23/4/11

Manos a la obra



Sigo tu consejo Mir. Sigo en el empeño de hacer la revolución cotidiana al tiempo que imagino la cósmica.
En la casa han sucedido extraños acontecimientos en las últimas horas. Una mata de enredadera ha comenzado a crecer alrededor del televisor y hay unos extraños pájaros revoloteando en el pasillo que da a la despensa de la costumbre. He sacado de la cocina la nevera y a cambio he instalado aquella librería donde se apelotonan los mejores versos que he leido y algunos que nunca leeré para esquivar el abismo.
En la cama, esta mañana, me olvidé que me educaron como hombre, omito la dureza instalada en algún lado de este cerebro y me permito la ternura, la lágrima emocionada ante la belleza y el amor que recibo, muevo las manos y la lengua de otra forma, multiplico mis sensores, contengo las obligaciones y revoluciono mi manera de sentir, de derramar la energía que ya no es de-moledora.
Mi cabeza hoy no se parece a la de ayer. Pensaba entonces en el cómo subsistir y hoy dedico su tiempo a vivir en plenitud. Algunas veces, antes de esta pequeña revolución, algunas lágrimas eran ordenadas por mi cerebro ante nimios fracasos predeterminados, pero hoy ando ejercitando los músculos de la sonrisa como si fuera gratis este gimnasio con ventanas que llevo instalado en mis ojos.
En el trabajo he conseguido minimizar los riesgos laborales. Para conseguirlo he cerrado con llave la oficina, la he botado al río contaminado que surca esta ciudad y he saldio corriendo a trabajar en el jardín de mi madre: separar las malas hierbas de la flor por venir es tarea que requiere pericia, tiempo y ningún salario. Estoy dando los primeros pasos para descrear el sindicato de los gritos y las jerarquías para formar el colectivo anónimo de la horizontalidad: horizontal en la hamaca, horizontal en las conversas, horizontal para y en los derechos...
Vamos contruyendo la revolución compa... ¿cómo te fue el día?

22/4/11

Imaginar es hacer



Dicen que los libelos están de moda; que hay un tono panfletario en los textos que llaman a la indignación, a la revuelta, a levantarse contra este estado de cosas que en realidad es una lenta putrefacción de esas cosas. Critican que en las páginas del empute no hay muchas propuestas de solución. Cierto, no se trata de manuales de autoayuda sino de abrelatas de la conciencia. Las soluciones tocará armarlas entre todas y todos. Ya basta de reyes sol, de sabios, de dépostas ilustrados, de druidas o de iluminados de la revolución que conocen a la perfección la fórmula para la convivencia, para el desarrollo y para la igualdad. Sus soluciones nos han llevado hasta aquí y, a partir de este punto, no hay caminos conocidos.
Nada de acudir a viejas recetas, nada de añorar pasados que jamás fueron mejores. Es el momento de inventar, de equivocarnos pero por estar tratando de hacer algo nuevo, de destrozar hasta la última hebra el tejido de este sistema opresor, desigual, decadente en sí mismo, para, después, construir una alternativa que, probablemente, será más incómoda pero también más justa.
La mayoría, las mayorías, se encuentra aturullada. Las preguntas son retóricas y las respuestas decepcionantes. Por esto, desde la comunidad, desde la construcción colectiva, nos toca:

- Desenmascarar al sistema, quitarle la capucha a este verdugo que se nos presenta como padre protector.

- Medrar a cada instante para el desmoronamiento, el colapso, la ruptura sin retorno.

- Atrevernos a proponer ideas nuevas, por irrealizables que parezcan, y comenzar a diseñar su viabilidad.

Te imaginas... ¿unas elecciones sin votantes? ¿una toma masiva de viviendas vacías? ¿una desobediencia civil masiva a trabajar? ¿un boicot general a los supermercados? ¿la constitución de pequeñas comunidades de afinidades donde poniendo lo material en común se logre mayor libertad material? ¿mujeres que se nieguen a tener sexo con hombres patriarcales? ¿hombres que se nieguen a tomar las armas? ¿una sacada masiva de ahorros de los putos bancos? ¿misiones voluntarias en los barrios de médicos, de ingenieros, de plomeros, de psicólogos, de payasos, de agricultores, de filósofos...? ¿Te imaginas que imaginamos un mundo diferente y que lo ponemos en práctica?

