23/3/11

Algunos abrazos lejanos



-Esa cerveza está pendiente ¿no? Sería lo justo después de tantos meses sin vernos. Llegas de tu embarque y aterrizas en la taberna, una pinta gigante y unas cuantas dudas. ¿Qué hacemos? ¿Para qué lo hacemos? Pero al menos nos podríamos abrazar ¿no crees?

-Esas lágrimas se quedaron allá. Recuerdo las primeras, hace ocho meses, en aquel primer intento de quitarme de enmedio. Te dije: "tranquila, no va a pasar nada, no o van a conseguir". Esta vez, para evitar las mias, te pedí que contuvieras las tuyas, pero esas lágrimas, al menos, cayeron en mi camisa gracias al abrazo. Ahora que empiezas algo nuevo o que, al menos, has pasado pagina, no podremos abrazarnos tan fácilmente.

- Has sacado fuerza de algún lugar que yo desconozco. Ese cuerpo tuyo engaña. Parece frágil, pero tu alma logra que todo sea más llevadero para nosotros. Nos acompañaste, nos defendiste, nos arreglaste papeles y cajas, vendes, hablas, soportas nuestra ausencia como una injustificada presencia. Y yo, sin forma de abrazarte, sin manera alguna de buscarte en la voz esquiva ni en la necesidad irremediable de un cigarro en la terraza de tus palabras.

- Compa, tan grandes y tan débiles. Tantos años de coexistencia y de supervivencia. De rones atravesados y de rones imprescindibles. La amistad debe ser así ¿no?: tan diferentes y tan necesarios. Nuestros cuerpos abrazados son más grandes que bailando y, sin embargo, podría cambiar un abrazo por un ziz ziz ziz de tu voz y una arrastradita de pies con cuatro tragos de más animando brazos y melena.

- Este abrazo diario contigo tiene que sustituir al resto. La paz que me da logra que las distancias sean solo un asunto temporal, quizá molesto, pero no irremediable. Me abrazo a ti como, no como náufrago desesperado, sino como diestro aficionado a la luz y a los amaneceres de melcocha en los que despierto.