13/8/08

Cadenas bajo los anillos olímpicos

Publicado en la revista K de Panamá / 08.08.08 -el día de la inauguración-


Los Juegos Olímpicos Beijing 2008 son los más caros de la historia. 25 mil periodistas los cubrirán en directo y media humanidad verá batir marcas en gestas deportivas. Mientras, en China se produce una de las situaciones más escandalosas de dictadura y violación de los derechos Humanos.

Paco Gómez Nadal
El mes de las Olimpiadas. El evento mundial que aúna más voluntades e interés, el sueño de un planeta mejor, del hermanamiento universal. La propia declaración de principios olímpica insiste: “El Olimpismo se propone crear un estilo de vida basado en el respeto por los principios éticos fundamentales universales”. ¿Le choca algo de esto con el hecho de que se estén celebrando en China? El brillo de las Olimpiadas Beijing 2008 trata de ocultar una historia de dictadura, violación de derechos humanos y explotación laboral casi esclavista. Esta es la historia.
La idea no es amargarle el día, pero revise el closet. Mire en la etiqueta el origen de su ropa o de sus zapatos y comprobará que la mayoría se produce en China. La cosen las llamadas Dagongnei (chicas trabajadoras) y lo hacen en jornadas laborales de entre 12 y 15 horas a cambio de un salario (en el mejor de los casos) de 130 dólares mensuales del que se restan los “gastos de alojamiento y alimentación”, duermen compartiendo cuarto con otras 15 trabajadoras y si se portan mal pueden perder el derecho a los ocho días de vacaciones anuales.
Si quiere no escuchar estos datos de la infamia puede enchufarse a su iPod y poner la música a todo volumen, pero tampoco será muy tranquilizador. Un informe publicado por la revista Macworld en Inglaterra devela cómo este artefacto, que ha cambiado el concepto de ocio musical en los países desarrollados, se produce en inmensas fábricas como la de Longhua, donde unos 200 mil trabajadoras ensamblan estos aparatos a razón de 50 dólares mensuales y duermen en espacios compartidos por 100 personas. La modernidad tiene sus víctimas.
Campañas alternativas
Los informes sobre explotación laboral en China son brutales y las Olimpiadas han servido para que diversas campañas internacionales hayan presionado al Gobierno chino y a las marcas transnacionales a mejorar las condiciones de esta producción en masa y barata. De hecho, Juega Limpio 2008 ha logrado que algunas marcas de ropa deportiva, como Adidas o Rebook den pasos en ese sentido. Queda mucho por hacer mientras la pelota que patea su hijo siga siendo cosida por un niño o una niña en China por cincuenta centavos de dólar cada unidad y las zapatillas Puma o New Balance con la que sale a hacer ejercicio por Amador hayan salido de las manos de un trabajador chino que cobra entre 2 y 4 dólares al día (un día muy largo de 15 horas de jornada laboral).
¿Qué tiene que ver esto con las Olimpiadas? Según organizaciones como Human Rights Watch, mucho. “Con las Olimpiadas, el Gobierno de China quiere legitimizarse en el panorama internacional”, asegura la organización en un comunicado. Pero la verdad es que las Olimpiadas nunca han sido un evento meramente deportivo. El intelectual francés Guy Sorman publicó el pasado febrero un artículo titulado Las Olimpiadas de la represión en el que denunciaba alto y claro el barniz político del movimiento olimpista: “Las próximas Olimpiadas de Beijing serán un torneo político. Desde su reinvención por Pierre de Coubertin, siempre han sido politizadas. Las primeras se realizaron en 1896, en Atenas, para fastidiar a los turcos que todavía ocupaban la parte norte de Grecia. Las de Berlín, en 1936, celebraron el triunfo del nazismo. Las de Seúl, en 1988, abrieron las puertas a la democratización de Corea. Las de Pekín ¿se parecerán a las de Berlín o a las de Seúl? ¿Serán la apoteosis de un régimen autoritario o el comienzo de su desaparición?”.
No parece que el régimen totalitario chino sienta que se está conduciendo cerca de abismo alguno. En los últimos meses ha conseguido silenciar con malabarismos diplomáticos las protestas en todo el mundo que amenazaron el recorrido de la antorcha olímpica por la represión que se desató en el mes de marzo en Tibet. En esta mítica región, ocupada por China en 1950, comenzaron manifestaciones exigiendo la independencia que terminaron con duros enfrentamientos y un bloqueo informativo casi total por parte de las autoridades chinas. Según la información que pudo recabar Amnistía Internacional, murieron entre 79 y 140 manifestantes, fueron detenidos casi 2000 y 100 están desaparecidos. El gobierno solo reconoce la muerte de 18 civiles.
La guinda a los despropósitos chinos previos al evento fue el veto que China impuso, junto a Rusia, a la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que imponía sanciones al régimen de Rober Mugabe, el dictatorial presidente de Zimbabwe. La comunidad internacional se mostró perpleja.