20/4/11

Cuatro esquinas

Cuatro esquinas del planeta. No hay espacio que me parezca hostil cuando tu cuello me anuncia la llegada de tus manos. Hay realidades desbordantes, pero no insuperables; injusticias sangrantes, pero ni una renuncia a batallarlas; cañones hermosos por los que discurre savia fundamental, pero sin torrentes que nos hagan naufragar en el estremecedor paisaje de la hermosura; hay carros y gente y luces naranjas que dibujan un 'rebelde' y un par de otras obviedades, pero no distracción de lo necesario, de lo permanente.
Cuatro esquinas de una cama. Universo privado en el que no caben ni soldaditos de plomo ni tristezas sin fiesta o descanso. Aire fresco que solo circula para nosotros, olor, saliba, lenguas de tercipelo que buscan su premio después del amanecer de los párpados y el festín de las mondas que conforman nuestras máscaras. Único-y-sagrado-ritual de ser lo que nadie conoce, de soñar lo-que-nadie-puede-anhelar.
Cuatro esquinas de la encrucijada. Sin obligación de elegir. Disfrute en par de la duda del cómo vivir y de la certidumbre de la vida. Única posición posible en el entramado de la urbe emocional para los que, como nosotros, nos sabemos a salvo de las tempestades violentas del verbo escupido o del beso malencarado. Encrucijada permanente en la que siempre elegimos no elegir; estar para mirar, para tocar, para lamer la vida sin miedo sinsabores ni a dulces agriuras. Esas, de ñapa, suelen ser la antesala de azucarados placeres y de olivos centenarios dispuestos para la sombra y el parto.
Cuatro esquinas donde siempre te espero y donde siempre me acompañas. Cómo se puede sonreir tanto sin perder la razón. Cómo, cómo amor, mantener esta altura antinatura sin perder ni por un instante el equilibrio. Cómo, cómo, como mi vida, has logrado que estas luces parpadeantes del mediterráneo que albergo se hayan convertido en alboradas eternas para tus ojos....
Cuatro, tan solo cuatro esquinas de este infinito telar de casualidades.

11/4/11

Sólo imágenes

La decandencia y la decencia. El olvido, siempre.

Todo en el mismo espacio público, en el mismo andén de la ceguera. A un lado, decenas de chicas embadurnadas para paracer mayores, encaramadas a los andamios del patriarcado para ser cazadas. Hombres mayores que ellas, embutidos en camisas para dos tallas menos, colmillos afilados, torpes requiebros no de coqueteo sino de buitres carroñeros buscando hacer una muesca más en sus penes plásticos como plásticos son sus cerebros. [Flash back: Sayyed Qutb escandalizado ante la superficialidad de esos adolescentes y jóvenes gringos de los cuarenta]

Cerca,a escasos metros, llega el autobús de los que ya fueron y ahora tienen derecho a disfrutar. Otra generación, la que vio la mierda y salió de ella, la que tiene la culpa de habrnos permitido olvidar amparados en el silencio del "ya pasó". [Flash back: las series televisivas en Iberia muestran lo que fue un sueño de progreso disfrazado de folletín de amor. Sus protagonistas y opositores lo ven cada noche como si ellos no hubieran sido parte de esa historia. Nadie habla de ello.]

Ahora entiendo un poco más esta indolencia, esta parálisis que como profetizaba este fin de semana García Montero, nos llevará a la derrota, a la postración mansa de los derrotados y humillados. Los unos, ignorantes y estupidizados por una sociedad donde la apariencia triunfante y el aparente triunfo se marca en todos los horarios; animalizados humanos vestidos como payasos que no eligen ni quiénes son ni cómo parecen. Los otros, derrotados de una batalla de ideas y abrazados a la del confort. Ya dieron lo suyo, sí, trabajaron como mulas engañados por la responsabilidad capitalista, pero también ayudaron a hurtar lo nuestro. [Salvavidas: y veo a José Luis Sanpedro y recurso a Saramago y redignifico a Hessel]

En medio, todo un abanico de incoherencias e incoherentes, como nosotros. Luchadores contracorriente que saben perdida la batalla de antemano, bienintencionados peligrosos que juegan a mantener el sistema vivo con curitas y anestesia, politicastros con buen discurso que no han logrado evitar siquiera que extirpen de sus barrios las flores de primavera, periodistas que escudados en el emplo se han olvidado del sentido de su trabajo...

Las chicas de minifalda imposible y rostro transformado sólo aspirarán hoy a triunfar el próximo fin de semana. Los machos sin cabeza seguirá urgando en sus testículos para encontrar argumentos válidos para su miseria. Y yo, miraré a ver si la noche me deslumbra con la esperanza del nuevo día.

