11/5/12

Tarde con un poeta (diálogo sin contraparte con Luis García Montero)



Una ciudad pequeña, burguesa, adormecida por el vertiginoso y cadente paso del tiempo. Una ciudad de un banquero a donde llega un poeta seguro de que “no hace falta la promesa del triunfo para defender las convicciones”. Luis García Montero, dice una asistente a la charla, parece “un predicador”. Yo creo que parece un poeta.

11/4/12

Nada más

No tengo más para regalarte a cambio de la fuerza de tu mirada, del brutal impulso de tu sonrisa, de la caricia infinita de las yemas de tus dedos. No tengo nada más porque parezco un aprendiz en este universo hostil; un adolescente en un mundo de adultos grises; un extranjero entre los nacionales de este país de hombres de éxito; un salvaje para esta civilización de plata y futuros.
No tengo nada más que regalarte que las palabras que moldeo con torpeza, nada más que los besos con los que te aguardo o los adjetivos con los que te desvisto. Espero que sea suficiente para retribuirte el don del amor, el regalo de tu alma, la dádiva permanente en la que navegamos sin tormenta.
Es verdad, amor. No tengo nada más, pero tampoco sé si lo quiero. Parecías feliz esta mañana, al despertar adormecido del día. También lo parecías a medio día, en el tiempo comprimido de la libertad condicional. Espero que esta noche, al reposar en la libertad sin condiciones de mis palabras, de mis apenas abrazos, justo antes de abandonar tus párpados al ensueño de la penumbra, lo sigas siendo. Yo, a cambio, te daré todo lo que tengo. Nada más.

2/4/12

(I) realidad

Todo es irreal cuando al llegar la noche no puedo relatarte este lento acontecer apoyado en tu pecho. Todo parece ficción contaminada cuando no eres tú la que respiras a mi lado. Todo es mentira... excepto que existes; que me haces existir.

Las sirenas suenan desacompasadas,

hay siempre helicópteros cubriendo a la ciudad con piruetas aéreas

obscenas,

las frutas parecen de cera y se niegan a pretarme su olor

no encuentro en mi pasos el ritmo de la vida que suele acompañarme

Voy a cerrar los ojos, lentito, como si no hubiera tiempo que contemplar, para acercarme a ti, para ser, como mínimo el sueño que te acompañe en este amanecer lejano.

30/3/12

Nuestro (s) tiempo (s)

Son tiempos estúpidos los nuestros, amor. Son los nuestros. Aprender a convivir en ellos es tan difícil como sobrevivirlos con un resto de dignidad. La historia y los errores no nos han servido. Despreciamos el saber de nuestros antecesores, olvidamos la palabra de nuestros propios ancestros… el brutal golpe de aquella noche de julio, la estúpida manía de acabar con el vecino en esa aldea del sur, la consistente tarea pestilente de os que cargan sombreros.

En estos tiempos –rápidos, violentos, mentirosos- es imposible mejorar en soledad. No hay lecciones, ni libros, ni clases magistrales dónde se pueda aprehender el mal olor que baja de las azoteas. Juntos, tu y yo, juntos así, sin levantar tanto la voz, sin avisar de nuestras intenciones, deberíamos ser capaces de habitar la tierra descalzos, preguntándonos, preguntándoles el porqué de la locura, el reverso de la sinrazón. Es posible que no logremos las respuestas, pero es seguro que nuestro tiempo será nuestro, y que, a punta de la necesaria duda, podremos atrincherarnos al menos en la única certeza que hoy me enraíza y me hace aire, que hoy te eleva y te hace luz. Nosotros. En este, nuestro tiempo.

Elogio a la debilidad

Nos enseñan a no llorar, a ser fuertes, a enfrentar la vida como quien sale al Coliseo convencido de que no habrá león que lo eructe en la mañana. Los que no logran esta mentira, creen en Dios o se hacen budistas: pomadas para resistir, analgésicos cargados de nada, entretenimiento para la navaja del suicida.

