12/5/09

La taguara sin vacíos

Detrás de la puerta, otra puerta, unas cuantas historias; sudados los licores, se destilan los pasos de este ritmo tan propio, tan único como mestizado. Canta otro bolero, cántalo para que las lágrimas se agolpen en la trastienda, para que la sonrisa forzada oculte el tango que compite con ese amor traicionado o con ese imposible beso que buscas en cada nota.
Otra fría... la sucesión de frías es de vértigo, de escalo-frío. Las cervezas se agolpan en la mesa tratando de rellenar el vacío que quizá, sin pronunciarse, nos asola a todos y todas los que acá, entre broma y broma, tratamos de sortear la vida. La Peña semiclandestina es el universo, nada ocurre fuera de estas cuatro paredes que se estiran hasta tocar la luna. Tampoco hace falta. Si la música para, moriremos en el intento. Si las historias y los retos se acumulan, construiremos un desenfrenado anhelo.
Post prometido este, de la taguara en la que nos encontramos en Barquisimeto, de las noches que faltan por compartir y por traducir. En la noche, en la única y extensa noche, es donde los vacíos parecen inmensos bosques preñados de posibilidades.