11/5/12
Tarde con un poeta (diálogo sin contraparte con Luis García Montero)
11/4/12
Nada más
2/4/12
(I) realidad
Todo es irreal cuando al llegar la noche no puedo relatarte este lento acontecer apoyado en tu pecho. Todo parece ficción contaminada cuando no eres tú la que respiras a mi lado. Todo es mentira... excepto que existes; que me haces existir.
Las sirenas suenan desacompasadas,
hay siempre helicópteros cubriendo a la ciudad con piruetas aéreas
obscenas,
las frutas parecen de cera y se niegan a pretarme su olor
no encuentro en mi pasos el ritmo de la vida que suele acompañarme
Voy a cerrar los ojos, lentito, como si no hubiera tiempo que contemplar, para acercarme a ti, para ser, como mínimo el sueño que te acompañe en este amanecer lejano.
30/3/12
Nuestro (s) tiempo (s)
Son tiempos estúpidos los nuestros, amor. Son los nuestros. Aprender a convivir en ellos es tan difícil como sobrevivirlos con un resto de dignidad. La historia y los errores no nos han servido. Despreciamos el saber de nuestros antecesores, olvidamos la palabra de nuestros propios ancestros… el brutal golpe de aquella noche de julio, la estúpida manía de acabar con el vecino en esa aldea del sur, la consistente tarea pestilente de os que cargan sombreros.
En estos tiempos –rápidos, violentos, mentirosos- es imposible mejorar en soledad. No hay lecciones, ni libros, ni clases magistrales dónde se pueda aprehender el mal olor que baja de las azoteas. Juntos, tu y yo, juntos así, sin levantar tanto la voz, sin avisar de nuestras intenciones, deberíamos ser capaces de habitar la tierra descalzos, preguntándonos, preguntándoles el porqué de la locura, el reverso de la sinrazón. Es posible que no logremos las respuestas, pero es seguro que nuestro tiempo será nuestro, y que, a punta de la necesaria duda, podremos atrincherarnos al menos en la única certeza que hoy me enraíza y me hace aire, que hoy te eleva y te hace luz. Nosotros. En este, nuestro tiempo.
Elogio a la debilidad
Nos enseñan a no llorar, a ser fuertes, a enfrentar la vida como quien sale al Coliseo convencido de que no habrá león que lo eructe en la mañana. Los que no logran esta mentira, creen en Dios o se hacen budistas: pomadas para resistir, analgésicos cargados de nada, entretenimiento para la navaja del suicida.
Por eso, sin dudarlo, te empujo a ser débil, a reconocer la muerte que llega como vómito en la madrugada, la sangre cálida y compacta de la alborada, la puta injusticia que nos arranca a los nadie… y llorar. Llorar hasta vaciar el pantano del que beben tus fuerzas y desde ahí, desde la constatación de que eres humano, cargarte de rabia y de toda la ternura para volverte a los otros: ese universo anulado por los que se creen fuertes y que es inevitablemente irreductible.
24/3/12
Universo
¿Sabes cómo es cuando el universo se hace pequeñito? ¿Lo has visto alguna vez abandonar su grandilocuencia, su infinitud soberbia, su hermosura estelar? ¿ir recogiendo la madeja para concentrase en lo importante? ¿Sientes cuando el universo pliega sus extremidades para dar espacio a sus alas?
Algo así acontece cuando abro las ventanas de las vidas múltiples, inimaginadas, paralelas por imposibles, tan reales como mutantes... Primero hay una expansión dolorosa, el intenso olor sin remedio de las flores desconocidas. Después, siento la necesidad de recogerme, de volver a lo fundamental, de prescindir del ruido para reposar en el excitante instante de tu encuentro.
Cómo uedo extrañar tanto nuestro universo pequeño, ese que de tan concentrado es brutalmente necesario.
Te pienso en-el-mínimo-y-necesario-parpadeo-de-tus-ojos-al-amanecer.
30/12/11
Amor-dolor-rabia-acción

Año archivado
9/12/11
Terra nullius

8/12/11
Autodestrucción

6/12/11
Respira-me

30/10/11
Amanecer en la cinta costera (mensaje a los resistentes de Panamá)
Los espejitos siguen nublando la vista. Si en aquel entonces eran brillantes, ahora son financieros; si en aquel entonces se utilizaron como prenda de conquista e invasión; ahora el falso crecimiento económico y la megalomanía de los gobernantes sirve para adormecer a poblaciones explotadas que se conforman con dos mangos y renuncian al palo de mango bajo el que siempre jugaron dominó y lograron refrescarse sin pagar aire acondicionado.
