30/3/14

Preguntas de un domingo con sol


Por qué seguimos fingiendo que sabemos lo que hacemos. Por qué nos empeñamos en tener razón cuando no atendemos a razones que no sean de nuestra propiedad. Por qué estamos tan seguros de lo que tiene que hacer el otro cuando nuestras vidas están llenas de zurcidos. Por qué fingimos paz cuando caminamos con los ojos inyectados en rencor. Por qué nos decimos conscientes cuando es la inconsciencia la única ciencia de nuestra precaria alquimia. Por qué. Por qué respiramos mierda en lugar de vomitar lo que nos contamina. Por qué vamos por ahí blandiendo las ideologías como cuchillos de cocina listos a tajar sandías. Por qué lavamos el carro y dejamos sucia la memoria. Por qué insistimos en sacar brillo a nuestras casas aunque dentro anide el silencio en el lugar de la alegría. Por qué llamamos a amor a lo que quizá sea posesión. Por qué insistimos en golpear con la cabeza las paredes en lugar de echarle cabeza a cómo derrumbarlas. Por qué carajo somos tan bien portados, tan respetuosos de la “legalidad vigente”. Por qué tenemos miedo de todo. Por qué. Por qué nos da miedo el miedo, las heladas, el punzón de la pasión, las cucarachas, la poesía o el helado de queso en lugar de protegernos de burócratas, empresarios, gestores y predicadores. Por qué seguimos fingiendo que nada de todo eso es lo importante. Por qué reciclamos, como obedientes ovejas, la lata cargada de azúcar y veneno que nos hemos metido dentro para que allá afuera alguien gane pata con su desperdicio. Por qué no me miras a los ojos. Por qué la policía se “ve obligada” a golpearnos y nunca es violenta. Por qué nuestros estallidos de dignidad son antisistema. Por qué el sistema no admite anticuerpos tan inofensivos como nosotros. Por qué sistema de tres nos tenemos que bancar las primeras comuniones y los últimos deseos cuando lo lógico es poner primeros los deseos para después comulgar con lo último que nos convenza. Por qué has leído hasta aquí. Por qué he escrito hasta aquí. Por qué. Por qué.

25/3/14

Somos lo que olvidamos

Han sido días de insulto. De insulto a la memoria y a la dignidad. Dos países paralelos que no saben del otro, una mentira tras otra alimentando la indolencia.
El país oficial se inventa héroes (de papel), consensos (que podríamos llamar renuncias), transiciones (que son leyes del silencio), democracia (que podríamos denominar enfermedad), progreso (que sería algo así como la acumulación de AVES que no van a lugar alguno).
Mientras una parte mínima, pero grande, del pueblo se manifestaba bajo una palabra en desuso (dignidad); otra, mucho más pequeña pero muy crecida gracias al altavoz de los medios, hacía cola para ver a un país muerto hace tiempo. Su entierro no es la señal de un nuevo tiempo, sino la siembra de la cizaña nunca resuelta, la concatenación de una era de medias verdades con otra de mentiras completas. ¿Y las mayorías? Las mayorías andaban preocupadas de un duelo medieval y globalizado de tipos en pantalón corto que les roban su dinero y su energía. Las mayorías son silenciosas cuando hay que hablar y vociferan en masa cuando un silbato les ordenan que lo hagan.
Hay que tener mucha fe en esta especie de mastuerzos para seguir luchando por y con ella, pero no hay mucha más salida.
En Europa, en la decadente y patética Europa se sigue llamando crisis a no poder cambiar de carro mientras se anhelan los tiempos en los que la plata salía de los grifos de las frías urbanizaciones de la clase media. ¿Dónde estaban los indignados? ¿Qué preguntas se hacían sobre su ‘bienestar’, sobre los miles de millones de humanos desechables que eran necesarios para que su ‘democracia’ funcionara?
Como en la Argentina del corralito, sólo hace falta un poco de pienso para que se abandonen las calles y se vuelva al cálido onanismo en espera de la jubilación. Ese miedo, a no tener jubilación, a no obtener el ‘merecido’ descanso del buen trabajador, nos tiene ahora asustados, atenazados, viendo un abismo donde apenas hay un charca putrefacta alimentada de nuestra escatológica historia.
Éramos fruto del olvido. Vivíamos cómodos arrastrando el olvido de las víctimas de una guerra vil, conviviendo con la falsa historia que nos hablaba de unas Corte de Cádiz, de generaciones de grandes escritores a los que no hemos leído, con el olvido de la esclavitud y sus beneficios, de la ‘conquista’ y su terrorífica y vigente herencia… No hacerse preguntas es convertirse en victimario; reclamar sólo cuando a ‘nosotros’ nos va mal es un ejercicio de cinismo histórico y de intencional amnesia.
Los jóvenes ‘revolucionarios’ de esta España lloran por la reducción en sus Erasmus; los jóvenes ‘revolucionarios’ subsaharianos se tiene que conformar con dejarse la piel en unas vergonzosas vallas que no ha  logrado quitar el sueño a los mismos que nos decimos hartos del sistema, decepcionados de la ‘democracia’, dispuestos a encabezar un cambio social. Nos mentimos más que nos olvidamos.
Y si somos lo que olvidamos, somos el Cid y Alfonso I, somos Pizarro y el cardenal Cisneros, somos  Torquemada y e Solón Virreinal, somos López el Negrero antes de llamarse Marques de Comillas y somos Primo de Rivera antes de ser Marques de Estella. Somos el enano gris dictador del siglo XX y el reformista que ahora enterramos, somos el aún vivo González renunciando al marxismo y el enano con peluca que medró desde el estalinismo que ahora se nos olvida.
Ya sé, ya sé que nos gusta recordar a Cervantes y a Tirso, a Ortega y Gasset y a Lorca, a Nadal y a Indurain, pero eso… el recuerdo selectivo y hagiográfico es una trampa, una trampa que no logra burlar a la historia de la verdad ni a los fantasmas que rondan este cementerio de lujo en el que vivimos.
Somos lo que comemos y comemos mierda. Somos lo que olvidamos y olvidamos la mierda de herencia que gestionamos. Somos la primera capa de una escombrera en la que no queremos escarbar. Somos nuestra propia mentira, somos indignos bramando dignidad.
Hoy llueve.


