30/3/12

Elogio a la debilidad

Nos enseñan a no llorar, a ser fuertes, a enfrentar la vida como quien sale al Coliseo convencido de que no habrá león que lo eructe en la mañana. Los que no logran esta mentira, creen en Dios o se hacen budistas: pomadas para resistir, analgésicos cargados de nada, entretenimiento para la navaja del suicida.

Por eso, sin dudarlo, te empujo a ser débil, a reconocer la muerte que llega como vómito en la madrugada, la sangre cálida y compacta de la alborada, la puta injusticia que nos arranca a los nadie… y llorar. Llorar hasta vaciar el pantano del que beben tus fuerzas y desde ahí, desde la constatación de que eres humano, cargarte de rabia y de toda la ternura para volverte a los otros: ese universo anulado por los que se creen fuertes y que es inevitablemente irreductible.