
Por eso no hay que desesperarse ni ser crédulos. Los partidos políticos occidentales de este principio de siglo llevan en su mochila el lastre de la verguenza: por lo que han hecho o, mucho más grave, por lo que han dejado de hacer; los sindicatos mayoritarioa todavía miran perplejos a su imagen desdibujada después de haberse convertido en "sistema" con la engañifa clásica de que "para cambiarlo hay que estar dentro"; los movimientos ciudadanos aún tratan de entnder qué les pasó, porque no han sabido leer el momento y reinventar su armamento ideológico y de acción.
Por esto, nos sentimos solos, en la terrible soledad de la lucidez -"martirio permanente, inimaginable proeza", como escribió Cioran-, del deber de actuar pero no encontrar escenario amable en dónde hacerlo. Eso no es grave, solo es real. Hay que ser conscientes de que solos no podemos hacer casi nada y de que la compañía se encuentra en el camino, en los incontables vericuetos del fracaso.
Luchamos solo para horadar al sistema con la paciencia de la gota de agua que esculpe montañas. Luchamos porque sí, porque no hay otra opción, excepto la muerte del alma por omisión, excepto la renuncia a creer en la Humanidad y refugiarnos en un onanismo individualista estéril. Como el viejo Hessel creo en el poder de la indignación, pero de la indignación colectiva y dicharachera, ruidosa, urgente, paciente, organizadamente anárquica, razonable, irracional, enamorada, provocadora, brutal... torrente de ira que se convierte en fuerza social imparable en el tiempo, aunque limitada en el instante. Luchamos para pasar de lo coyuntural a lo necesario, para -como cantan DavidvsGoliat- defender la alegría y organizar la rabia. La frustracion forma parte de este camino, pero sólo como instante reflexivo para rearmarse de sonrisas y argumentos.
Despertar es difícil; rendirse, imposible.
2 comentarios:
me adhiero al manifiesto
qutb
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