Sólo es cuestión de maña, mi negra. No más de hacerlo con cuidado. Desenvolver (lo) como si fuera de vidrio, acariciarlo como si pudiera quebrarse al roce de tu aliento, posarlo en una nube de altura sin confiar innecesariamente en su consistencia.
Es así y así debe ser porque desde que el tiempo se recuerda a si mismo hay asuntos de trato lento, de enjundia injustificada, de necesidad contingente y alegría estructural. Tú sabes hacerlo, sabes que lo sabes aunque sueles decirme que no, que tú navegas con artes de tierra firme. No prende de ahí el arado, mi amor.
Sabes. Y al saberlo de forma natural, no aprendida, lo haces sin esfuerzo. Tu maña no es hija de martingala. Por eso, cuando desenvuelves los recuerdos de la piel, ella estalla en pequeñas erupciones silenciosas, en emociones no contenidas e invisibles que segregan un olor inodoro sólo útil para alimentar tu deseo y mi cercanía.
La memoria de nosotros, aquella en la que hemos sido, nos sirve para seguir siendo. Por eso, no te preocupes. Solo sigue siendo que ya el instinto se encarga de lo demás. No más sé con el cuidado de quien se sabe imprescindible para el respirar del otro. Te lo pide el otro que -cuando me miras- soy yo.
13/2/14
30/1/14
Silencio impuesto
De pronto hay un silencio. Más silencio que el silencio
anterior. Un silencio que no acompaña, de esos que no se nos regalan sino que
son impuestos. Es la ausencia de los buenos. Da igual que sea ley de vida o
naturalidad de la muerte. El silencio de los buenos es una catástrofe para esta
humanidad tan necesitada de acciones y voces dignas, sólidas, confiables.
En unos días, se ha apagado un montón de fueguitos
imprescindibles. Los hay conocidos, como Gelman o Pacheco; los hay incrustados
en la vida cotidiana, sin focos ni estridencias. Puede que su silencio nos
duela a menos humanos, pero es tan catastrófico como los otros.
Luis Ramírez Feliú ha vuelto a la tierra, a fertilizar nuestras
ideas y recordarnos que la ética, la coherencia y las apuestas hay que mantenerlas
con terquedad y con convicción. La realidad es que no todos los fueguitos que
se apagan iluminaban igual. El de Luis fue durante décadas vereda transitada
por cientos de nicaragüenses, por cientos de catalanes, por ciudadanos del
mundo que entendieron su compromiso y la rotundidad de su seriedad divertida.
Sí, el silencio impuesto duele. O quizá, escuece. Escuece
tomar el relevo, saber que las voces perduran en nuestra conciencia colectiva e
interpelen a nuestra conciencia individual.
Buen regreso amigo. Los que nos quedamos aún, vamos a seguir
en las trincheras del pensamiento y la acción dignas.
16/1/14
Sensiblindad el planeta
No están hechas las sendas para sentir su rugosidad en las
plantas de los pies; como tampoco vivimos como para que las emociones tengan
sentido. El equívoco provoca angustia a las personas que, armadas de alma, se
empeñan en hacerse preguntas, en acariciar al otro o en entender el devenir.
¿Cómo puede unos creerse con el monopolio de la moral, de la
razón o de los cartuchos cargados? ¿Quién es tan puro como para creer que el
resto, todos, sin excepción, se equivocaron en sus apuestas? ¿Quién demonios ha
cedido su capacidad de pensar, de sentir, en terceros vestidos de armiño?
Sentir es vivir con una alegría triste cada instante; dejar
que el dolor se resbale por nuestra piel con la misma intensidad con que la saliva
elegida penetra en nosotros; provocar pequeños terremotos alrededor y estar
dispuesto a colarse en sus brechas… Pero sentir, por poco pragmático que nos
parezca, es el único camino posible en la revolución pendiente. Sentir desde lo
político, sentir desde nuestro cuerpo –primera trinchera política que tenemos-,
sentir el dolor ajeno tanto como nos permitamos el propio, sentir (nos)
poderosos aunque apenas seamos una amalgama de huesos y vísceras débil y
vulnerable.
¡Sensiblindad el planeta! Provocar que las emociones
impulsen cada paso propio o ajeno, instigad las pasiones, desatad la capacidad
de sentir los atardeceres como cabalgamos los orgasmos plenos y desinhibidos… a
sensiblindad, que el tiempo apremia y las cicatrices se enquistan.
15/1/14
Buen viaje viejo Juan
El terco empeño de la vida, a veces, pasa de largo. Otras,
te obliga, si tienes alma, a mojarte, a asumir las consecuencias, a buscar la
consecuencia de forma consecuente, a escribir para vivir, a vivir antes de
escribir.