Por eso, sin dudarlo, te empujo a ser débil, a reconocer la muerte que llega como vómito en la madrugada, la sangre cálida y compacta de la alborada, la puta injusticia que nos arranca a los nadie… y llorar. Llorar hasta vaciar el pantano del que beben tus fuerzas y desde ahí, desde la constatación de que eres humano, cargarte de rabia y de toda la ternura para volverte a los otros: ese universo anulado por los que se creen fuertes y que es inevitablemente irreductible.

24/3/12

Universo

¿Sabes cómo es cuando el universo se hace pequeñito? ¿Lo has visto alguna vez abandonar su grandilocuencia, su infinitud soberbia, su hermosura estelar? ¿ir recogiendo la madeja para concentrase en lo importante? ¿Sientes cuando el universo pliega sus extremidades para dar espacio a sus alas?

Algo así acontece cuando abro las ventanas de las vidas múltiples, inimaginadas, paralelas por imposibles, tan reales como mutantes... Primero hay una expansión dolorosa, el intenso olor sin remedio de las flores desconocidas. Después, siento la necesidad de recogerme, de volver a lo fundamental, de prescindir del ruido para reposar en el excitante instante de tu encuentro.

Cómo uedo extrañar tanto nuestro universo pequeño, ese que de tan concentrado es brutalmente necesario.

Te pienso en-el-mínimo-y-necesario-parpadeo-de-tus-ojos-al-amanecer.

30/12/11

Amor-dolor-rabia-acción



El cuerpo manda pausa y veo entonces, desde esta ventana siempre abierta la porte donde la porte, destellos que asustan. Masas individualizadas, destinadas al ombliguista ejercicio de vivir sin mirar a los lados, a parir y criar para nada, sólo para mantenerse con aliento, conseguir el alimento y atontarse ante una realidad tan compleja como evidente.
La pregunta late, como late este corazón plantado en la tierra de otros. ¿Para qué? ¿Por qué nos empeñamos en hablar cambio, en buscarlo, en construirlo a pesar de que las mayorías no sólo nos ignoran sino que nos desprecian por residuales, por anecdóticos, por incómodos, por 'inmaduros'?
Necesito una respuesta porque se precisan razones para dar un paso, otro, otro, uno más, aunque no hay destino cierto ni recompensa posible.
Recuerdo primero aquella condición fundamental que el Che señalaba para cualquier persona revolucionaria: el amor, el amor por el Otro, por la Humanidad. Cuando se ama a la Humanidad, a toda, la realidad duele. No hablo de esa reducción de clase media de amar tu entorno más cercano (tan tranquilizadora que reciclando una lata de soda pensamos estar salvando al mundo entero), sino de un amor total por la especie, de la capacidad de imaginar al otro esté donde esté, sea quien sea. Imaginar al otro para amarlo es identificarse hasta el dolor. Lo que le acontece hoy a una persona en Yemen o en Guatemala, en Alemania o en Mali nos duele, pero el dolor puede ser paralizante: analgésico depresivo que se atrinchera en los espejos.
Por eso, el dolor que sirve es el que produce rabia, porque la rabia es la no aceptación del dolor y, especialmente, la imposibilidad de aceptar la inmutabilidad de las causas de ese dolor. La rabia es anti determinista, aunque también se corre el riego de que se traduzca en odio, en nihilismo o en parálisis.
Así que la rabia hay que convertirla cada día, por titánica que parezca la misión, en acción. Acciones para medrar, para lograr, con el incesante goteo acumulado de las personas activistas de ayer, del hoy y del mañana, desgastar las pulidas y relucientes luces que encandilan a las mayorías. La erosión del sistema se logra con la acción, acción sin espera, acción si pausa, acción que no depende del resultado.
Por último, esa acción se desarrolla en dos tiempos: el urgente y el histórico. Aunque las personas activistas se concentran más en el primero y los constructores de pensamiento en el segundo, intuyo que la acción más eficiente es la que juega con los dos tiempos o la que, al menos, los tiene en cuenta.
Quizá el problema cuando tratamos de contagiar al Otro es que empezamos por el final, le llamamos a la acción, le pedimos re-acción ante la realidad, cuando no ha recorrido el camino completo, el que empieza por el amor y que, bien cimentado, no permite ya la indolencia.

