
Los hijos de la exclusión miran a través de la reja buscando oxígeno o una mínima señal de compasión (el respeto parece demasiada quimera para este vomitorio). Cerquita de todos, de las ecuelas públicas a donde asisten sus reemplazos, de los aeropuertos de lujo donde turistas desprevenidos comentan de la modernidad del paisito, de la carretera por donde pasará el presidente después de haberse sentido importante en una cumbre de ricos a donde se cree pertenecer por propio derecho..
Los hijos de la exclusión no tiene casi ropa, son carcomidos por la sarna y el olvido y por nuestra fácil costumbre de voltear la mirada.
Los hijosde la exclusión son nuestros hijos , aunque nos molesten, aunque nos roben o nos maten. O, mejor dicho, por eso nos molestan, nos roban o nos matan, por ignorarlos cuando están fuera de estos muros y por enterrarlos en vida cuando ingresan.
No hay disculpa, no hay compasión, no hay derechos, no hay nada en estos ojos perdidos del homcida de 14 años que ya sabe que cuando mató a su víctima murió con ella. Mano dura contra los malos que los buenos seguiremos tranquilos en la anestesía de esta mentira global.
Cuando el poder decida que nosotros también somos malos, no tendremos lágrimas prestadas porque no gastamos ni una por ellos, por los hijos de la exclusión.