8/1/14

Resumen de prensa

Infantas nacaradas que se esconden en el regazo de su vergüenza; ciudadanos que trasiegan rebajas como traficantes de sustancias narcóticas que se esnifaran el negocio; ministros que abortan ideas que nunca han tenido seguros de estar ganando la cruzada contra el enemigo inexistente; poetas secos de vino, preñados de páginas en blanco que no encuentran versos a los que seducir; madres obsesionadas por los lazos con los que condenan a sus hijos; padres que corren porque no se corren, que disimulan su precoz eyaculación frustrada (re) cogiendo la mesa de la casa en la que no habitan; periodistas que olvidaron las preguntas; curas que no olvidan sus perversiones; abuelas pluriempleadas; chulos sin putas a las que sangrar los pezones; niños enganchados a la videoconsola donde subliman su imposible futuro; presidentes que son secretarios; secretarios que van a los juzgados en nombre de los presidentes; piernas que valen los millones que no tenemos y millones de gentes buscando en la basura lo que la televisión no provee.

El resumen de prensa no me ha salido mal.

Miércoles

Los miércoles parecen a veces días malencarados. El viento empuja la polvareda al pliegue de nuestros párpados y los seres que creíamos humanos muestran el rostro del animal sin alma que casi siempre se agazapa en el pétreo gesto de la mañana.
El callejón no contiene luz hoy. Claro, es miércoles. Pero tú sabes que los días, al igual que los desastres naturales, nunca son lo que parecen; que al despuntar el jueves y retirar los escombros del día que ya no es siempre encontramos razones para el júbilo, motivos para silbar la canción de los felices.
Los miércoles, amor, también serán nuestros días. No podrán traer malas noticias porque los habremos forrado en melcocha, no podrán hacernos daño porque nos protege la indeleble luz de nuestros afectos.
Comprende a los seres que te muerden, disculpa los deslices de esta humanidad torpe y egoísta, surfea los problemas cotidianos encaramada en la tabla de la felicidad sincera con la que te vistes todas las mañanas. Incluso las de los miércoles.

20/12/13

cansatantacosaentinta

Cansa el repetir de los desengaños, el brutal silencio de los muchos, la permanente explosión de la venas en mis raíces… Cansa tanta estupidez escrita, tanta necesidad callada.
Cuando llegamos de la batalla, ese cansancio parece bíblico, indeleble estruendo a nuestras espaldas. Pero… entonces… sacamos la cobija, nos pertrechamos de las pieles de verano, prendemos la tenue calefacción de los besos y logramos que nuestros cuerpos, ya livianos de recuerdos, vuelvan a ser solo nuestros y tan del otro; solo alma encarnada en ti y en mi.

Cansa pensar en el despertar a este mundo enrocado en el disparate, pero sabemos, sin duda, que volveremos a la cabaña de nuestro amor, solo para reinventarnos, solo para encadenarnos a nuestra libertad silenciosa.

El barro de la vida / Homenaje a Moncho Burgués



Ayer, 14 de diciembre de 1970 recibimos el siguiente escrito firmado por el Comisario Jefe  de la Brigada Regional de Investigación Social dirigido al Magistrado especial de orden público

“Ilustrísimo señor:
Tengo el honor de poner a disposición de V.I. a José Ramón Burgués Mogro, hijo de Ignacio y María Concepción, nacido en Cervera de Pisuerga, Palencia, el 13 de julio de 1952, estudiante de 1 de Filosofía y Letras, soltero y con domicilio en Cadarso, 18.
El citado ha sido detenido por los funcionarios afectos al Departamento de Orden Público D. Miguel Pulido Ruíz y d. José Enrique Carreño Pérez. En su declaración reconoce haber ayudado a volcar un coche marca Seat 600 con otras personas y que al advertir la presencia de un coche de la Policía, salió corriendo por varias calles manteniendo un forcejeo con los inspectores que trataban de detenerlo”.


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El 14 de diciembre de 1970 en Madrid hacía un frío que pelaba con una temperatura mínima de -3 grados. En alguna sala de cine del régimen gris se pasaba el NO DO número 1.458 del año 28. Las masas silenciosas cerraban puertas y ventanas mientras algunos hombres y algunas mujeres se golpeaban contra las paredes.

Extracto de la declaración de los agentes Pulido Ruiz y Carreño Pérez:
“… También el revoltoso en su redoblado esfuerzo de eludir su detención cayó contra la pared de la casa cercana a la esquina donde estaban intentando detenerle, produciéndose la ruptura de las gafas que llevaba puestas y por efecto de que se rompieron los cristales de la misma, se causó una herida en la mejilla derecha, herida inciso- contusa de unos cuatro centímetros, con colgajo en mejilla derecha”.

Cayó contra la pared…


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¿Cuántos silencios hacen falta para ocultar a una persona?
¿Cuántos silencios hacen falta para conocer a una persona?
¿Cuántas corteses sonrisas para ir echando capas de silencio sobre su digna biografía personal?
¿Cuántos eligen el silencio frente la arrogancia; el cotidiano compromiso sin focos frente al liderazgo de las tarimas?
¿Cuántos nos abandonan y calcular su ausencia nos supone toda otra vida?

