30/1/15

Endudados

Andamos endeudados. Los dos, mirándonos tan cerca como la quina a la que nos aferramos lo permite. Dentro de tu corazón laten mis dudas. Son solo unas cuantas. Las suficientes para que la sangre bombee sueños hasta las partes más desconocidas de tu cuerpo.
Tienes que vivir con ellas. Siempre hirviendo, siempre mutables. Se alteran con los encuentros necesarios. Este amigo que nunca ha cesado en su empeño por salvar las vidas con sus almas, que se sigue enfrentando a los que se creen fuertes armado solo con la poderosa debilidad de sus convicciones. Aquel miedo torpe a la muerte, al dolor, a la ventana porosa que me humedece los ánimos.
Mis dudas son las branquias frescas del pescado, la sangre depuradora en el quicio de la herida, la ráfaga de Levante que pone en ruta a los pescadores sin tableta ni GPS que los desista.

Duda de los que no dudan. Duda de los que te venden la seguridad del triunfo, la certeza de la razón contenida en un programa, la necesidad imperiosa de arremolinarse en torno a sus santos civiles. Duda de las religiones con dioses, de los dioses sin religiones, de la vendedora que no te mira a los ojos, del peluquero que ya no afila sus tijeras. Duda de la baba de caracol y de los cascos azules, duda de mi si quieres. Es ahí, en las dudas que te siembro y en las dudas de tu insomnio donde nos vamos  construyendo limpios. Las certezas, debería saberlo, se suelen enquistar en las peligrosas curvas de las arterias. Se hacen fuertes en su sensatez para anular lo poco que nos resta de alma.