas (GAL), ni cuando se pone en lugar privilegiado en las listas de exportadores de armas...
En España no se pregunta jamás a los ciudadanos por su opinión ante las decisiones fundamentales que afectan a todas y todos los que residen en este Estado y se presume de tener un marco constitucional democrático que permite el disenso. Hasta que amenaza al establecimiento, claro está.
El 99% de los españoles no conoce su Constitución y, por tanto, es imposible que conozcamos la Ley Penal o los reglamentos que van tejiendo una red de protección para financieros y poderosos.
Por eso es interesante lo que está pasando alrededor de la convocatoria del 25S que llama a la ciudadanía a rodear el Congreso de los Diputados. Repito: rodear, no asaltar, no incendiar, no tomárselo (aunque razones no faltan para cualquiera de esas tres alternativas). El Estado ha reaccionado criminalizando a algunas de las personas organizadoras, anunciando un despliegue policial sin precedentes, hablando de golpe de Estado e intimidando a aquellas personas que participan en asambleas o reuniones abiertas sobre el 25S.
Yo no soy de los que pienso en el 25S como un parteaguas de la realidad en el estado español. No será sino uno de los happenings sociales de precalentamiento antes de la aparición de una propuesta política más madura y transfromadora. Pero sí es cierto que el 25S era un paso más arriesgado que las convocatorias de flores y amor planteadas por el 15M. La calle es un espacio de lucha, pero es la política el espacio de transformación.
Lo que ya ha conseguido esta convocatoria es mostrar la cara más represora de un Estado que está en contra de su pueblo, no sólo por las medidas políticas que adopta sino por la represión de cualquier tipo de disenso. El problema, como es habitual, es que los grandes medios de comunicación han mantenido un vergonzoso silencio informativo sobre el hostigamiento y criminalización del 25S antes incluso de que acontezca. Algún día los ciudadanos, con los ojos abiertos y más politizados, pasarán la cuenta a esos medios. Algún día el Estado, este modelo de Estado, habrá sido superado. Pero para eso habrá que trabajar mucho. Y no solo en las calles.
25/8/12
Va a ser esto...
Me parece entender que lo que nos estamos
jugando en Siria es algo así como la tercera guerra mundial de baja intensidad…
Intuyo que el golpe de estado financiero
en el Norte va a dejar millones de víctimas tan alienadas que no levantarán la
voz para exigir sus derechos…
Aprendo en Estados Unidos que hay
violaciones buenas y violaciones malas y que las mujeres que sí saben bloquean
sus cuerpos de forma espontánea ante los espermatozoides de un cabrón violador…
Me huele que lo de Grecia es una venganza
de los dioses contra Platón por aquello de negar el mundo de las sensaciones y
condenarnos a la puta razón. Ahora, son razones de Estado las que le imponen a
los griegos para condenarlos a no sentir ni el hambre…
No sé cómo interpretar la derretida
temporada en el Ártico, la muerte de los bosques, el que hayamos tenido que
pedir una hipoteca ambiental para seguir respirando…
Y yo, mientras, con esta piel conmovida…
Y en mi, todo es nascencia no planificada…
Y a mi alrededor… se conmueve el planeta
de placer y alados pétalos de aliento…
Y es que, a mi, se me escapa esta
sonrisilla cada vez que pienso en vos y se me duplica el alma cada vez que
estoy en vos…
Va a ser eso…
La violencia legal y la trampa de las palabras
(Publicado el día 25 de agosto en la sección de opinión de El Diario Montañés)
Los ciudadanos estamos sometidos a
múltiples trampas. Demasiadas. Las más peligrosas parten del uso torticero que
se le da a las palabras y a los conceptos. En Occidente somos presos de nuestros
propios inventos. Uno de los más perversos es del “contrato social”. La idea, nacida
en pleno siglo XVII, se le ocurrió por primera vez a Hobbes, pero ahora
tertulianos y políticos siguen hablando del “contrato social” como si cada
recién nacido untara su dedo en tinta y rubricara un documento notarial con los
términos del acuerdo. Fíjense que el contrato social, que Rousseau maquilló
para hacerlo parecer como “voluntario”, es la fórmula que encontró el bueno –y fan del
absolutismo- de Hobbes para obligar a los ciudadanos a renunciar a su “libertad
natural”. Con el tiempo mejoró la
teoría para hacerla más digerible hasta que John Rawls dejó claro ya en
el siglo XX que para que el contrato funcione es imprescindible “un velo de
ignorancia” en las masas que lo aceptan sin rechistar.
Las palabras las carga el diablo y el
diablo de la democracia capitalista occidental cargó el “contrato social” para
jugar a la ficción del acuerdo, de la coerción consentida, de la delegación de
la única violencia legítima en el Estado. ¿Qué ocurre, por ejemplo, cuando el
Estado es ilegítimo, cuando lo controlan fuerzas que nada tienen que ver con la
representación política, cuando estamos sometidos a la tiranía financiera y a
la angurria empresarial…?