Año archivado

Es cierto que este año se ha empeñado en llevarme la contraria. Que las consecuencias de las decisiones y de este cuerpo gastado se han revelado todas al tiempo. Que la peor cara de los humanos y la mejor cara de las infecciones han aparecido en este espejo diario que es la vida con vida... Pero también es verdad que estos días me han sabido a limitados, que cada minuto a tu lado ha sido regalo y premio, energía y futuro, pasión y calma. Archivo el año no sin darle antes las gracias. Año de maduración a golpes y de rejuvenecimiento a punta de amor. Año para guardar, para cuidar: todo lo que necesitaba ha acontecido en tu cuerpo y todo lo que imaginaba se ha dibujado desde tu alma. Gracias por aguantar a mi lado, por mostrarme que este mar revuelto puede ser también laguna calmada. Gracias por mirarme así, exactamente así y por combatir la tiranía del tiempo con la contundencia pétrea de esta burbuja abierta.

9/12/11

Terra nullius



Somos tierra de nadie, territorio lacerado por quienes deciden en nombre de nuestra libertad. Somos tierra de nadie, abono humano para el cultivo de plata; necroseres dispersos en un huerto contaminado; estúpidos seres convencidos de algún poder que no tenemos.
En tierra de nadie triunfan los piratas y los curas: los des-almados. Esos... esos putos piratas que no muestran el rostro y que mandan a los presidentes de los no-gobiernos a hablar con los no-periodistas de los cuarto y mitad de comunicación.
Somos tierra de nadie y ese nadie tiene nombre y apellidos. Nos dejamos pisar; su huella queda marcada en nuestra espalda y ese, sólo ese, es el hierro de nuestra cabaña.
En tierra de nadie, casi nadie se atreve a responder. Los que lo hacen son peligrosos: terroristas, delincuentes camuflados tras consignas sociales, antisociales que sólo quieren sembrar el caos (poder dixit).
En tierra de nadie, el orden lo ponen cuatro y sobran tres para repartirse el pastel. Hoy, como todos los días, los nadies se creerán alguien y saldrán con sus esposos y con sus amantes beber el jugo del confort. Los que todavía son, estarán planificando cómo dinamitar el cónclave, cómo cagarse (al menos) sobre los despojos del poder, cómo sentir cierta dignidad en el gesto definitivo (y propio) de negarse a participar.
Somos tierra de nadie y hoy están prendidas las luces de navidad. Evitando el resplandor, habrá que ver cómo huir, en silencio, con el estruendo de la violencia civil e incívica, de esta tierra (nullius).

8/12/11

Autodestrucción



No he podido quitarme esta palabra de la cabeza desde ayer. No es una palabra.
Desde mi ventana móvil intuía las chimeneas prendidas, el tedio de la comodidad instalado en las vidas de os bienaventurados. Los demás, los arrancados, la mayoría, corta leña para la incomodidad, relata las horas como letanía, lucha en causas imprescindibles y difusas que poco importan y nada figuran.
Durban, Marsella, Bruselas, Washington... los nombres huecos conducen en la noche y las curvas cada vez son más rectas. El camino es directo y el tiempo se acorta con la laxitud del embrague.
A casi nadie parece importarle este fin tan estúpido, esta manera de autodestruirnos con mentiras y con más de lo mismo. Por qué me resulta tan fácil imaginar el final de todo menos el de este capitalismo angurriento que nos carcome, del que parece que han eliminado las salidas de emergencia, de esta ceguera confortable en la que se atrincheran unos cientos de millones de afortunados...

Autodestrucción. Y un bobo -más preocupado de su pelo que de la humanidad- canta al amor que no puede conocer y al desamor al que se ve irremediablemente condenado. El vacío es esto. Debe ser esto: sentir que uno ve mientras el resto ama la oscuridad; dudar de la propia verdad porque si fuera tan evidente más la hubieran compartido; seguir empujando para que en el momento final -sin juicios ni trompetas-, poder decir: ya os lo advertí. Soy humano, hasta en eso; en la soberbia, en la estúpida creencia de que en esta ceremonia caníbal seré el único en no comerme a mi hermano.
No he podido quitarme esa palabra de la cabeza desde hace muchos años. La he compuesto de formas diversas, pero suele concluir en el mismo espacio de desidia y desesperanza. Cuando la mayoría prefiere un derby a una revuelta, la rebelión es una imposición moral. En eso estamos.

