12/3/15

Casquería callejera

Todo puede ser mejor. El vino, los desvelos, los bocadillos de jamón –ibérico, a ser posible-, la salud, el errático devenir de estos seres tan insignificantes. Caminamos sin mirar al frente, el suelo llama nuestra atención. Chicles pegados, alguna colilla, la pinche manía de limpiar nuestros despojos. Dejamos jirones de nuestras vísceras en cada esquina, pero los servicios municipales privatizados pasan la manguera sobre ellos: no es amable ver en la mañana nuestro intestino entre la niebla.

Todo debe ser mejor si apostamos al desaliento. A la desesperanza. A la lucidez. Mirar duele, ser duele en esta casquería tan democrática, tan falaz. Levantamos la mirada, identificamos un poste de la luz y vamos directos hacia él. Todo va a ser mejor, aunque la empresa encargada del mantenimiento haya olvidado este tramo de la vida.