La ciudad está llena de seres especiales, magnéticos, cargados de historia y de historias. Nos caen bien, los consideramos cercanos, sabemos mucho de su corteza, pero poco de lo que están compuestos.
Nos cruzamos con ellos, les compramos el pan, les deseamos los buenos días, charlamos del último concierto de jazz programado sin saber que sus días son buenos por dentro, que se sustentan en una masa madre casi incontaminada. O, al menos, tan robusta como para que las bacterias del tiempo, las de los éxitos e, incluso, las de los fracasos, no la echen a perder.
La enésima pregunta de este texto sin respuestas es…  si hablaba poco y escribía menos… ¿cómo conocer a Moncho más allá de la barra del Rvbicón, más allá del tinte amarillo, rojo y morado con el que barnizaba su arcoíris particular? ¿Cuántos bigotes hacen falta para ocultar las cicatrices? ¿Cuántas cicatrices se ocultaban tras la corteza cotidiana?

Hay más lenguajes que el oral o el escrito. Por ejemplo, el del barro: trabajo del alfarero que siempre fue más que eso, y que encontró en el cuenco la pieza repetida en la que volcar la coherencia confundida con obstinación. ¿Dice algo el barro? Claro que sí, Moncho entraba al barro con el alma, como le dio por vivir la vida. Gozándola. Sólo vendía sus piezas cuando la necesidad apretaba y, mientras, prefería mecerse en el milenario arte del Rakú.

Cuencos de esa arcilla que sobrevive a la carne, la que se cuece en una vida de pasiones sin estridencias, sin compromisos no convenciones pero con el compromiso y la convicción de quien se estrella sin importarle las consecuencias contra las paredes del sistema que coloca una policía torpe y burocrática.

Hoy 15 de diciembre de 2013, tengo el honor de poner a vuestra disposición algunos de los elementos que componían el cuenco de la vida de Moncho. Ved: ponemos un profundo compromiso social y político con los derechos de las otras y los otros. Ese compromiso hay que amasarlo todos los días, sin aspavientos, ni militancias nominales, sino en el difícil e inestable territorio de lo cotidiano. Añadamos cabalidad y vehemencia en la ejecución de lo decidido. Hagamos que esas decisiones se tomen por intuición y a punta de pasión.. y ahí lo tenemos.

Hoy 15 de diciembre de 2013 os quiero señalar la ausencia, la falta del que muchos conocieron como el Príncipe Rojo, el que supo del frío tremor de Carabanchel, del cálido recibimiento que pueden proporcionar las croquetas de Maricua en un sitio imposible y pionero como La Paquita (allá en la Travesía de África donde tres mesas con mantel de papel, una estufa y un gato hacían de atrezzo para el atrevimiento gastronómico), el que se embarcó un par de años para, finalmente, perderse el Carnaval de Río de Janeiro, que cortó tulipanes en Holanda o le puso la estrella a algún  Mercedes Benz en el frío y distante Heidelberg, el que supo que los quirófanos y los injertos no iban a silenciar su estruendoso silencio.

Hoy 15 de diciembre de 1987 estamos en la calle del Carmen que un día fue Sol y donde la luz ha vuelto a brillar, un lugar por el que nadie hubiera apostado hoy, nadie excepto un terco alfarero, un fino cocinero, un respetuoso republicano razonador, un trotskista sin carnet ni secta, un indisciplinado fiel a sus convicciones.

Hoy debe ser 15 de diciembre ¿verdad? Y si es así, allá al fondo, debe venir caminando un tipo no muy alto, de bigote espeso y coleta sempiterna, bajo un sombrero de paño. En su casa, aguarda el Panamá para cuando el clima le diga que la alegría se ha vuelto a posar sobre la ciudad. Aquí, en nuestra calle, la que es nuestra por la lucha de muchos y muchas como él, nosotros tenemos el deber de la memoria y la alegría de haberlos conocido. Y una obligación… yo os invito a que, a partir de hoy, miréis a los otros y a las otras sospechando de la profunda riqueza que guardan en su interior. Preguntadles… preguntadles por su historia íntima, por sus apuestas secretas. Esas que los expedientes judiciales no cuentan, esas que los agentes Pulido Ruiz y Carreño Pérez no pudieron intuir en el “marginal” que tenía la costumbre de romperse la cara él solito. 




2/11/13

Afectos

Estar con vosotros, estar en vosotros, oír el rumor de vuestros pasos en mi vida, de nuevo, otra vez, por fin. No es el cigarro mojado en un dedo de ron de la terraza donde lloré mis dudas; no se trata de las conversas sin guión en las noches bailables; desde luego no es la lluvia densa que nos protegía del marasmo en la franja del planeta en la que nadie nos sabía unidos… pero volver e estar con vosotros, en vosotros, (re) vuelve las razones de los cimientos, (re) confirma la fuerza de los afectos, tiende los lazos invisibles que evitan océanos y prohibiciones. Qué bueno que vinieron… qué bien que siguen aquí dentro.


Sutileza

Así. Así… desde el susurro de tu cuerpo asomo mi perplejidad a la vida. Así… despacio, sin prisa, sin metas, sin aliento. Así vivimos. Es verdad que a ratos sentimos el rigor de los barrotes y de lo inevitable, pero la mayoría del tiempo rozamos con la punta de nuestros dedos el paraíso –en el otro-, agitamos su respiración para hacerla nuestra, rozamos el borde del anhelo para convertirlo en deseo.

Así… así de quedo dejo el asunto… cuando los teléfonos y la torpe realidad asoma nos refugiamos bajo las sábanas limpias que tejemos cada víspera, buscamos la mano del otro, entrelazamos nuestras intenciones y nos atrincheramos en la sutileza de este amor sin aristas.