20/4/09

La vida en la Plaza


Baby recordará aquellos tiempos en que la Plaza de la Independencia (Plaza Catedral) era un entorno de vida cotidiana en aquella ciudad pequeña y más amigable. Hoy, a pesar del ruido y de las suciedades de nuestros tiempo, no deja de ser una isla con códigos propios, con visitantes habituales, con una nomenclatura que los que la cruzamos, disfrutamos, olemos, sentamos... ya tenemos incorporados. Estos días se han sumado nuevas voces, nuevas carreras de niños y niñas que ríen después de haber llorado tanto, de gentes soldarias que se sientan al pie del Gazebo a escuchar, a animar.
Acabo de dejar la Plaza y allá estaban varios niños naso jugando con dos iguales del este de Europa; uno de los cuidacarros habituales de la Central animaba a los indígenas a seguir la lucha ("porque ese es su derecho y porque mi dios rey los recompensará"); Carlos Ivaán Zúñiga, armado solo con su guitarra, levantaba ánimos y sonrisas; Olmedo Carrasquilla les contaba de otras luchas similares; el hermano Kuni, santeño de alma, se declaraba indígena como todo indígena digno de esta tierra; el vigilante del edificio en obras del futuro hotel aprendía del problema que generan empresas como la que vigila y yo, por unos segundos, sentí que el mundo, quizá, podía ser diferente.
El sueño no era sueño, sino realidad, pero mañana, enfrentados de nuevo a la terca sordera oficial, la Plaza me puede parecer una cárce estéril desde la que no se escuchan los gritos de justicia.