7/9/10

Ventanas, otra vez ventanas



Te están doliendo los ojos. Es lo que tiene esto de ir abriendo ventanas. A veces, sopla ese viento denso y acogedor en el que se acomoda la modorra; otras, es la brisa fresca y liviana la que nos da fuerzas para pisar la calle y no reconocer esos huecos o estas asperezas; pero hay veces, ay amor, que por la ventana entra lo que somos cuando dejamos de ser gente. Ese es el riesgo de mirar, esa es la terrible consecuencia de abrir los ojos y no dejar que los espejos y sus ofertas nos mantengan en un reino de luz y aplanadoras.
Abrir las ventenas es toparse con la gente tan hermosa que duele en el alma no poder acurrucarse en sus pliegues o lanzarse desde el trampolín de sus aristas, es encontrarse de frente con la sombra del ser humano, esa que golpea, cercena y limita la posibilidad de amar. Querría protegerte de las corrientes ulcerosas, pero sería, al tiempo, privarte de las mariposas que anuncia la lluvia vespertina. Solo prometo acompañarte al poner el pie en la vereda en la que nos haremos fuertes para no sentir la mansedumbre de los buenos ni los remolinos oscuros de los violadores del sentido.