10/4/11

Manifiesto urgente sin prisa

No hay razones para luchar. O las hay todas. Dicen los viejos anarquistas, y más de un filósofo, que el unico sentido de la vida es su "sinsentido". No hay ningún fin concreto para el cual vivir, ninguna tarea impuesta por el destino, ninguna tarea superior encomendada por dioses o mercados. Sin embargo, ese "sinsentido" nos obliga a ser protagonistas de nuestro tiempo histórico. Se lucha porque es nuestro momento, porque no podemos enajenarnos a nuestra responsabilidad en la línea obtusa del tiempo. Pero no se lucha para ver resultados. Aunque parezca un argumento casi cristiano, en realidad es bien revolucionario. Como diría Malatesta, se hace la revolución cada día y se pierde al instante, por eso no hay que cesar en ella. Hacemos la revolución cotidiana para lograr la mayor: un cambio real en nuestras sociedades, pero ese cambio es lento, se cocina sin fuego, en las cocinas de las pequeñas luchas. Evo Morales le debe su presidencia a gentes que llevan luchando desde hace 300 años; las mujeres pueden votar hoy por la pelea de las sufraguistas que murieron sin votar; los derechos civiles se conquistaron con la sangre de millones de personas a las que se violaron sus derechos civiles.... En fin... que luchamos, simplemente para ser dignos, para reconocernos en el Otro, para mirarnos al espejo y no detestarnos.
Por eso no hay que desesperarse ni ser crédulos. Los partidos políticos occidentales de este principio de siglo llevan en su mochila el lastre de la verguenza: por lo que han hecho o, mucho más grave, por lo que han dejado de hacer; los sindicatos mayoritarioa todavía miran perplejos a su imagen desdibujada después de haberse convertido en "sistema" con la engañifa clásica de que "para cambiarlo hay que estar dentro"; los movimientos ciudadanos aún tratan de entnder qué les pasó, porque no han sabido leer el momento y reinventar su armamento ideológico y de acción.
Por esto, nos sentimos solos, en la terrible soledad de la lucidez -"martirio permanente, inimaginable proeza", como escribió Cioran-, del deber de actuar pero no encontrar escenario amable en dónde hacerlo. Eso no es grave, solo es real. Hay que ser conscientes de que solos no podemos hacer casi nada y de que la compañía se encuentra en el camino, en los incontables vericuetos del fracaso.
Luchamos solo para horadar al sistema con la paciencia de la gota de agua que esculpe montañas. Luchamos porque sí, porque no hay otra opción, excepto la muerte del alma por omisión, excepto la renuncia a creer en la Humanidad y refugiarnos en un onanismo individualista estéril. Como el viejo Hessel creo en el poder de la indignación, pero de la indignación colectiva y dicharachera, ruidosa, urgente, paciente, organizadamente anárquica, razonable, irracional, enamorada, provocadora, brutal... torrente de ira que se convierte en fuerza social imparable en el tiempo, aunque limitada en el instante. Luchamos para pasar de lo coyuntural a lo necesario, para -como cantan DavidvsGoliat- defender la alegría y organizar la rabia. La frustracion forma parte de este camino, pero sólo como instante reflexivo para rearmarse de sonrisas y argumentos.
Despertar es difícil; rendirse, imposible.

26/3/11

Los abrazos lejanos III

Gota a gota, resbalan por el serpentín los abrazos. Destilan no solo dolor -que también-, sino la necesaria conversación de pieles que acumulamos de manera insospechada y nada sospechosa. El alambique está repleto, el fuego, caldeado por la primavera naciente, no cesa de crepitar, las brasas no son esta vez cama para comidas de confraternidad sino lacerantes testigos de una ausencia forzada. Desde el privilegio del recuerdo vivo, algunas gotas más de alcohol abrazado en el que bailar la necesidad de vuestra presencia.