Por si acaso, y mientras tanto, he decidido refugiarme en el sarcófago rupestre de nuestros ancestros, he buscado la huella en la que encajo y me he prendido un cigarrillo. Os espero allá, en este final que huele tanto a principio.

6/12/11

Respira-me


Un susurro... los alientos son conjugados
Una palabra... las alas logran su empeño de volar en el agua
Un abrazo... la posibilidad de la tristeza se desliza en el invernadero

El frío, para que seamos uno
El calor, para que tu alma me encuentre

Los alientos, cuando se conjugan, no permiten ya la pesadumbre ni el óxido.
En este vivir que nos hemos impuesto, en este amar que nos sorprende, en este tiempo en el que lo gratuito parece imposible, nos empeñamos, tu y yo, en contradecir a las inercias y en negar los espacios comunes. No es posible ser así, como somos, en la telaraña de deber ser; no es viable que estos alientos sigan entrelazados si no retamos al tiempo y a sus corifeos... nuestro destino está inevitablemente ligado a la tarea de abrir ventanas y caminar hacia atrás: sólo así se avanza entre las estatuas pétreas que plantan trampas como rescatan tragedias.

Respira-me un poco más... así de cerca, sin que perciba el dibujo de tus labios. Respira-me hasta que tu aliento se confunda en mis entrañas y lo haga fuerte hasta mi propia boca.

30/10/11

Amanecer en la cinta costera (mensaje a los resistentes de Panamá)

Los espejitos siguen nublando la vista. Si en aquel entonces eran brillantes, ahora son financieros; si en aquel entonces se utilizaron como prenda de conquista e invasión; ahora el falso crecimiento económico y la megalomanía de los gobernantes sirve para adormecer a poblaciones explotadas que se conforman con dos mangos y renuncian al palo de mango bajo el que siempre jugaron dominó y lograron refrescarse sin pagar aire acondicionado.

Los indignados de Panamá no son indignados; conozco a muchas y muchos de los que se han tomado la Cinta Costera y sé que son resistentes activos, esas conciencias despiertas que son tan necesarias en toda sociedad, un 1% que representa al 99% aplastado por cuatro gatos que tomaron el relevó colonial del poder cuando se produjeron las independencias formales pero se enquistaron las dependencias reales.

Me gustaría estar amaneciendo en la Cinta Costera, símbolo de la estupidez y del modelo de ciudad y de sociedad in-comunicada en lo humano e hiper-comunicada para las máquinas y las prisas. Me gustaría compartir el café y el sueño; la conversa y la utopía; la fuerza y la convicción de que lo que está haciendo es tan necesario como respirar.

Hay un deber que lo marca el tiempo histórico que nos ha tocado vivir; y ustedes lo están cumpliendo. Ha habido muchas derrotas, pero también victorias inapelables. Su voz, sus cuerpos y sus acciones son el recordatorio a los poderosos de que no tod@s estamos dormid@s, de que la maquinaria de educar esclavos tiene falencias, de que la utopía, por lejana que parezca, se construye en el día a día.

En Europa o en Estados Unidos, el movimiento de los Indignados tiene mucho de performático; en Latinoamérica, no. Demasiadas décadas de lucha acumuladas, demasiada sangre y demasiada dignidad comprometida. Ustedes son la fuerza de este amanecer que los contempla, ustedes son la energía de la sociedad doliente pero, ante todos, ustedes son el la tranca que pone límites a los desmanes de los poderosos y un día, más pronto de lo que imaginamos, les tocará pasar de la resistencia a la construcción.

Cuenten con much@ de nosotr@s para ambas tareas y despierten convencidos y sonrientes: la pelea es peleando y eso, exactamente eso, es lo que ustedes están haciendo.

Un abrazo fraternal y un venturoso mañana....