7/3/14

Cumpleaños

Hoy he abierto los ojos y los tuyos han permanecido esperando el ritual vitalista de la pereza. Hoy he besado tus labios nuevos y he sentido el cálido aliento de la costumbre. Hoy he mecido tu alma y su pálpito ha cantado a un ritmo (des) conocido.

Hoy cumplimos 1.231 años juntos y aún nos quedan 1.321 para (re) conocernos.

13/2/14

Recuerdos de piel

Sólo es cuestión de maña, mi negra. No más de hacerlo con cuidado. Desenvolver (lo) como si fuera de vidrio, acariciarlo como si pudiera quebrarse al roce de tu aliento, posarlo en una nube de altura sin confiar innecesariamente en su consistencia.
Es así y así debe ser porque desde que el tiempo se recuerda a si mismo hay asuntos de trato lento, de enjundia injustificada, de necesidad contingente y alegría estructural. Tú sabes hacerlo, sabes que lo sabes aunque sueles decirme que no, que tú navegas con artes de tierra firme. No prende de ahí el arado, mi amor.
Sabes. Y al saberlo de forma natural, no aprendida, lo haces sin esfuerzo. Tu maña no es hija de martingala. Por eso, cuando desenvuelves los recuerdos de la piel, ella estalla en pequeñas erupciones silenciosas, en emociones no contenidas e invisibles que segregan un olor inodoro sólo útil para alimentar tu deseo y mi cercanía.
La memoria de nosotros, aquella en la que hemos sido, nos sirve para seguir siendo. Por eso, no te preocupes. Solo sigue siendo que ya el instinto se encarga de lo demás. No más sé con el cuidado de quien se sabe imprescindible para el respirar del otro. Te lo pide el otro que -cuando me miras- soy yo.

30/1/14

Silencio impuesto

De pronto hay un silencio. Más silencio que el silencio anterior. Un silencio que no acompaña, de esos que no se nos regalan sino que son impuestos. Es la ausencia de los buenos. Da igual que sea ley de vida o naturalidad de la muerte. El silencio de los buenos es una catástrofe para esta humanidad tan necesitada de acciones y voces dignas, sólidas, confiables.
En unos días, se ha apagado un montón de fueguitos imprescindibles. Los hay conocidos, como Gelman o Pacheco; los hay incrustados en la vida cotidiana, sin focos ni estridencias. Puede que su silencio nos duela a menos humanos, pero es tan catastrófico como los otros.
Luis Ramírez Feliú ha vuelto a la tierra, a fertilizar nuestras ideas y recordarnos que la ética, la coherencia y las apuestas hay que mantenerlas con terquedad y con convicción. La realidad es que no todos los fueguitos que se apagan iluminaban igual. El de Luis fue durante décadas vereda transitada por cientos de nicaragüenses, por cientos de catalanes, por ciudadanos del mundo que entendieron su compromiso y la rotundidad de su seriedad divertida.
Sí, el silencio impuesto duele. O quizá, escuece. Escuece tomar el relevo, saber que las voces perduran en nuestra conciencia colectiva e interpelen a nuestra conciencia individual.
Buen regreso amigo. Los que nos quedamos aún, vamos a seguir en las trincheras del pensamiento y la acción dignas.


16/1/14

Sensiblindad el planeta


No están hechas las sendas para sentir su rugosidad en las plantas de los pies; como tampoco vivimos como para que las emociones tengan sentido. El equívoco provoca angustia a las personas que, armadas de alma, se empeñan en hacerse preguntas, en acariciar al otro o en entender el devenir.
¿Cómo puede unos creerse con el monopolio de la moral, de la razón o de los cartuchos cargados? ¿Quién es tan puro como para creer que el resto, todos, sin excepción, se equivocaron en sus apuestas? ¿Quién demonios ha cedido su capacidad de pensar, de sentir, en terceros vestidos de armiño?
Sentir es vivir con una alegría triste cada instante; dejar que el dolor se resbale por nuestra piel con la misma intensidad con que la saliva elegida penetra en nosotros; provocar pequeños terremotos alrededor y estar dispuesto a colarse en sus brechas… Pero sentir, por poco pragmático que nos parezca, es el único camino posible en la revolución pendiente. Sentir desde lo político, sentir desde nuestro cuerpo –primera trinchera política que tenemos-, sentir el dolor ajeno tanto como nos permitamos el propio, sentir (nos) poderosos aunque apenas seamos una amalgama de huesos y vísceras débil y vulnerable.

¡Sensiblindad el planeta! Provocar que las emociones impulsen cada paso propio o ajeno, instigad las pasiones, desatad la capacidad de sentir los atardeceres como cabalgamos los orgasmos plenos y desinhibidos… a sensiblindad, que el tiempo apremia y las cicatrices se enquistan.