- Hay abrazos distantes, esos que nunca se dan aunque se deseen. Guardamos las formas porque somos serios: luchadores-de-la-sociedad-civil-debatiendo-el peso-específico-del-planeta. Pero son abrazos dados de esquina a esquina de la larga mesa en la que buscamos coincidencias y diluimos -intencionalmente- las diferencias. Serían muchos si fueran individuales, pero este abrazo es uno, oblicuo, masivo, íntimo al tiempo. Podría ser para ti, la mujer con el corazón más grande que he conocido, y con la casa más flexible, y con la dotación de valentía inconmensurable que te permite ayudar a todas esas otras mujeres, u hombres, abusados por esta sociedad patriarcal que nos asfixia. O para ti, hombre de persistente lucha, micrófono indignado cada mañana casi cuando el resto bosteza su letargo aprendido, su pobreza cotidiana... voz sin aristas que acaricia la vehemencia como quien sabe que la batalla es hasta el último día. Son más, pero estos dos ya se hacen tan inmensos que me faltan brazos y alma...

- En la terraza de tu barco de madera sembrado en la arena de Jaqué hemos soñado a destiempo. ¿Quién nos iba a decir que la desgracia nos haría encontrarnos, olernos, retarnos, abrazarnos a pesar de nuestros cuerpos contradictorios y nuestras edades abisales? Hermano, maestro en abrazos y en revueltas, insistente faro para el cambio que quizá nunca se produzca... cómo añoro desde acá la posibilidad de tu voz, la sonrisa juguetona de tu adultez infante... cómo, cómo me cuesta pensarte y tener que aplazar estos años en nuestra carrera por recuperar las décadas en las que las vidas nos hizo esquivos.

- En tus sueños han aparecido monstruos, pero la vigiliza debería ser más amable, más como tu, más bondadosa. En estos aos muchos abrazos en tus momentos más frágiles, en los míos más dubitativos. Ahora, el silencio, la imposibilidad de compensar con palabras la distancia. Imagino. Pero en tu optimismo cromático, deberías saber que todo al final encuentra acomodo, que los monstruos son temporales y que los humanos de verdad son permanentes, hasta en la muerte. Pelearás con una canción de ingenuo positivismo, pelearemos sobre los caminos que llevan a las soluciones. Tú pensarás en parches de alivio, yo en incendios desesperados. Al final, nuestro abrazo se reencontrará en las tierras altas de un mundo devastadi y posible.

- ¿De dónde sacas esa risa? No hay sonrisa en tu registro, solo risa a carcajadas, poder de mujer poderosa en puro estado de explosión. Tu cuerpo sin engaños se balancea en la cuerda floja del romper-aguantar y tu corazón, grande como nuestros sueños comunes, como los espacios únicos que compartimos, logra que mi pesimismo se arrugue en los pasillos de Santa Familia y que mi impostado optimismo se cuele en las salas donde hemos garabateado los lemas del cambio, del tumbe, de la poderosa razón que nos empuja. Tan poco tiempo en mi vida y tantos abrazos ya acumulados. Ahora, eres la timonel del sueño, con otras manos voluntariosas empeñadas en soplar a las velas-pancartas que nos impulsan. Sigue, sigue, sigue hasta que el puerto se llene de gente, hasta que el barquito precario que comenzamos a construir hace algo más de un año tenga embergadura de trasatlántico sin turistas.

24/3/11

Abrazos lejanos II

En el proceso de abrazar sin cuerpo no hay orden ni razón, solo brotar sin jerarquías y con sentido. Siguen saliendo, quién sabe a cuenta de que, en estas tardes de ventina y agua espolvoreada:

- Trato de abrazar a Günter Anders para ver si, atravesándolo, rozo tu voz atropellada. Coincidiendo en nuestro pesimismo cósmico, no podemos más que continuar -en la distancia- el andar de las preguntas, el trastabillar necesario de tratar de entender esta locura, la apasionada carrera por convencerson sabiendo que jamás lo conseguiremos. Fuiste archipiélago cuando yo era isla solitaria, tu voz y tus letras acumuladas en anaqueles de cariño fueron mi albergue y mi plataforma. Este abrazo envenenado de anarquismo tratará de sustraer tu obcecada permanencia en ese error que tanto me gusta.

- La muerte apareció en el momento que es, pero nos robó el abrazo debido. Contenido, como vos, a veces anudado, pero sincero y poderoso. Algún pacto haremos con el tiempo, alguno más con el espacio, para remediar nuestra ausencia cuando más lo necesitabas. Nos dolió no dolernos contigo y, ahora, en la distancia preñada de injusticias, solo pensamos en cómo seguir viviendo, que es o que nos toca a todos los que aún abrimos los ojos en las maánas contradictorias de nuestro tiempo.