Los indignados de Panamá no son indignados; conozco a muchas y muchos de los que se han tomado la Cinta Costera y sé que son resistentes activos, esas conciencias despiertas que son tan necesarias en toda sociedad, un 1% que representa al 99% aplastado por cuatro gatos que tomaron el relevó colonial del poder cuando se produjeron las independencias formales pero se enquistaron las dependencias reales.
Me gustaría estar amaneciendo en la Cinta Costera, símbolo de la estupidez y del modelo de ciudad y de sociedad in-comunicada en lo humano e hiper-comunicada para las máquinas y las prisas. Me gustaría compartir el café y el sueño; la conversa y la utopía; la fuerza y la convicción de que lo que está haciendo es tan necesario como respirar.
Hay un deber que lo marca el tiempo histórico que nos ha tocado vivir; y ustedes lo están cumpliendo. Ha habido muchas derrotas, pero también victorias inapelables. Su voz, sus cuerpos y sus acciones son el recordatorio a los poderosos de que no tod@s estamos dormid@s, de que la maquinaria de educar esclavos tiene falencias, de que la utopía, por lejana que parezca, se construye en el día a día.
En Europa o en Estados Unidos, el movimiento de los Indignados tiene mucho de performático; en Latinoamérica, no. Demasiadas décadas de lucha acumuladas, demasiada sangre y demasiada dignidad comprometida. Ustedes son la fuerza de este amanecer que los contempla, ustedes son la energía de la sociedad doliente pero, ante todos, ustedes son el la tranca que pone límites a los desmanes de los poderosos y un día, más pronto de lo que imaginamos, les tocará pasar de la resistencia a la construcción.
Cuenten con much@ de nosotr@s para ambas tareas y despierten convencidos y sonrientes: la pelea es peleando y eso, exactamente eso, es lo que ustedes están haciendo.
Un abrazo fraternal y un venturoso mañana....
29/10/11
De certezas

Podría ser derrotista. Y Lo soy. Podría proclamar el fin de los tiempos; la torpe imposibilidad de reinventarnos; la estúpida manía de suicidarnos cuando no hay altura para el salto. Y lo hago. Se me ocurre a veces rendirme, o sacar el bajo instinto de la cobardía que todos controlamos con dificultad; incluso, entre susurros, me digo que si hay un sentido es el del camino cortado, el del puente dinamitado durante nuestro orgulloso paso. Explosivos dispuestos.
Miro a mi alrededor. El simple cansancio sustituye a la compleja ilusión. Sólo una obligación moral autoimpuesta; sólo la tenaz tarea de abordar el sinsentido, me obligan a dar el siguiente paso.
Pero luego… luego te abrazo. Tu temperatura se cuela en el frío reducto de mi espíritu; tus ojos desnudan mi discurso y lo hacen puro; tus manos delinean un camino más venturoso, mínimo, imprescindible, luminoso. Y las dudas, la derrota, el furibundo cansancio del atardecer se convierten en alborada, en promesa sin decepciones, en un promisorio hoy que se estira en el tiempo que nosotros nos otorgamos.
Entonces, tímido y avergonzado por la racionalidad de mi genética, me rindo ante la evidencia de este amor, claudico con una decisión vital incontenible, me decido a vivir sin más y hasta donde tu estés. No hay derrota en este territorio de certezas desprovistas de todo desmedro.
13/9/11
Pinches copistas renegados
(texto publicado en FronteraD)
Desde el siglo XV, como mínimo, los europeos somos terriblemente racistas. Construimos una imagen de superioridad racial para justificar conquistas y desmanes y no hemos logrado escaparnos de ella. Estados Unidos perfeccionó la soberbia europea y la convirtió en impronta genética y en misión cuasi bíblica lo que a nosotros 'sólo' nos sevía para sentirnos 'civilizados' y, por supuesto, hacer negocio (la revolución industrial se cimenta en el racismo y en la deshumanización del Otro, del que no era europeo).
Seguimos, y esto es aterrador, anclados en la dicotomía "civilización o barbarie" pero sin darnos cuenta de que somos nosostros los que alimentamos la barbarie y condenamos al fracaso cualquier intento de una nueva civilización global.