29/10/11

De certezas


Podría ser derrotista. Y Lo soy. Podría proclamar el fin de los tiempos; la torpe imposibilidad de reinventarnos; la estúpida manía de suicidarnos cuando no hay altura para el salto. Y lo hago. Se me ocurre a veces rendirme, o sacar el bajo instinto de la cobardía que todos controlamos con dificultad; incluso, entre susurros, me digo que si hay un sentido es el del camino cortado, el del puente dinamitado durante nuestro orgulloso paso. Explosivos dispuestos.

Miro a mi alrededor. El simple cansancio sustituye a la compleja ilusión. Sólo una obligación moral autoimpuesta; sólo la tenaz tarea de abordar el sinsentido, me obligan a dar el siguiente paso.

Pero luego… luego te abrazo. Tu temperatura se cuela en el frío reducto de mi espíritu; tus ojos desnudan mi discurso y lo hacen puro; tus manos delinean un camino más venturoso, mínimo, imprescindible, luminoso. Y las dudas, la derrota, el furibundo cansancio del atardecer se convierten en alborada, en promesa sin decepciones, en un promisorio hoy que se estira en el tiempo que nosotros nos otorgamos.

Entonces, tímido y avergonzado por la racionalidad de mi genética, me rindo ante la evidencia de este amor, claudico con una decisión vital incontenible, me decido a vivir sin más y hasta donde tu estés. No hay derrota en este territorio de certezas desprovistas de todo desmedro.

13/9/11

Pinches copistas renegados

(texto publicado en FronteraD)


Desde el siglo XV, como mínimo, los europeos somos terriblemente racistas. Construimos una imagen de superioridad racial para justificar conquistas y desmanes y no hemos logrado escaparnos de ella. Estados Unidos perfeccionó la soberbia europea y la convirtió en impronta genética y en misión cuasi bíblica lo que a nosotros 'sólo' nos sevía para sentirnos 'civilizados' y, por supuesto, hacer negocio (la revolución industrial se cimenta en el racismo y en la deshumanización del Otro, del que no era europeo).

Seguimos, y esto es aterrador, anclados en la dicotomía "civilización o barbarie" pero sin darnos cuenta de que somos nosostros los que alimentamos la barbarie y condenamos al fracaso cualquier intento de una nueva civilización global.

El décimo aniversario del 11-S ha demostrado que todo es así. Los gringos fascinados por su tragedia y el resto del mundo siguiendo el cuento. La tragedia es terrible, los atentados de aquel día deleznables, pero los medios de comunicación ayudan cada día a la escritura de una Historia falsa y maniquea. Primero, porque dan marchamo de realidad 'ineludible' a la supuesta "guerra contra el terrorismo", permiten la justificación irracional de esta ética de guerra que se ha instalado en nuestra contemporaneidad en la que torturar, asesinar de forma selectiva, matar a civiles o secuestrar es "comprensible".

Segundo, porque en los centenares de artículos que nos hemos tragado han desaparecido los civiles que han pagado la ira imperial, la venganza estadounidense. Ni un artículo sobre las algo más de 100 mil víctimas civiles no combatientes de Irak, ni de las decenas de miles de muertos de Afganistán, ni de las ejecuciones en Yemen, ni, por supuesto, de los desmanes de Blackwater ni similares. Tampoco, ni de coña, se les ocurre recordar la 'privatización' de esta supuesta guerra, ni la utilización de mercenarios latinoamericanos o gringos, ni el negocio redondo de los amigos de George W. Bush, ni el engaño sobre las armas de destrucción masiva que, supuestamente, atesoraba Irak, ni se hace demasiada sangre sobre la ejecución extrajudicial de Bin Laden...

Me da asco, me provoca repugnancia ver cómo la mayoría de los medios no son más que amanuenses del poder. Y, entonces, aquí, recupero un texto de Heriberto Yépez, un preclaro ensayista y literato de Tijuana, en esa Otramérica que aún está despierta, quien asegura: "Esta es la gran tragicomedia de los pensadores, científicos, artistas y literatos del mundo moderno [occidental]: no darse cuenta de que sus palabras, imágenes e ideas son copia de las palabras de las autoridades. Todos nosotros no somos más que copistas renegados".