- "Los caminos de la vida..." y ahí estás... con esa sonrisa encaramada y esa cara de yo-no-soy que tanto es. "No son lo que yo esperaba"... y quién lo iba a esperar querida, quién nos iba a decir que te sentarías en ese sofacito desconchado de nuestra ya-no-sala tan triste como el gris de las tardes plomizas de la Bogotá en la que no estábamos. "No son los que yo creía"... porque creer es de ingenuos ¿verdad? Pero no comer, hablar, reír, bailar...eso es de gente viva, de amigos, de hermanos en el tiempo. "No son lo que imaginaba"... imagina... imagina que tus conchuelas con tocineta resbalan por esta garaganta y que nos bebemos hasta la última gota de vino de tu casa y de la vida. Un abrazo de sal y verbo.

- La vista desde tu terraza es la de mi llegada a Panamá. Ese Casco Viejo cada día menos viejo y con menos viejos. También es la de tu infancia, y la de tus anhelos. Es cierto, nuestra amistad era extraña, no tanto por generaciones, sino por ilusiones: yo jugando a tenerlas, tu jurándome que ya no las tienes y, en medio, conversaciones atropelladas para conocernos aún sabiendo que el mundo nos desconocía. De lectora a abrazadora, de desconocida vecina de vecindario ajeno, a parte de esta vida tan ingenua como apasionada. Si este abrazo te llega sabrás que tengo la ilusión incontenida de re-encontrarte.

23/3/11

Algunos abrazos lejanos



-Esa cerveza está pendiente ¿no? Sería lo justo después de tantos meses sin vernos. Llegas de tu embarque y aterrizas en la taberna, una pinta gigante y unas cuantas dudas. ¿Qué hacemos? ¿Para qué lo hacemos? Pero al menos nos podríamos abrazar ¿no crees?

-Esas lágrimas se quedaron allá. Recuerdo las primeras, hace ocho meses, en aquel primer intento de quitarme de enmedio. Te dije: "tranquila, no va a pasar nada, no o van a conseguir". Esta vez, para evitar las mias, te pedí que contuvieras las tuyas, pero esas lágrimas, al menos, cayeron en mi camisa gracias al abrazo. Ahora que empiezas algo nuevo o que, al menos, has pasado pagina, no podremos abrazarnos tan fácilmente.

- Has sacado fuerza de algún lugar que yo desconozco. Ese cuerpo tuyo engaña. Parece frágil, pero tu alma logra que todo sea más llevadero para nosotros. Nos acompañaste, nos defendiste, nos arreglaste papeles y cajas, vendes, hablas, soportas nuestra ausencia como una injustificada presencia. Y yo, sin forma de abrazarte, sin manera alguna de buscarte en la voz esquiva ni en la necesidad irremediable de un cigarro en la terraza de tus palabras.

- Compa, tan grandes y tan débiles. Tantos años de coexistencia y de supervivencia. De rones atravesados y de rones imprescindibles. La amistad debe ser así ¿no?: tan diferentes y tan necesarios. Nuestros cuerpos abrazados son más grandes que bailando y, sin embargo, podría cambiar un abrazo por un ziz ziz ziz de tu voz y una arrastradita de pies con cuatro tragos de más animando brazos y melena.

- Este abrazo diario contigo tiene que sustituir al resto. La paz que me da logra que las distancias sean solo un asunto temporal, quizá molesto, pero no irremediable. Me abrazo a ti como, no como náufrago desesperado, sino como diestro aficionado a la luz y a los amaneceres de melcocha en los que despierto.

Las excusas legales









Pongo a disposición las resoluciones de Migración según las cuáles fuimos expulsados de Panamá, además de poner mi cédula mal y contener varios adefesios jurídicos, sólo indican como causa la de "instigación a la violencia", a pesar de que ahora el Gobierno insiste en la tesis de que yo estaba con un estatus ilegal en Panamá. Además, en ninguna resolución se me quita mi estatus de residente, aunque a pesar de ese "pequeño" detalle se quedaron con mi cédula panameña.

