7/8/13

Los lugares, los sueños

Cargamos los lugares como sostenemos los huesos. En realidad, los construimos como pesado lastre que a veces, ingrávido, nos proporciona vuelos para los cuales nuestras alas practican torpemente. Solemos poner excusas: aquí no respiro, dicen unas; faltan horizontes en esta acuarela, se lamentan otros; dónde están las primaveras en esta manigua torpe... Cargamos los lugares como vendemos nuestros sueños. Serios, convencidos de lo trascendente, cargados de una autoridad ausente, transitamos por esos lugares dispuestos a dejar una marca que durará lo que la cadencia de la marea del tiempo se demore. Los sueños, sin embargo, nos suelen ser ausentes, por eso los vendemos tan fácil. Acantonados en los pliegues de la inconsciencia, los sueños se muestran ajenos al despertar, nos despegamos de ellos antes de haber sido ellos, no los ubicamos en lugares (re) conocidos y olvidamos el tierno y brutal sonido de su voz.
Cargamos los lugares. Sólo eso. Y, a veces, somos felices.