Y eso somos: pinches copistas renegados que no cuestionamos más allá de nuestras narices. "¿Dónde estaba usted el 11-S?", "¿Qué moco se estaba sacando en el momento en que eran asesinadas 3.000 personas en Nueva York?"... y yo pregunto: ¿dónde estamos nosotros ahora mientras un puto soldado de la OTAN, o de Estados Unidos, o de España, o de Italia está matando a algún civil inocente?, ¿dónde está la promesa de Obama de cerrar el centro de la ignominia en Guantánamo?, ¿dónde la autoridad moral de Naciones Unidas o de cualquier organismo internacional para hablar de Derechos Humanos cuando ha cerrado los ojos ante tanta barbarie?

El 11-S no cambió el mundo, sólo lo hizo evidente.

28/8/11

Irene y la soledad del tiempo

Irene trata de recordarnos lo que somos: poca cosa. Sus vientos pueden más que nuestras centrales eléctricas y sus lágrimas mojan más que la lluvia de entretenimiento de Times Square.
Desde donde miro a esta chica, el sol no perdona. Es también una forma de visibilizar nuestra fragilidad, apenas huesos y piel para protegernos de la dureza de la vida; desarmados de alma para poder compensar el oprobio de respirar en medio de tanto mercurio, de tanta ignorancia.
No sé si es bueno echar una mirada a este mundo. Tiempos aquellos en los que viajar era imposible y la ignorancia era de otro tipo y hacía menos daño porque era la de la cercanía, la limitante del espacio. No más.
Ahora, todopoderosos jinetes de aviones y relámpagos, nuestra estupidez cobra más sentido. ¿Cómo modificar este estado de cosas? ¿Cómo, simplemente, ser más humanos (en el supuesto caso de que el ser humano sea algo mejor que esto que medra por las esquinas de su propia incapacidad)?
Este tiempo, tan veloz, tan agitado, está solo. Nadie le ayuda a gestionar tormentas ni ausencias. Hemos construido un sistema tan complejo que es extremadamente sencillo verle las vísceras. Y no son agradables, huelen, pestilentes, a una mezcla de cianuro y sangre, a la perseverante combinación de exclusión y soberbia.
A veces, Irene debería quedarse, acabar con cualquier Noé iluso y obligarnos a enfrentarnos a la soledad del tiempo a ver si así, ensimismados, logramos recuperar el aliento (y la esperanza).

21/8/11

Entropía

La entropía acontece de forma inédita cada vez, pero siempre es igual. Tu voz va ordenando mis palabras, da coordenadas a mis meandros, logra el imposible orden en esta tierra de fronteras e inequidades. La arquitectura que logras es sólida, cimentada en la suavidad de tu sonrisa y en la fortaleza de tus manos.
Hoy obraste la dicha del orden pero me faltaron tus manos, tu aliento física, la savia que alimenta mi piel calcinada.
Ante ese hueco fatal, entiendo que el juego de la vida me puede quedar grande pero que la ingeniería de este amor está hecha a mi medida.

10/8/11

´Irresponsafelices´ en la globalidad

Esta fiesta es para nadie. En tiempos en los que las palabras están gastadas y las melodías han sido condenadas a ser ruido, tratamos de combatir el aturdimiento apenas con torpeza. Pero es difícil cuando habitamos en centros comerciales infinitos, donde los escaparates y los ambientes artificiales son lo más natural.

No es cosa de un lugar (y esto despista sin remedio a los primitivos nacionalistas, ahorcados de bandera y símbolos infantiles varios). Tampoco de espacio (ahora que los lugares han sido anulados a favor de la multirrealidad y sus paralelismos). Se trata de este sistema tan perversamente refinado que ya no valen análisis simplistas ni reducciones demagógicas.

Los trabajadores han sido convertidos en consumidores, motores fundamentales de este tardocapitalismo tan furibundo. Los capitalistas se han convertido en nuevos políticos en el nombre de la eficacia. Los dueños de la jugada, las élites de antes y las nuevas del ahora, se han retirado a los “palacios de invierno”, desde donde se ríen de nuestras minucias y del éxito de su estrategia.