10/3/11

Carnaval

El carnaval disfraza el disfraz. Ciudadanos enmascarados en la cotidianidad buscan nueva máscara para fingir alegría o simplemente para olvidar tristezas. No hay pues juego, sino desaliño, descontrol de cuerpo y olvido de alma para la falsa sensación de jolgorio.
La realidad, amarga para la mayoría, sigue su curso de mentiras y designios. El poder, que no descansa, sigue llenándose los bolsillos -cuenta orgullosa Forbes-, las mentiras llenan de su tinta indeleble los periódicos del ayer -cuentan todos sobre Libia y otros espectáculos de prime time-.
Mientras, unos cuantos, siguen en el desvelo de la urgencia de protestar, de hacer muescas en el brillante reflejo de la opulencia. Unos, desde las montañas vigiladas de la Comarca, otros, en esperpéntica Comparsa necesaria. Todos son pocos, pero todos imprescindibles en estos tiempos de mascaradas dobles.
Quizá por eso, en días de alegría fingida, el viejo Esteban decidió morirse, para recordar al resto de la Humanidad que los valientes no son inmortales, que la alegría no prende en las tiendas yermas tras el paso de la maquinaria del progreso, que en las luchas por la dignidad y la supervivencia no hay ni fiestas ni disculpas, solo necesidad y tribulaciones.
Sin máscaras, los activistas de la verdad se enfrentan al gigante contorsionista de la mentira armados de honestidad y de compromiso. No es poco.

5/3/11

La necesaria insumisión

Es raro caminar por aquí. Echo de menos a mi gente, los olores de acá se tornan desconocidos, el tacto de las calles parece aterciopelado rasgar en la piel lacerante. Es el contorno del exilio, de estar sin haberlo decidido, de reconocer lo que es mío desde una posición no imaginada, desde el extrañamiento del que ya no transita.
La libertad se me aparece desnuda. La libertad, ese anhelo cosido en el revés del alma humana, es el único asidero para soñar un mundo diferente. Y pienso que en este universo de prohibiciones, de señalética de lo legal y lo ilegal, el ser humano debería declararse insumiso a cualquier autoridad que cree saber lo que es bueno y malo, lo que es correcto o incorrecto. No hay un solo camino, ni siquiera el propio, pero todos deberíamos exigir el derecho de equivocarnos de vereda, o de acertar de charco.
En el exilio en territorio propio, el dolor se multiplica. ¿Por qué la injusticia anida de esta forma? Lo sabemos de sobra pero nos dan miedo las respuestas porque de pronunciarlas nos obligarían a movernos, a renunciar, a apostar.
Y hoy, aquí, sin duda alguna, sin tristeza ni desazón, yo apuesto. Apuesto por la gente, por los excluidos del festín, por aquellos que, aún incomprendidos, saben por qué hacen las cosas, por qué están anclados a la tierra para defender generaciones y cosmovisiones. Apuesto por la libertad de ser incluso detrás de rejas, incluso, delante de la opulencia del falso desarrollo.
El exilio no es una condena, sino una obligación. Un recorderis de la responsabilidad individual en lo colectivo, un acicate para evitar la somnolencia y la torpeza que impone este tiempo pretérito.

Pero el exilio, amor, no puede ser condena cuando habito en ti, único territorio fértil para el mañana. La libertad, amor, está en ti que comprnedes esta urgente rabia que me empuja en los territorios liberados de la utopía.
Para ti, y para el resto, los versos de este pequeño libro que me acompañó en el trayecto que señalaron con descaro los poderosos. Este libro que me regaló la luminosa presencia de Amalia, sabedora ella de mis palabras y de las agujas con las que tejo la red en la que atrapo mis sueños. Para ti, estos versos de Javier Velaza.

El Salvavidas

No es inutil amarse,
finalmente.
Lo mismo que amaestrar serpientes, nos exige
técnica refinada y perder la vergÑuenza
de actuar frente al mundo en taparrabos.
Y unos nervios de acero.
Pero amar es oficio
saludable también: su liturgia apacigua
el ocio que enajena -como supo Catulo-
y perdió a las ciudades más felices.
Bajo la cuerda floja dispone -no pidáis
una red, porque tal no es posible- otra cuerda,
tan floja, pero última
tan inútil a veces,
bajo la cual no hay nada.
Y entreabre
ventanas que te oreen la cólera y exhiban
a tu noche otras noches diferentes, y así
sólo el amor nos salva a fin de cuentas
del peligro peor que se conoce:
ser sólo -y nada más. nosotros mismos.
Por eso,
ahora que está ya dicho todo y tengo
un sitio en el país de la blasfemia,
ahora que este dolor de hacer palabra
con el propio dolor
traspasa los umbrales
del miedo,
necesito de tu amor analgésico;
que vengas con tus besos de morfina a sedarme,
y rodees mi talle con tus brazos
haciendo un salvavidas, para evitar que me hunda
la plomada letal de la tristeza;
que me pongas vestidos de esperanza -ya casi
no recordaba una palabra así-,
aunque me queden grandes como a un niño
la camisa más grande de su padre;
que administres mi olvido y el don de la inconsciencia;
que me albergues de mí -mi enemigo peor
y más tenaz-, que me hagas un socaire,
aunque sea mentira
-porque todo es mentira
y la tuya es piadosa-;
que me tapes los ojos
y digas ya pasó, ya pasó, ya pasó
-aunque nada se pase, porque nada se pasa-,
ya pasó,
ya pasó,
ya pasó,
ya pasó.
Y si nada nos libra de la muerte,
al menos que el amor nos salve de la vida.