Las palabras las cargan los diablos del
poder y son luego sembradas impunemente por los jornaleros de la
“socialización” desde los medios de comunicación, las escuelas, los púlpitos y
los entornos familiares. El “miedo” a la ley (que no respeto), la “resignación”
ante las leyes injustas (que no la aceptación), el “conformismo” ante los
designios de la vida (que parte de la indolencia inducida)… Las palabras en sí
no son peligrosas. Lo dañino es el uso de ellas.
Uno de los ejemplos más evidentes es el
de “democracia”. Los portavoces de el poder han elevado este palabro al altar
de lo sagrado e intocable pero le han quitado intencionalmente todos los
apellidos. Se puede tener una democracia representativa o una democracia
directa, una democracia electoral o una democracia participativa, se opta por
la democracia capitalista o por la democracia comunitaria, por la democracia
monárquica o por la republicana y, por si fuera esto poco, se pueden combinar
varias de estas formas para llegar a la deseada.
La palabra “democracia” sin apellidos no
quiere decir nada. Pero los medios del poder han convertido a esas 10 letras en
la línea roja de la crítica: no se puede cuestionar. Tampoco se puede hacer un
análisis crítico de las leyes que nos rigen; leyes que, por cierto, redactan
los mismos políticos que luego van a la cárcel por corruptos o pasan a la
galería del olvido por su falta de brillantez. Por eso el “contrato social” es
líquido… depende de la volunta de una sola de las partes contratantes y los
jueces, por tanto, no son seres magnánimos y justos, sino aplicadores
racionales de unas leyes que ni ellos han hecho ni tiene por qué ser justas.
En este juego de las trampas semánticas,
los que controlan la partida suelen calificar de demagogos a los que utilizan
otras palabras, como “justicia”, “equidad”, “solidaridad”, “horizontalidad” o
“participación”. Cuando se nos ocurre exigir “derechos”, en seguida sacan la
batería de “deberes”; cuando planteamos una mejora de la sacrosanta
“Constitución”, se nos recuerda que es la base intocable del “contrato social”;
si cuestionamos el “enriquecimiento” de unos pocos, nos hablan de la “creación
de valor” y nos llaman “holgazanes”; si pedimos “participar” en las decisiones
clave sobre nuestro futuro, nos remiten al “derecho a voto” (el único que jamás
nos quitarán mientras puedan manipularlo).
No es que las palabras viciadas puedan
triunfar por sí mismas. Para posicionarlas y garantizar su hegemonía se utiliza
una violencia sin sangre que provoca más víctimas que una guerra pero que hace
menos ruido que una pistola con silenciador. Se indignan pues ante la
expropiación de cuatro bolsas de lentejas en un supermercado, pero no ante el
robo a mano bancaria de las preferentes; consideran que los “antisistema” (otro
palabro de moda) son violentos desde que cruzan el umbral de su casa, pero les
parece “democrático” y “proporcional” impedir el acceso de los ciudadanos al
parlamento que supuestamente les “representa” y dispersarlos con bombas
lacrimógenas, bolas de goma y una considerable dosis de mala leche aplicada por
otros trabajadores sin derechos que se llaman policías.
La violencia física es espectacular,
mediática, utilizable. No hay más que ver algunas portadas de algún periódico
de circulación nacional gratuita dominical para comprobarlo. Pero la violencia
estructural, más discreta aparentemente, tiene consecuencias más duraderas,
profundas y dañinas. La exclusión, la educación de mala calidad, la denegación
de atención sanitaria, el déficit democrático participativo, la soberbia de los
gobernantes, la violencia económica, la estigmatización de jóvenes o de
inmigrantes, las mentiras repetidas por aquellos que supuestamente nos
representan…. eso vende poco pero acontece todos los días.
El gran éxito de este sistema tramposo
sobre el que descansa el poder de unos cuentos en toda Europa o en Estados
Unidos es que una gran masa de ciudadanos se han convertido en “defensores
voluntarios” del delirio y de la violencia estructural. Al igual que en tiempos
de dictadura o de gobiernos absolutistas, sólo sufren las peores consecuencias
los que ven al emperador desnudo. A ellos les debemos agradecimiento, aunque
ahora no nos demos cuenta. Son el único contrapeso a la violencia sin sangre
que se ensaña con ellos y les deja en sus cuerpos cicatrices reales. El resto,
se quedan viendo los estériles debates en las televisiones talibanes, protegen sus tristes ahorros con uñas y dientes, tienen
pánico al caos que las masas incultas y pobre pueden provocar y, por eso, le apuestan a que los políticos -a los
que tanto critican- y la policía –en la que delegan gustosos el uso de la
violencia oficial- hagan el trabajo sucio.
24/8/12
Las medidas que nunca se adoptarán
Vamos a contar imposibles. Al menos,
imposibles con este sistema político económico sostenido por dos partidos
políticos tan crimi-institucionales como los dos principales sindicatos del
país. Hoy es viernes y... ya saben, en España, los viernes se adoptan "paquetes" de medidas para salvarnos de la ruina y hundirnos en la indignidad.