El décimo aniversario del 11-S ha demostrado que todo es así. Los gringos fascinados por su tragedia y el resto del mundo siguiendo el cuento. La tragedia es terrible, los atentados de aquel día deleznables, pero los medios de comunicación ayudan cada día a la escritura de una Historia falsa y maniquea. Primero, porque dan marchamo de realidad 'ineludible' a la supuesta "guerra contra el terrorismo", permiten la justificación irracional de esta ética de guerra que se ha instalado en nuestra contemporaneidad en la que torturar, asesinar de forma selectiva, matar a civiles o secuestrar es "comprensible".
Segundo, porque en los centenares de artículos que nos hemos tragado han desaparecido los civiles que han pagado la ira imperial, la venganza estadounidense. Ni un artículo sobre las algo más de 100 mil víctimas civiles no combatientes de Irak, ni de las decenas de miles de muertos de Afganistán, ni de las ejecuciones en Yemen, ni, por supuesto, de los desmanes de Blackwater ni similares. Tampoco, ni de coña, se les ocurre recordar la 'privatización' de esta supuesta guerra, ni la utilización de mercenarios latinoamericanos o gringos, ni el negocio redondo de los amigos de George W. Bush, ni el engaño sobre las armas de destrucción masiva que, supuestamente, atesoraba Irak, ni se hace demasiada sangre sobre la ejecución extrajudicial de Bin Laden...
Me da asco, me provoca repugnancia ver cómo la mayoría de los medios no son más que amanuenses del poder. Y, entonces, aquí, recupero un texto de Heriberto Yépez, un preclaro ensayista y literato de Tijuana, en esa Otramérica que aún está despierta, quien asegura: "Esta es la gran tragicomedia de los pensadores, científicos, artistas y literatos del mundo moderno [occidental]: no darse cuenta de que sus palabras, imágenes e ideas son copia de las palabras de las autoridades. Todos nosotros no somos más que copistas renegados".
Y eso somos: pinches copistas renegados que no cuestionamos más allá de nuestras narices. "¿Dónde estaba usted el 11-S?", "¿Qué moco se estaba sacando en el momento en que eran asesinadas 3.000 personas en Nueva York?"... y yo pregunto: ¿dónde estamos nosotros ahora mientras un puto soldado de la OTAN, o de Estados Unidos, o de España, o de Italia está matando a algún civil inocente?, ¿dónde está la promesa de Obama de cerrar el centro de la ignominia en Guantánamo?, ¿dónde la autoridad moral de Naciones Unidas o de cualquier organismo internacional para hablar de Derechos Humanos cuando ha cerrado los ojos ante tanta barbarie?
El 11-S no cambió el mundo, sólo lo hizo evidente.
28/8/11
Irene y la soledad del tiempo
Desde donde miro a esta chica, el sol no perdona. Es también una forma de visibilizar nuestra fragilidad, apenas huesos y piel para protegernos de la dureza de la vida; desarmados de alma para poder compensar el oprobio de respirar en medio de tanto mercurio, de tanta ignorancia.
No sé si es bueno echar una mirada a este mundo. Tiempos aquellos en los que viajar era imposible y la ignorancia era de otro tipo y hacía menos daño porque era la de la cercanía, la limitante del espacio. No más.
Ahora, todopoderosos jinetes de aviones y relámpagos, nuestra estupidez cobra más sentido. ¿Cómo modificar este estado de cosas? ¿Cómo, simplemente, ser más humanos (en el supuesto caso de que el ser humano sea algo mejor que esto que medra por las esquinas de su propia incapacidad)?
Este tiempo, tan veloz, tan agitado, está solo. Nadie le ayuda a gestionar tormentas ni ausencias. Hemos construido un sistema tan complejo que es extremadamente sencillo verle las vísceras. Y no son agradables, huelen, pestilentes, a una mezcla de cianuro y sangre, a la perseverante combinación de exclusión y soberbia.
A veces, Irene debería quedarse, acabar con cualquier Noé iluso y obligarnos a enfrentarnos a la soledad del tiempo a ver si así, ensimismados, logramos recuperar el aliento (y la esperanza).
21/8/11
Entropía
Hoy obraste la dicha del orden pero me faltaron tus manos, tu aliento física, la savia que alimenta mi piel calcinada.
Ante ese hueco fatal, entiendo que el juego de la vida me puede quedar grande pero que la ingeniería de este amor está hecha a mi medida.
10/8/11
´Irresponsafelices´ en la globalidad
Esta fiesta es para nadie. En tiempos en los que las palabras están gastadas y las melodías han sido condenadas a ser ruido, tratamos de combatir el aturdimiento apenas con torpeza. Pero es difícil cuando habitamos en centros comerciales infinitos, donde los escaparates y los ambientes artificiales son lo más natural.