Son pocas las personas que se engarzan en esta lógica y
cuando vuelven a la tierra dejan un espacio huérfano de aliento, de lógica o
sentido.
El viejo se ha ido y es una mala jugada en días de
resistencia hueca, de silencios abrumadores, de acoso sin límite a la
humanidad. “Es un muertito más”, dirán algunos; “no entrará en las estadística
de la violencia”, asegurarán con determinación los otros. Y es verdad. Pero
Gelman entra en la callada lista de los que dignifican a esta especie capaz de
crear belleza y experta en diseminar el terror y la violencia. Gelman entra
como sale, en un grito sin eco, en un vivir comprometido, en un crear en el
borde de la necesidad, sin pantallas, sin espejos, sin estruendos.
Nos dejas solos viejo, y eso es de mal gusto. Aunque,
viéndolo bien, ya era hora de que los que sólo somos comencemos a asumir que
nos toca estar y pelear cada adjetivo, cada pequeña composición que nos defina.
Buen viaje viejo Juan.
8/1/14
Resumen de prensa
Infantas nacaradas que se esconden en el regazo de su
vergüenza; ciudadanos que trasiegan rebajas como traficantes de sustancias
narcóticas que se esnifaran el negocio; ministros que abortan ideas que nunca
han tenido seguros de estar ganando la cruzada contra el enemigo inexistente;
poetas secos de vino, preñados de páginas en blanco que no encuentran versos a
los que seducir; madres obsesionadas por los lazos con los que condenan a sus
hijos; padres que corren porque no se corren, que disimulan su precoz eyaculación
frustrada (re) cogiendo la mesa de la casa en la que no habitan; periodistas
que olvidaron las preguntas; curas que no olvidan sus perversiones; abuelas
pluriempleadas; chulos sin putas a las que sangrar los pezones; niños
enganchados a la videoconsola donde subliman su imposible futuro; presidentes
que son secretarios; secretarios que van a los juzgados en nombre de los
presidentes; piernas que valen los millones que no tenemos y millones de gentes
buscando en la basura lo que la televisión no provee.
El resumen de prensa no me ha salido mal.
Miércoles
Los miércoles parecen a veces días malencarados. El viento empuja la polvareda al pliegue de nuestros párpados y los seres que creíamos humanos muestran el rostro del animal sin alma que casi siempre se agazapa en el pétreo gesto de la mañana.
El callejón no contiene luz hoy. Claro, es miércoles. Pero tú sabes que los días, al igual que los desastres naturales, nunca son lo que parecen; que al despuntar el jueves y retirar los escombros del día que ya no es siempre encontramos razones para el júbilo, motivos para silbar la canción de los felices.
Los miércoles, amor, también serán nuestros días. No podrán traer malas noticias porque los habremos forrado en melcocha, no podrán hacernos daño porque nos protege la indeleble luz de nuestros afectos.
Comprende a los seres que te muerden, disculpa los deslices de esta humanidad torpe y egoísta, surfea los problemas cotidianos encaramada en la tabla de la felicidad sincera con la que te vistes todas las mañanas. Incluso las de los miércoles.
El callejón no contiene luz hoy. Claro, es miércoles. Pero tú sabes que los días, al igual que los desastres naturales, nunca son lo que parecen; que al despuntar el jueves y retirar los escombros del día que ya no es siempre encontramos razones para el júbilo, motivos para silbar la canción de los felices.
Los miércoles, amor, también serán nuestros días. No podrán traer malas noticias porque los habremos forrado en melcocha, no podrán hacernos daño porque nos protege la indeleble luz de nuestros afectos.
Comprende a los seres que te muerden, disculpa los deslices de esta humanidad torpe y egoísta, surfea los problemas cotidianos encaramada en la tabla de la felicidad sincera con la que te vistes todas las mañanas. Incluso las de los miércoles.
20/12/13
cansatantacosaentinta
Cansa el repetir de los desengaños, el brutal silencio de
los muchos, la permanente explosión de la venas en mis raíces… Cansa tanta
estupidez escrita, tanta necesidad callada.
Cuando llegamos de la batalla, ese cansancio parece bíblico,
indeleble estruendo a nuestras espaldas. Pero… entonces… sacamos la cobija, nos
pertrechamos de las pieles de verano, prendemos la tenue calefacción de los
besos y logramos que nuestros cuerpos, ya livianos de recuerdos, vuelvan a ser
solo nuestros y tan del otro; solo alma encarnada en ti y en mi.
Cansa pensar en el despertar a este mundo enrocado en el
disparate, pero sabemos, sin duda, que volveremos a la cabaña de nuestro amor,
solo para reinventarnos, solo para encadenarnos a nuestra libertad silenciosa.
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