4/3/11

Entrevista en Telesur

Donde la mentira germina

La mentira es el reino de los poderosos. Ellos la siembran allá donde pueden, la cuidan, la engordan dispuestos a sacrificarla cuando más les convenga. Los medios de comunicación son el invernadero de la mentira, le dan el calor y la humedad necesarios para germinar para crecer como verdad a pesar de la grosería de su origen. Reproducimos las mentiras oficiales porque son oficiales, las cuidamos para evitar que nos arrollen, que nos lleven en la corriente que limpia de verdad el universo mediático y la gris realidad cotidiana.
Cuando la mentira te ataca se puede tener la tentación de flaquear, de mirar para otro lado, de callarse para no provocar a la bestia. Pero solo hay una verdad indeleble: la realidad está a pie de calle, o en el barro de las veredas olvidadas, NO en las salas donde se realizan las conferencias de prensa ni en las cómodas poltronas que el poder brinda a los periodistas para que desde ellas transmitan la mentira como si fuera la única verdad.

21/2/11

Inés y la ignorancia

La ignorancia no es culpa ajena pero tiene raíces externas. Es cierto que nadie puede cubrir los abismos del desconocimiento excepto uno mismo pero, con los años, se hace más evidente que la manipulación educativa decide sobre dónde y cuándo echar sombra. Leyendo el último libro de Almudena Grandes, Inés y la alegría, me ha regresado ese picor intenso que mezcla sentimientos de vergüenza, indignación, cabreo y la urgente necesidad de encerrarme a leer los próximos 10 años para tratar de compensar mi ignorancia de los 40. ¿Cómo que los comunistas trataron de reconquistar la España usurpada por Franco y sus mediocres desde el Valle de Arán? ¿Por qué nos usurparon de la memoria el dolor de los exiliados, la suciedad de las cúpulas políticas, el triste derrotero de un sueño convertido en pesadilla que no ha acabado? ¿Quién nos ocultó el papel habitualmente doblemoralista de los ingleses?

La sensación se agudizó ayer al leer los especiales sobre el 23-F. Mi memoria de niño me habla de miedo e incertidumbre, de mitos rastreros y de descaro político (si no quese lo pregunten a socialistas, comunistas y otros arcángeles semejantes), y la memoria parcial y fragmentada de libros y medios habla de conspiraciones casposas y mugrientas, al más puro estilo de los militares y de la ultraderecha españolas, tan de mantilla y bocadillo de calamares.

No es nada nuevo. Desde que pisé por primera vez Latinoamérica, hace 15 años, he navegado entre la perplejidad y la mala hostia al darme cuenta de lo poco o lo nada que un español sabe de estas tierras, de aquella cutre conquista y de esta trsite neocolonización. Aunque eso no es lo más grave. Mi tristeza se duplica al constatar el poco interés que al español medio le sigue despertando este mundo y sus veredas.

La ignorancia es responsabilidad propia pero también mentira del poder, construcción mítica de los ganadores, puro entretenimiento para engordar prejuicios, una patética balada viscosa donde naufragar como sociedades y, por tanto, como individuos. El Wikileaks de la historia es más escandaloso que los cables de la desvergüenza contemporánea.

19/2/11

Vuelo

Emocinado ante el poder de tu llamado, mi cuerpo solo quiere estar en tu hogar. No trato de disimular; no quiero desaprovechar el rumor estruedoso de este amor. Y sí, cuando hay kilómetros por en medio y un teléfono que no me permite habitar en tu olor, me doy cuenta de lo única que es mi vida hoy, de cómo quiero extenderla para siempre, de cómo desearía que las miserías de este planeta no hicieran ruido con sus famfarrías del desastre. Sonrío al pensarte, me enloquezco al reconstruirte en mi mente, en mis manos que sólo quieren ser en ti. Vuelo en tu dirección. Como no-puede-ser-de-otra-manera.