La fiesta es más exclusiva que jamás en la historia. Mientras Obama hace malabares para no pasar a la historia como el presidente “quebrado”; los presidentes de Europa fingen que son presidentes; algunos mandatarios latinoamericanos están felices de haberse conocido (porque no están sufriendo más crisis que las habituales), y otros, ¡ay pobre Piñera!, hacen malabares para que sus pueblos no los saquen de patitas a la calle.

Ningún político está invitado a la fiesta y tampoco los expertos –consultores, mercenarios a salario que adaptan teorías y análisis al mejor postor–. Los que hasta hace dos días alababan el modelo educativo chileno están ahora escondidos bajo las piedras. Los otros, los que se llenaban la boca con Uribín y su gran visión, ahora le hacen la pelota a Santos y no reciben en sus despachos a los imputados de corrupción, espionaje y violación de derechos humanos.

Tampoco participan como protagonistas los salvadores de la ONU y demás supuestas instituciones globales. Una ONU que no tiene injerencia en el mundo de las finanzas es una ONU fuera de este mundo, sin capacidad real de incidir, de controlar, de mesurar al glotón mercado ni al anoréxico estado de derecho.

La fiesta parece carnavalesca, pero no hay máscaras. Los cuatro gatos invitados a veces tienen que salir en cayuco de sus hoteles de seis estrellas porque la realidad se empeña en inundarles la islita de la fantasías, pero –a pesar de los amantes de la teoría del complot– ellos son como son, sin ambages, y nadan en las aguas sucias del desarrollismo con la misma dignidad que si estuvieran en el paseo de la fama. Ni Martinelli ni su ralea mienten. Son así y son transparentes. A veces les toca guardar las cartas a ratos por cuestiones tácticas, pero son estratégicamente como se muestran. La soberbia, el silencio no medido, la rabia, la furia machita, la arbitrariedad forma parte de su ser esencial como es parte de la mayoría de la población el apocamiento, la genuflexión, la desmemoria.

Los que no estamos invitados a la fiesta y sabemos las razones podemos estar de mal humor, enfadados con la arquitectura del sistema y sus pocas salidas de emergencia. Los que se creen con la razón, aun estando excluidos del festín, son tan ignorantes como su enciclopedismo les permite. Por eso, no gastar palabras en responder sandeces debería ser, a veces, la norma (por ejemplo ante los despropósitos de la pila de homófonos y radicales que buscaron rofear hace una semana).

Mientras, para los que gustan de la libertad de pensamiento, del disenso, del pensamiento algo más complejo que las simplificaciones de “los buenos”, los cito este jueves 11 de agosto, a las 6:30 p.m., en la Biblioteca Nacional. Allá estaré, junto a un buen número de gente pensante, en la presentación de Dos Años de Locura, un recuento analítico de estos últimos 24 meses de orgía, fiesta y bulimia del poder. Esa fiesta de la que la mayoría solo ha sido espectadora lejana o salonero de segunda (eso sí, reformado de pandillero a salonero en algún taller bienintencionado de alguna ONG europea pagada con los reales de la crisis global). Ya no tenemos ni fiesta ni globos para engalanarla, pero no significa que en la periferia de la exclusión dejemos de bailar y de sonreír. Bienvenida sea la “irresponsafelicidad” de los que no tienen futuro.

7/8/11

Vergüenza

Cómo se escribe la palabra vergüenza, con qué vocablos se puede describir el profundo dolor de ver una realidad que parece una ficción, de qué manera se compone la crónica de la realidad verdadera –no la de los mitos fundacionales, los cuentos de gnomos o la historia del amor universal…-…

Me ha recorrido un latigazo la ver las imágenes de las descargas policiales frente al Ministerio del Interior de Madrid; he vivido la ubicuidad de este sistema tan igual en todas partes y tan mentiroso en éstas. Soy de la generación de la tierna democracia, de los que tuvimos que escuchar de los “compañeros” del PSOE que no había que tomarse la calle, que en democracia todos importábamos, que “siempre” hay cauces democráticos para expresar el desacuerdo, el disenso. También soy un periodista que en febrero, junto a otra colega, fue detenido, golpeado, esposado y procesado sin garantías por cubrir una protesta y por ser observador de la violación de derechos humanos. El Gobierno, para justificar nuestra arbitraria detención dijo que “extranjeros estaban instigando” protestas que ponían en riesgo la seguridad nacional.

