16/7/09

Comisuras

En-la-ventura-de-tu-sonrisa-he-abandonado-mi suerte. Y allá, sin saber cuál de las comisuras elegir para instalar salita y sofá-cama, pretendo dedicarme a deshojar lechugas, abanicar inviernos sembrados de polos de limón hechos en tu nevera, calentar el fuego de las luchas venideras, reivindicar el derecho inhumano de creer en la Humanidad -así con mayúscula, como en los setenta-, rodear tus pezones con cautela sin dudar de sus intenciones, escribir en tu piel algo tan pomposo y real como "Sólo en este cuerpo, el universo cobra sentido", atarme la plomada a los pies y no dejar que las mareas me muevan de tu costado...
En-el pliegue-del-camisón-que-nunca-vistes-he-perdido-el-sentido. Y desde allí, turbado y orientado de más, comenzaré a construir mis sueños más atrevidos, a provocar los vientos que inflen tus velas y te empujen hasta este puerto de río y hasta estas piedras limadas por el tiempo y tu recuerdo, a oficiar la liturgia de este amor sembrado hace siglos pero con olor a fresca hierbabuena, a fruta aún aferrada a la rama vital de tu presencia.
Dispuesto-a-la-razón-de-mis-delirios. Sin dudas en esta adolescencia de melcocha, estoy tejiendo laudes y cobijas en las que hacer sonar la melodía que atrapas y que acontece en tus silencios.
Todo ello, sin dudar de la necesidad imperiosa de existir, a pesar de la la terrible terquedad de este planeta desalentador en el que, descontando tanta mina quiebrapatas y tantos volcanes anestesiados, corresponde derrotar a los oráculos siendo inconmensurablemente -esta palabra tan indigesta- felices -esa meta de extrema agilidad-. Gracias -si-escuchas-este-rumor-tan-estruendoso.