9/6/09

Touché: pueden seguir consumiendo en Shell

Mi amigo y hermano Alberto Muñoz me manda este texto de Fernández Lira, un lúcido economista que tiene la virtud de meter el dedo en el ojo en el que tenemos un orzuleo. Mea culpa Alberto... dejar de consumir en la Shell no sirve para un carajo... Aunque yo seguiré con esa estupidez, así como con otras que distraen mi ética y me mantienen a flote.


"En un mundo en el que las estructuras son mucho más inmorales de lo que jamás pueden llegar a serlo las personas, la cuestión crucial no es saber en qué medida somos piezas de ese engranaje estructural o en qué medida podemos dejar de participar en él. Esto es lo que a veces sugería Günther Anders, pero no es ni mucho menos suficiente. Dejar de llamar por el móvil no vale absolutamente de nada y dejar de consumir coca-cola, de casi nada. Puede que negarse a trabajar en la industria del armamento valga para algo si se consigue que ese gesto sirva de propaganda a los programas políticos pacifistas. De lo contrario, ese gesto no sirve más que para que corra un puesto la lista de parados que esperan a trabajar en cualquier cosa y a cualquier precio. Retirar el dinero de una cuenta de Caja Madrid si sospechas que esa entidad invierte dinero en la producción de armamento no sirve de nada si luego es para meterlo en el Banco de Santander, es decir, para confiar en el humanitarismo de un sujeto como Emilio Botín. Y tampoco es buena idea esconder tu birria de sueldo debajo de una baldosa.

La verdadera cuestión moral es qué responsabilidad tenemos en que determinadas estructuras perduren y qué estaría en nuestra mano hacer para sustituirlas por otras. Es obvio que eso pasa por la acción política organizada y no por el voluntarismo moral que intenta inútilmente apartarse de la maquinaria del sistema. No es a fuerza de no mover las fichas o de moverlas lo menos posible como se consigue dejar de jugar al ajedrez, si eso es lo que se pretende. Para dejar de jugar al ajedrez y comenzar a jugar al parchís hay que cambiar de tablero. Si no, lo único que se logra es perder el juego, y el juego del ajedrez, no del parchís. No sé si se capta el mensaje: vivimos en un mundo tan inmoral que no tiene soluciones morales, aquí no valen más que soluciones políticas y económicas muy radicales. Y la única cuestión moral relevante que todavía tenemos sobre la mesa es la de qué tendríamos la obligación de estar haciendo políticamente para que el mundo dejara de jugar en este tablero económico genocida. La cuestión no es la de si puedo beber menos coca cola o llamar menos por el móvil para participar lo menos posible en esta matanza. La cuestión es cómo y de qué manera atacar los centros de poder que la generan. Mi responsabilidad en la matanza no es la de llamar por el móvil. Mi responsabilidad es la de aceptar vivir en un mundo en el que llamar por el móvil tiene algo que ver no sé con qué guerras en el continente africano. Es el mundo lo que es intolerable, no nosotros. Pero sí es intolerable que aceptemos de brazos cruzados un mundo intolerable.

Es grotesca la indiferencia que ha habido en la reflexión ética de los medios académicos europeos y estadounidenses hacia el concepto de "pecado estructural" y, en general, respecto a toda la filosofía de la Teología de la Liberación. Se trataba de lo único interesante que parió el siglo XX en el campo de la ética, pero la Academia estaba demasiado ocupada en intentar comprender a Derrida y en hacer el payaso con el dilema del prisionero. Para ser justos, hay que recordar que mucho antes de que la Teología de la liberación planteara el problema, lo teníamos ya abordado con mucha contundencia en la historia de la filosofía por filósofos como Jean Paul Sartre o Bertolt Brecht. Claro que Sartre no está tan de moda como Hannah Arendt, porque Sartre era comunista, así es que se le lee bastante poco actualmente. Sartre había explicado muy bien por qué la elección moral no tenía que ver con elegirnos buenos a nosotros mismos, sino con elegir un mundo bueno. Elegir ser bueno en un mundo en el que no se necesita pecar para vivir de la injusticia que se comete sobre los demás, es, sencillamente hacerte cómplice, no de un crimen, sino, como decía Anders, de "todo un sistema de crímenes"

2 comentarios:

amaiur dijo...

Hola malcontento.

¿Y por donde se empieza?
Se empieza por pensar. Vale. Entonces tenemos el primer escalón superado. ¿Y después?
¿Qué escalón hay que subir? ¿Y para qué? ¿Y hacia dónde?

No hay brújula. La rosa de los vientos del siglo XXI se mueven tanto tanto tanto que no señala a ningún sitio.

Nos queda leer, leer y leer. Una bonita manera de huir. Antes para eso se viajaba. Ahora es todo turismo. ¿O no?

Si somos tantos tantos tantos y tenemos tantos tantos tantos medios a nuestro alcance. ¿Por qué seguimos parados lamentándonos? Somos la generación del miedo paralizante dominados por los conservadores de izquierdas y de derechas. Pero no hemos inventado nada. Somos ineficaces. Por lo menos tengamos la vergüenza de no quejarnos. Pero duele el futuro que estamos no construyendo. ¡Al menos si fuéramos egoístas! Pero es que encima lo sufrimos.

Encima.

¿Quién escribe hoy en una nueva estructura? ¿Hay sitio para Tiempos Postmodernos? Sólo persiste la nausea.

PD. Yo no quiero dejar esto en herencia. Me lo echarán en cara, y con razón.

Paco Gómez Nadal dijo...

Hola amaiur.... se empieza por la acción. Yo creo, humildemente, que es en dos planos:
- El personal: cambiando modelos de vida para ser algo más coherentes y provocar el contagio. Cuando nos comportamos diferente la gente hace preguntas y la reflexión se multiplica. No te imaginas la cantidad de explicaciones que tengo que dar habitualmente por le hecho de no tener Tv en casa.
- El colectivo: para mi este es el más importante. En qué luchas nos involucramos y para qué. Los cambios no van a ser inmediatos jamás, Trabajamos para revolviciones que se plasmarán en décadas o en el próximo siglo. Luchar, luchar, luchar... lo único que podrás-podremos dejar en herencia es el hecho de no habernos rendido, de haber dado la pelea.
¿Qué más queda?, probablemente nada... luchar para triunfar es algo que no es posible. Se lucha por el imperativo moral de hacerlo y el fracaso, en ese sentido, no es tal.
Se empieza ya y donde estés....