¿Les suena? Pues no fue en Madrid, el comunicado no es el de la Confederación Española de Policía (CEP) y los protestantes no eran indignados con las manos arriba y lemas que rozan la inocencia, sino indígenas en defensa de sus casas y sus tierras en un país tan antidemocrático como Panamá. Lo que está ocurriendo en España no difiere. Y quizá, solo quizá, sea bueno para mostrar el verdadero rostro de esta “democracia” ideal, que vendimos en dosis generosas a los países del Este y a Latinoamérica –“la Transición española es modélica”, decían-, que se permite dar lecciones a diestro y siniestro y que presume de ser inclusiva.

Una buena parte de los españoles son ajenos a estos procesos tan alarmantes. Veranean en el eterno estío del bienestar sin sospechar si quiera que quizá se les acabe a todos. Así suele ser: la exclusión y la violencia institucional sólo tiene éxito cuando la mayoría de los ciudadanos considera que el asunto no va con ellos. Así pasó durante el franquismo, así pasó en Chile, así pasa en Libia o Israel, así acontece en China o en México.

La palabra “democracia” ha sobrevivido a todas las turbulencias de esta globalización mentirosa. Es lo único sacrosanto que nos queda. No es cuestionable, no es matizable… no hay nada que hacer. Los miembros del 15M, en innumerable entrevistas, llevan cuidado en aclarar que “no son antisistema”, que “no cuestionan la democracia”, por si acaso pisan el callo sagrado.

No es democracia y no lo va a ser. No es democracia porque no hay un sistema político que la sustente. No es democracia porque nadie nos ha preguntado. No va a ser democracia porque, si lo fuera, los que mandan a los policías a hacer el trabajo sucio perderían el poder.

1/7/11

El inicio

Cada inicio es oportunidad. O trémulo andar en arenas movedizas. Pero para eso están las raíces. Y los abrazos. Y las palabras susurradas en tu lento despertar y en mi relámpago matutino. Con esas armas, el comienzo (o la reanudación) no es más que un juego: un saber qué es importante y qué, simplemente, contingente. Los humanos deambulan pidiendo pan y nosotros, caminantes sin un destino más fijo que el de nuestra piel, sabemos que el pan es sólo harina manipulada, trigo asfaltado de industria y músculo.
El inicio no es un punto y aparte, sólo un poder ser en este tiempo y un paréntesis para mientras y después, con las fuerzas intactas, seguir abonando el amor y la lucha, el beso y la palabra, el poema y la lágrima emocionada.
Este inicio no-es-más-que-una-broma-para-los-que-se-saben-inmunes.

8/6/11

Hogar portátil

Son seis. Construcciones disímiles, peculiares todas, nuestras. Ninguna en propiedad, que esa es una ficción engañosa. Todas tan nuestras... en ellas nos hemos dedicado tiempo y vida, hemos acariciado la espalda del otro como si esas paredes fueran las definitivas. Pero esa es otra ficción. Engañosa. Son seis y esta es la de siempre. Tan acogedora como todas pero más caliente que ninguna, tan luminosa como tu sonrisa pero húmeda como la comisura de nuestra espera. Esta es la sexta, o la séptima que en asuntos científicos no soy ducho, pero es la primera. O es como la primera. ¿O será como la segunda? Sabes lo que pasa, que no puedo ver con claridad el orden de las casas y de las cosas cuando llevamos el hogar a cuestas, cuando estar contigo es ser permanente, cuando sentir tu abrazo es estar acomodado en el sofá mullido de la vida.
Este hogar portátil es lo más fijo que tenemos, y es de un 'siempre' sólido, de un 'siempre' de los míos, de esos que no atiende a mutaciones sino a las acciones de nuestras huellas.
Hoy, en esta nueva cama tan antigua como mi mirada sobre ti me siento en casa. Como ayer, como antes de ayer, pero hoy me siento en casa. Gracias amor, por acurrucarte cansada en el arco de mi pecho a la hora en que los pájaros, los héroes y los autobuses se echan a dormir.