23/9/12

España: el Estado contra el pueblo

Es cierto que el Estado-Nación occidental fue ideado para controlar y para ejercer la coerción desde su monopolio. Un monopolio ideado bajo un engaño fundacional que se convirtió en verdad absoluta anti absolutista (decían): que esa autoridad sin competencia se basaba en un contrato social que nadie firmó jamás entre la sociedad y sus "representantes".
Por eso no le podemos pedir mucho al Estado. Aunque esos estados fueron los que llevaron a Europa a dos guerras "mundiales" (aunque fueran básicamente la escenificación de las luchas de ese continente), con la creación de la ONU, esos estados y sus propagandistas nos convencieron de que estaban para protegernos y para fomentar algo tan ridículo como los derechos humanos. Es decir, cuando tienes que poner en un papel lo obvio y comprometerte a cumplirlo es que no tienes ninguna intención de cumplirlo.
Al igual que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las Constituciones ordenan en el papel lo que la justicia social más básica determina. Pero lo hace con trampas: mezcla lo fundamental con lo superfluo y, ante todo, le da todo el poder a los políticos para "desarrollar" los artículos infantiles que llenan la Carta Magna.
Así que... ¿por qué asustarse de la actitud del Estado español con su pueblo? En realidad nunca lo ha respetado. Ni cuando masacró a los obreros de Vitoria en la pre-transición a la autodenominada democracia, ni cuando creo escuadrones de la muerte y le puso siglas (GAL), ni cuando se pone en lugar privilegiado en las listas de exportadores de armas...
En España no se pregunta jamás a los ciudadanos por su opinión ante las decisiones fundamentales que afectan a todas y todos los que residen en este Estado y se presume de tener un marco constitucional democrático que permite el disenso. Hasta que amenaza al establecimiento, claro está.
El 99% de los españoles no conoce su Constitución y, por tanto, es imposible que conozcamos la Ley Penal o los reglamentos que van tejiendo una red de protección para financieros y poderosos.
Por eso es interesante lo que está pasando alrededor de la convocatoria del 25S que llama a la ciudadanía a rodear el Congreso de los Diputados. Repito: rodear, no asaltar, no incendiar, no tomárselo (aunque razones no faltan para cualquiera de esas tres alternativas). El Estado ha reaccionado criminalizando a algunas de las personas organizadoras, anunciando un despliegue policial sin precedentes, hablando de golpe de Estado e intimidando a aquellas personas que participan en asambleas o reuniones abiertas sobre el 25S.
Yo no soy de los que pienso en el 25S como un parteaguas de la realidad en el estado español. No será sino uno de los happenings sociales de precalentamiento antes de la aparición de una propuesta política más madura y transfromadora. Pero sí es cierto que el 25S era un paso más arriesgado que las convocatorias de flores y amor planteadas por el 15M. La calle es un espacio de lucha, pero es la política el espacio de transformación.
Lo que ya ha conseguido esta convocatoria es mostrar la cara más represora de un Estado que está en contra de su pueblo, no sólo por las medidas políticas que adopta sino por la represión de cualquier tipo de disenso. El problema, como es habitual, es que los grandes medios de comunicación han mantenido un vergonzoso silencio informativo sobre el hostigamiento y criminalización del 25S antes incluso de que acontezca. Algún día los ciudadanos, con los ojos abiertos y más politizados, pasarán la cuenta a esos medios. Algún día el Estado, este modelo de Estado, habrá sido superado. Pero para eso habrá que trabajar mucho. Y no solo en las calles.