28/1/11

Los hijos de la exclusión



Los hijos de la exclusión miran a través de la reja buscando oxígeno o una mínima señal de compasión (el respeto parece demasiada quimera para este vomitorio). Cerquita de todos, de las ecuelas públicas a donde asisten sus reemplazos, de los aeropuertos de lujo donde turistas desprevenidos comentan de la modernidad del paisito, de la carretera por donde pasará el presidente después de haberse sentido importante en una cumbre de ricos a donde se cree pertenecer por propio derecho..
Los hijos de la exclusión no tiene casi ropa, son carcomidos por la sarna y el olvido y por nuestra fácil costumbre de voltear la mirada.
Los hijosde la exclusión son nuestros hijos , aunque nos molesten, aunque nos roben o nos maten. O, mejor dicho, por eso nos molestan, nos roban o nos matan, por ignorarlos cuando están fuera de estos muros y por enterrarlos en vida cuando ingresan.
No hay disculpa, no hay compasión, no hay derechos, no hay nada en estos ojos perdidos del homcida de 14 años que ya sabe que cuando mató a su víctima murió con ella. Mano dura contra los malos que los buenos seguiremos tranquilos en la anestesía de esta mentira global.
Cuando el poder decida que nosotros también somos malos, no tendremos lágrimas prestadas porque no gastamos ni una por ellos, por los hijos de la exclusión.

21/1/11

Páginas compartidas











Unos dias desaparecido de este espacio. Las palabras atraganatadas en medio de los sueños y a caballo de lo que viene. Ayer, por fin, pude presentar el libro El Malcontento, estas palabras en Panamá y fue una hora y media hermosa en la que unas 80 personas me demostraron que tiene sentido lo que hago, o al menos tiene sentido para ellas y ellos. El apoyo de Pilar, Gi o Carlos, las palabras emocionadas de Raisa o Celia, las gentes que no conocía y que me conocen entre líneas... Lo disfruté, lo sentí, lo gocé y lo agradezco. Las páginas ya hansido compattidas.

30/12/10

Pasa la página

Hagamos corte, pasemos la página del año para comprometernos a que en 2011 vamos a vivir más intensamente; amar sin redes de seguridad ni expectativas; pelear en las trincheras adecuadas para que este mundo extraño no termine de desmoronarse; exigirnos más a nosotros mismos aun a fuerza de incomodarnos; incomodar a los otros si es para recordarles que vivir en sociedad es luchar por lo común; buscar hasta la última brecha de este sistema perverso para hacerlo cambiar o morir; recordar a los caídos, a los que han dado su vida por nosotros a pesar del olvido que ya son; soñar, aunque nos acusen de soñadores, con un mundo más hermoso, más justo, más equitativo y más humano.

Que así sea. Que 2011 no sea el final de nada, pero sí el principio de la siembra colectiva para el cambio total, el año en que la sociedad civil fue consciente de su poder, en el que el poder fue consciente de su pequeñez; que 2011 sea tu ao, mi año, pero también el año de los excluidos, de las periferias, de los sures y de los tristes nortes, del inundado este y del amontonado oeste. Hagamos milagros, construyamos microutopías, no nos olvidemos que cada uno tiene una obligación moral con el tiempo que le ha tocado vivir y que ese tiempo es tan insignificante que desperdiciarlo sería delito. Hagamos de 2011 el principio del fin de la impunidad de nuestra irresponsabilidad.

Mientras, agotemos estas últimas horas, malgastémoslas en abrazos, en besos finitos y en arrumacos imprevistos, digamos lo que se nos pase por la cabeza y dejemos a un lado la cabeza para que el cuerpo sea una fiesta. Abrazos a todas y todos, deseos sin límites.

Fechas comparadas

Hace un año los días eran más largos /el olor de tu pelo no rellenaba los ángulos muertos de mi casa/. Hace un año intuía tiempos amables /no sabía que se avecinaban días de sonrisas incontenibles ni noches repletas de algodón/. Hace un año conjuraba la tristeza con un par de lecturas esperando tu paso firme y temiendo un arrepentimiento sin lágrimas /y saltaste al abismo como quien sabe que, como los dioses, goza de la inmortalidad del alma/. Hace un año un año más sólo era una utopía /ahora pareciera cada año nuevo un regalo con lazo que pudiera desempacar cada maána/.
Hace un año sabía que te amaba. Hoy, sé que es esa la única manera de negociar con el tiempo y sus aconteceres.