En este país de binomios, yo me pongo chulito y me quedo con el número cinco: cinco paquetes de medidas lógicas si
se cree en el Estado del Bienestar (no digo que yo crea en este modelo
socialdemócrata descafeinado) y que deberían servir para mejorar la gestión,
las cuentas y la decencia pública. Hay muchas más propuestas, éstas son solo un
ejemplo; si quieren conocer el resto, hagamos una Constituyente Plural y así
las discutimos ¿les parece?
Aclaración
previa: en un Estado del Bienestar todas y todos los ciudadanos pagan sus
impuestos y el Estado les garantiza el ejercicio de una serie de derechos (que
NO servicios). Si renuncian a ejercerlo desde lo público y optan por lo privado
es SU problema… los impuestos los deberán seguir pagando.
1
/ SALUD. Es fácil. Los médicos que ejerzan en el sistema público y que
devenguen un salario JUSTO del Estado no podrán participar del sistema privado.
Al igual, los ciudadanos que opten por un seguro privado de salud en cualquiera
de sus modalidades saldrán inmediatamente del sistema público de salud. Si
dejan de tener cobertura privada volverán de inmediato a lo público. Esto
significa que quien tenga un seguro privado NO podrá obtener recetas por el
sistema público, ni hacerse pruebas, ni operaciones complejas y costosas,
excepto cuando la sanidad privada del país no disponga de la tecnología
adecuada;: en ese caso prima el derecho del ciudadano sobre su renuncia a lo
público.
2
/ EDUCACIÓN. Más fácil aún. La educación pública,
gratuita y obligatoria la ofrece el Estado. Se cancelan todos los convenios con
los denominados “colegios concertados” en un plazo de dos años, el tiempo
suficiente para construir los centros educativos necesarios (Claro, que se
puede implementar de una si se transforman aeropuertos, centros de
interpretación y demás megainfraestructuras inútiles como centros educativos).
Quien quiera un colegio o instituto privado que lo pague, sin ninguna
subvención del Estado ni a los padres (nada de cheque educativo) ni a los
centros privados (negocio es negocio). En los centros públicos se cumple la
Constitución, así que nada de religión en un país aconfesional y se recupera
Educación para la Ciudadanía con los contenidos volcados a la convivencia y a
la solidaridad. Los profesores que trabajen en el sistema publico y perciban un
salario JUSTO no podrán ejerce en la educación privada (ni en una pinche
academia).
3/
VIVIENDA. Aprendan de Marinaleda (sonrisa
sarcástica). En lugar de vender el suelo o los bienes muebles públicos se ponen
a disposición de cooperativas previamente constituidas (ver punto 4) que
autoconstruirán las viviendas según modelos sostenibles con ayuda de expertos
de ese ministerio que debería ser de obras públicas (y no de concesión de
autopistas privadas). Las viviendas quedan en régimen de alquiler de bajo costo
(máximo 150 euros al mes) por un periodo máximo de 60 años (según tabla de edad
y esperanza de vida) con lo que se pagan los gastos comunitarios y de
mantenimiento. La vivienda no es transferible de forma privada, pero la familia
o persona que tiene una puede solicitar al sistema público de vivienda la
permuta en otra zona o ciudad. El stock de viviendas cerradas o sin terminar se
pone en movimiento. Toda vivienda que lleve cerrada más de un año debe ser
alquilada o puesta en el mercado (con un sistema regulado de precios máximos).
Si después de un tiempo prudente los propietarios se niegan a ponerla en
circulación, se nacionaliza (pagando un precio de tasación JUSTO) y pasa al
sistema público de vivienda.
4/
ECONOMÍA SOLIDARIA. Nada de emprendedurismo, eso
es una farsa que convierte a cada persona en su propio explotador. El Estado
pondrá en marcha un plan radical y masivo de cooperativas a conformar con
personas que están en el paro, con asesoría de expertos funcionarios en
cooperativismo y economía solidaria (si no hay en el país se pueden importar).
Las cooperativas se establecerán en sectores estratégicos del país buscando el
abaratamiento de algunos productos (sector alimentación, textiles etc…) o el
establecimiento de nuevos sectores productivos (energías renovables, investigación
aplicada, nuevas tecnologías, servicios a la dependencia, etc…).
5/
GESTIÓN DEL PRESUPUESTO PÚBLICO. Si dicen que la administración
de los dineros del Estado es como manejar la pírrica economía familiar… ¡todas
y todos podemos hacerlo! Aplicación inmediata del sistema más avanzado de “presupuestos
participativos” para que desde la unidad más pequeña del campo (aldea) o de la ciudad
(barrio), hasta municipios, provincias, comunidades autónomas y presupuesto
general del Estado se decida de forma colectiva después de un proceso de
consulta libre, informado y vinculante. De igual manera se debe establecer la “fiscalización
ciudadana” de la ejecución de las obras o de cualquier acción que suponga el
uso de fondos públicos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)














.jpg)