1/4/10

Para no esperar

Y tus palabras son cobija. También me descobijan cuando los poros necesitan que entres por ellos, poco a poco, con la calma del no tiempo, de este amor que me conmueve y me parte en mil pedazos dispuestos a distribuirse por tu cuerpo sin apelaciones. Tus palabras en esta distancia, en este verano interminable en que nos sobran ropas y prevenciones, en el que ya eres y yo empiezo a ser cada amanecer de trenes y augurios.

Parpadea la pantalla y yo cierro los párpados, me traslado a ti con suma urgencia, necesitado de algunas preguntas o, mejor, de algunos teamos para comprobar que sigo vivo y que el pellizco de las provocaciones me deja una huella permanente.

¿Cómo pudimos vivir sin este aliento, sin este imprescindible querernos sin hipotecas, sin más condiciones que la rendición de lo predecible?

La respuesta llega en tus palabras, en ese abrazo que desbordó la vida, en este rozar las nubes permanente en el que no hay dudas ni certezas, solo vida. Te espero, te espero para no esperar nunca más.