24/3/11

Abrazos lejanos II

En el proceso de abrazar sin cuerpo no hay orden ni razón, solo brotar sin jerarquías y con sentido. Siguen saliendo, quién sabe a cuenta de que, en estas tardes de ventina y agua espolvoreada:

- Trato de abrazar a Günter Anders para ver si, atravesándolo, rozo tu voz atropellada. Coincidiendo en nuestro pesimismo cósmico, no podemos más que continuar -en la distancia- el andar de las preguntas, el trastabillar necesario de tratar de entender esta locura, la apasionada carrera por convencerson sabiendo que jamás lo conseguiremos. Fuiste archipiélago cuando yo era isla solitaria, tu voz y tus letras acumuladas en anaqueles de cariño fueron mi albergue y mi plataforma. Este abrazo envenenado de anarquismo tratará de sustraer tu obcecada permanencia en ese error que tanto me gusta.

- La muerte apareció en el momento que es, pero nos robó el abrazo debido. Contenido, como vos, a veces anudado, pero sincero y poderoso. Algún pacto haremos con el tiempo, alguno más con el espacio, para remediar nuestra ausencia cuando más lo necesitabas. Nos dolió no dolernos contigo y, ahora, en la distancia preñada de injusticias, solo pensamos en cómo seguir viviendo, que es o que nos toca a todos los que aún abrimos los ojos en las maánas contradictorias de nuestro tiempo.

- "Los caminos de la vida..." y ahí estás... con esa sonrisa encaramada y esa cara de yo-no-soy que tanto es. "No son lo que yo esperaba"... y quién lo iba a esperar querida, quién nos iba a decir que te sentarías en ese sofacito desconchado de nuestra ya-no-sala tan triste como el gris de las tardes plomizas de la Bogotá en la que no estábamos. "No son los que yo creía"... porque creer es de ingenuos ¿verdad? Pero no comer, hablar, reír, bailar...eso es de gente viva, de amigos, de hermanos en el tiempo. "No son lo que imaginaba"... imagina... imagina que tus conchuelas con tocineta resbalan por esta garaganta y que nos bebemos hasta la última gota de vino de tu casa y de la vida. Un abrazo de sal y verbo.

- La vista desde tu terraza es la de mi llegada a Panamá. Ese Casco Viejo cada día menos viejo y con menos viejos. También es la de tu infancia, y la de tus anhelos. Es cierto, nuestra amistad era extraña, no tanto por generaciones, sino por ilusiones: yo jugando a tenerlas, tu jurándome que ya no las tienes y, en medio, conversaciones atropelladas para conocernos aún sabiendo que el mundo nos desconocía. De lectora a abrazadora, de desconocida vecina de vecindario ajeno, a parte de esta vida tan ingenua como apasionada. Si este abrazo te llega sabrás que tengo la ilusión incontenida de re-encontrarte.

6 comentarios:

Martha Tiffer dijo...

Wow! me arrancó varias lagrimillas al leerlo... Aquí hay muchos sentimientos encontrados y expresados. Mucha nostalgia, algo de dolor y de alegría, tal vez... perdón si no escribo más, pero aún estoy llorando... saludos

Shaynne dijo...

Pero qué belleza, Paco...

Marta Sanuy dijo...

relindos esos abrazos.

Raisa Banfield dijo...

Gracias Paco! Los abrazos siempre sellan los pactos del alma y dan sensación de eternidad. Allí nos encontramos contigo

zirahuen dijo...

Simplemente hermoso... muy emotivo Paco... te confieso que presisamente lo que mas extraño de ti, son esos fuertes abrazos con los que siempre me saludabas... coño... se te extraña...

BB dijo...

Desde mi terraza, miro, como miramos tú y yo, ese Casco Viejo, cuna de mi infancia, de mis ilusiones y recuerdo como, palabra a palabra, fuimos construyendo esta sólida amistad, que se convirtió en cariño, que nada podrá quebrantar.
Me reencontrarás, te reecontraré, mi querido amigo.
Un beso
Baby