28/1/10

En el extremo hay brisa

La brisa sopla aquí diferente. Tiene esa densidad liviana de lo necesario, esa forma de acariciar de la mañana. El cuerpo entumecido por la falta de vos no logra aún coordinar todos sus mecanismos, pero ya sabe que tu promesa puede provocar su alegría. Este tendón que ya lo es al sentirse entre tus muslos, este hueso que se acomoda en el espacio de tus anhelos, aquel pie, sí, ese, que mueve alegre los dedillos para hacerte señales de humo sin pulmones... y, mientras, la pregunta que siempre ronda y que no te contempla: ¿hasta dónde empujar, hasta dónde la causa precisa?
Es justo en el vórtice de esas preguntas dónde la brisa sopla diferente. Estoy en el extremo de mi extremo, con-probando hasta dónde me da el resuello, hasta dónde el miedo tiene injerencia, cómo no jugar con las peleas cazadas, cómo ir por libre para algún día ser libre. Las gotas de queroxeno caen por todas las juntas de este techo precario y la cerilla sin prender que guardo en los pliegues del pensamiento solo aguarda una señal para despertar, igual que mi cuerpo. De momento, la brisa aplaca los incendios inexistentes pero nadie quita para que en un instante todo se paralice y permita que nos vayamos al carajo.