Promesas incumplidas
Los acontecimientos tumban las promesas del propio Gobierno chino que, cuando postulaba la candidatura de Beijing, prometió un avance sustancial en los derechos humanos. En abril de 2001, el vicepresidente del Comité de la Candidatura Olímpica Beijing 2008, Liu Jinguamin, hablaba así ante las autoridades del Comité Olímpico Internacional (COI): “Si permiten que Beijing albergue los juegos, contribuirán al desarrollo de los Derechos Humanos”.
No es lo que piensa la organización Human Rights in China (HRIC), que a mediados de julio denunciaba un incremento en la represión a las voces críticas. Para muestra, valga la detención solo en junio de este año cinco disidentes en diferentes regiones del país. Su delito, publicar ensayos o artículos críticos con el Gobierno. “El estado actual de la situación (de los derechos humanos y la libertad de expresión) es intolerable”, ha dicho la directora ejecutiva de HRIC, Sharon Hom. “Bajo el anuncio de unos 'Juegos Olímpicos pacíficos' las autoridades continúan empleando métodos de seguridad contraproducentes y contradictorios, que sólo sirven para exacerbar la crisis de los derechos humanos y provocar una mayor inestabilidad en China”.
Por si todo esto fuera poco, las ciudades que son sede de los juegos están siendo “limpiadas” de vagabundos y activistas. Una realidad poco parecida a los comunicados del Diario del Pueblo del Partido Comunista Chino donde se asegura que “actualmente, China está atravesando su mejor etapa en cuanto a protección y promoción de los derechos humanos de su población”. En cuanto se rasca un poco en las posiciones oficiales se descubre también que la interpretación del Gobierno chino de lo que son derechos Humanos es bastante peculiar. Zhu Muzhi, presidente honorario de la Sociedad para los Estudios sobre Derechos Humanos de China asegura que “en los países occidentales existe la opinión de que los derechos humanos son más importantes que la soberanía. Este punto de vista se opone esencialmente al principio universalmente aceptado de que la soberanía de un país no puede ser vulnerada, e inevitablemente podría usarse como arma de la hegemonía y políticas de poder”.
Temor a protestas
Mientras, el espectáculo está servido. Los Juegos Olímpicos más costosos de la historia donde competirán 16 mil deportistas se desarrollarán bajo el temor a manifestaciones, plantones de atletas solidarios con el Tibet o acciones de defensores de Derechos Humanos de todo el planeta. Para evitar sorpresas, el Comité Olímpico Chino informó a principios de julio que queda prohibido a los espectadores asistir a los recintos con vestimentas, banderas y pancartas con motivos comerciales, medioambientales, religiosos, políticos, militares o sobre los derechos humanos. Eso sí, en esta sociedad hiperreglamentada ya se han establecido tres zonas en Beijing donde están autorizadas las manifestaciones.
La pregunta es si todo quedará igual después del brillo del oro olímpico. Ni el Gobierno chino ni las empresas patrocinadoras del evento están seguras del todo. Algunas, como Wolsvagen, han pedido apertura a las autoridades comunistas. Otros, como los directivos de Coca Cola restan importancia a las críticas sobre China y los derechos humanos y las califican de mal informadas. El consuelo de Coca Cola es que dice estar trabajando con organizaciones sin fines de lucro para llevar suministros y servicios sanitarios a Darfur y que va a invertir 5 millones de dólares en llevar agua limpia a Sudán. Una medalla de oro a la Responsabilidad Social Corporativa de dudosa calidad.
Tampoco parece que el Comité Olímpico Internacional (COI) haya manejado bien la situación. Reporteros Si Fronteras ha criticado al COI por “la enorme responsabilidad que tienen en la actual crisis. Cerrando los ojos ante la política represiva de las autoridades, el COI ha hecho trizas el efecto positivo que se esperaba en el terreno de los derechos humanos en China”.
El deporte no ha quedado fuera de la discusión mundial y Beijing 2008 entrará a la historia como lo hicieron Berlín, México o Corea.

2 comentarios:

veronica dijo...

muy informativo y preciso tu articulo. Gracias. Muchas Gracias.

rodrivela dijo...

La historia se repite: una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Definitivamente los seres humanos somos muy contradictorios a causa de nuestra enorme capacidad para soñar y para construir mundos y, al mismo tiempo, a causa de nuestras miopías y nuestra atracción hacia lo inmediato, lo cercano y lo propio. Nos cuesta ampliar el horizonte al creer que lo conocido es lo único y que lo más importante del universo somos nosotros mismos. Y de esas tensiones nace nuestra dimensión ética, el esfuerzo conciente y la voluntad decidida a disminuir las distancias entre los sueños y la acción cotidiana, el intento, nunca plenamente alcanzado, por hacer coincidir los deseos, las ideas, las expresiones y la acción propias. En el terreno de lo individual, la conciencia moral nos llama al atención cada vez que existen contradicciones entre nuestras ideas, palabras, acciones y deseos. En el terreno de lo público, la denuncia de tales contradicciones, particularmente en quienes son o pretenden ser modelos para los demás, opera como conciencia moral de la sociedad. Ese esfuerzo por denunciar ante sí las propias inconsistencias (y ante los demás las ajenas) se ve frenado por la miopía egoista que se pega al gusto por lo inmediato,por lo exclusivamente individual, desconociendo otras dimensiones más amplias y nuestra necesaria interdependencia con el entorno.He ahí la tensión siempre presente, entre lo inmediato y lo universal.
Denunciar al poderoso requiere de valor y, para ser justos, una valentía de igual naturaleza que la que requerimos para combatir nuestras propias inconsistencias. La eterna lucha