30/12/08

El Malcontento del 30 de dic

EL MALCONTENTO

De buenos propósitos

Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com

Es el momento. O ahora o nunca. No voy a prometer que voy a dejar de fumar, o que me voy a volver religioso, o que no voy a encontrar el placer en lo más mundano.

Tampoco es semana de imposibles. Sí parece cierto que el quiebre del año es una oportunidad única para hacer listados, proyectar sueños, hablar de lo que no vamos a hacer como si fuera oráculo infalible.

Por eso quiero cerrar este sinuoso 2008 con un listado de mis buenos propósitos que, a buen seguro, pueden ser imitados por hordas de lectores y lectoras dispuestos a inmolarse conmigo a punta de felicidad e intentos de coherencia. Esa, esa es la palabrita de 2009: coherencia.

Miren, se trata de un valor límite. Al igual que la honestidad o la bondad, jamás la coherencia es alcanzable al 100%. Cojeamos como humanos y esto no es grave. El propósito, de existir, consiste más bien en mantener la ruta hacia ese valor. Uno puede tener como sur, siempre, ser honesto, y esa actitud le empujará irremediablemente a mejorar sus estadísticas. Igual debería ocurrir con la coherencia.

Una de las preguntas más frecuentes cuando hablamos de lo mal que está Panamá, Latinoamérica o el planeta es… “¿y yo qué puedo hacer?”. Es más fácil escudarse en lo ingente de la tarea, en el tamaño del despropósito, para seguir repitiendo patrones sumamente dañinos para nuestros congéneres y para el suelo que pisamos. Pero… qué tal si comenzamos a ser más coherentes en el día a día.

Si yo, y es el caso, estoy preocupado por la pobreza y la explotación de los excluidos lo mínimo que puedo hacer es no reproducir el patrón. Es decir: si quiero tener empleada o empleado en casa, lo contrataré con todas las de la ley (como mínimo), si consumo todos los días puedo hacer de este acto algo casi reivindicativo premiando o castigando a los empresarios que, con solo seguir las noticias, considero positivos para mi sociedad o negativos. Tampoco le voy a negociar al vendedor de la calle que rebaje 25 centavos en un producto de 75 centavos, y, en un gesto más humano, le preguntaré su nombre y su historia al mendigo que me cruzo todos los días, o a la hormiguita que limpia mi andén como si fuera fantasma anónimo sin dolores ni alegrías.

Si yo, y es el caso, pierdo algunas noches el sueño pensando en el calentamiento global, en el brutal desastre ambiental que asola Panamá casi siempre asociado a la violación de derechos humanos, lo primero que deberé hacer en 2009 es modificar mis pautas de consumo (que es ya casi equivalente a decir comportamiento).

Políticas como comprar en el menor radio de distancia posible (no agarrar el carro y manejar hasta Albrook Mall o Multiplaza para comprar una libra de azúcar cuando la vende el chino de la esquina); consumir productos nacionales preferentemente (fomentamos nuestra economía y evitamos los altos costos económicos, ambientales y laborales de comprar un queso tajado llegado desde Grecia); estar informados de cuáles son las grandes multinacionales criminales ambientales y laborales (comenzando por Coca Cola y continuando, por ejemplo, por la Shell); no generar la cantidad brutal de basura que una familia media produce hoy en día (por ejemplo, al no cargar la compra del supermercado en decenas de cartuchos plásticos, sino en bolsa de tela); eliminar la terrible moda de que todo sea desechable (vasos, servilletas, manteles, cubiertos) y volver a la vieja tradición del tejido; colgarse artesanía local en lugar de collares de oro (que es lo que sale o saldrá de Petaquilla), o primar lo natural sobre lo industrial (un jugo sobre un refresco enlatado, o unos vegetales sobre un pollo congelado y procesado) son pequeños pasos que de ser repetidos en muchos hogares harían la diferencia.

Si fuera el caso, y lo es, de que yo considerara que las relaciones humanas se están enfriando hasta llevarnos a la esquizofrenia, mi propósito de 2009 será mudar el gesto torcido, priorizar la sonrisa, la pregunta amable, la caricia, el cuidado del otro, al fin: el respeto y la comprensión sobre la hipócrita convivencia forzada o la impostura social.

Verán que se avecina un año difícil si pongo toda la lista en práctica, pero les aseguro que voy a tratar que el esfuerzo sea sostenido. En el fondo, y si lo pienso, es más difícil dejar el cigarrillo que cumplir a rajatabla todo lo anterior. Feliz año.

[En homenaje a vos, C. busca a Alfonsina Storni: “Escrútame los ojos sorpréndeme la boca,/sujeta entre tus manos esta cabeza loca;/dame a beber veneno, el malvado veneno/que moja los labios a pesar de ser bueno./Pero no me preguntes, no me preguntes nada/de por qué lloré tanto en la noche pasada (…)”]

5 comentarios:

Baby dijo...

Y sigo con Alfonsina...
las mujeres lloramos, sin saber,
porque sí
es esto del los llantos pasaje baladi...
Sus poemas eran tristes, de malos
augurios y terminó abrazándose con
el mar.

Ya yo no hago promesas, ni quiero
promesas. Sólo quiero realidades
tangibles, algo a lo que asirme
o de lo que soltarme... Sólo
quiero hoy, que el mañana está
por verse y las promesas son
como pompas de jabón: se desvanecen...

Paco dijo...

Cómo no iban a ser tristes en este mudno triste. La alegría hay que reservarla para los seres queridos y las colas de espera, pero al escribir (que es lo mismo que pensar y sentir) sale destilada la tristeza más profunda. No es grave, es la vida.
Respecto a las promesas... tienes toda la razón, solo que en ese momento la necesitaba (todos somos humanos) jejeje

Marta Sanuy dijo...

Un abrazo paco. Ya sabemos que vendrán años más malos y nos harán más ciegos, pero aún así, feliz año.

Paco Gómez Nadal dijo...

Feliz año Martica, el re-encuentro con vos ha sido de lo bueno de 2008. Vienen tiempos feroces pero en preparación al cambio. te lo aseguro.
Un besazo y lo mejor de ti para 2009

César-in dijo...

Un propósito será que en mi relaciones humanas no deje pasar el tiempo sin imaginar un abrazo de los que caminan el mismo camino... aunque lo transiten en otros lares...
Mi abrazo y un besazo, bro... ¡Hay que seguir cascando!