No es cosa de un lugar (y esto despista sin remedio a los primitivos nacionalistas, ahorcados de bandera y símbolos infantiles varios). Tampoco de espacio (ahora que los lugares han sido anulados a favor de la multirrealidad y sus paralelismos). Se trata de este sistema tan perversamente refinado que ya no valen análisis simplistas ni reducciones demagógicas.
Los trabajadores han sido convertidos en consumidores, motores fundamentales de este tardocapitalismo tan furibundo. Los capitalistas se han convertido en nuevos políticos en el nombre de la eficacia. Los dueños de la jugada, las élites de antes y las nuevas del ahora, se han retirado a los “palacios de invierno”, desde donde se ríen de nuestras minucias y del éxito de su estrategia.
La fiesta es más exclusiva que jamás en la historia. Mientras Obama hace malabares para no pasar a la historia como el presidente “quebrado”; los presidentes de Europa fingen que son presidentes; algunos mandatarios latinoamericanos están felices de haberse conocido (porque no están sufriendo más crisis que las habituales), y otros, ¡ay pobre Piñera!, hacen malabares para que sus pueblos no los saquen de patitas a la calle.
Ningún político está invitado a la fiesta y tampoco los expertos –consultores, mercenarios a salario que adaptan teorías y análisis al mejor postor–. Los que hasta hace dos días alababan el modelo educativo chileno están ahora escondidos bajo las piedras. Los otros, los que se llenaban la boca con Uribín y su gran visión, ahora le hacen la pelota a Santos y no reciben en sus despachos a los imputados de corrupción, espionaje y violación de derechos humanos.
Tampoco participan como protagonistas los salvadores de la ONU y demás supuestas instituciones globales. Una ONU que no tiene injerencia en el mundo de las finanzas es una ONU fuera de este mundo, sin capacidad real de incidir, de controlar, de mesurar al glotón mercado ni al anoréxico estado de derecho.
La fiesta parece carnavalesca, pero no hay máscaras. Los cuatro gatos invitados a veces tienen que salir en cayuco de sus hoteles de seis estrellas porque la realidad se empeña en inundarles la islita de la fantasías, pero –a pesar de los amantes de la teoría del complot– ellos son como son, sin ambages, y nadan en las aguas sucias del desarrollismo con la misma dignidad que si estuvieran en el paseo de la fama. Ni Martinelli ni su ralea mienten. Son así y son transparentes. A veces les toca guardar las cartas a ratos por cuestiones tácticas, pero son estratégicamente como se muestran. La soberbia, el silencio no medido, la rabia, la furia machita, la arbitrariedad forma parte de su ser esencial como es parte de la mayoría de la población el apocamiento, la genuflexión, la desmemoria.
Los que no estamos invitados a la fiesta y sabemos las razones podemos estar de mal humor, enfadados con la arquitectura del sistema y sus pocas salidas de emergencia. Los que se creen con la razón, aun estando excluidos del festín, son tan ignorantes como su enciclopedismo les permite. Por eso, no gastar palabras en responder sandeces debería ser, a veces, la norma (por ejemplo ante los despropósitos de la pila de homófonos y radicales que buscaron rofear hace una semana).
Mientras, para los que gustan de la libertad de pensamiento, del disenso, del pensamiento algo más complejo que las simplificaciones de “los buenos”, los cito este jueves 11 de agosto, a las 6:30 p.m., en la Biblioteca Nacional. Allá estaré, junto a un buen número de gente pensante, en la presentación de Dos Años de Locura, un recuento analítico de estos últimos 24 meses de orgía, fiesta y bulimia del poder. Esa fiesta de la que la mayoría solo ha sido espectadora lejana o salonero de segunda (eso sí, reformado de pandillero a salonero en algún taller bienintencionado de alguna ONG europea pagada con los reales de la crisis global). Ya no tenemos ni fiesta ni globos para engalanarla, pero no significa que en la periferia de la exclusión dejemos de bailar y de sonreír. Bienvenida sea la “irresponsafelicidad” de los que no tienen futuro.
7/8/11
Vergüenza
Cómo se escribe la palabra vergüenza, con qué vocablos se puede describir el profundo dolor de ver una realidad que parece una ficción, de qué manera se compone la crónica de la realidad verdadera –no la de los mitos fundacionales, los cuentos de gnomos o la historia del amor universal…-…
Me ha recorrido un latigazo la ver las imágenes de las descargas policiales frente al Ministerio del Interior de Madrid; he vivido la ubicuidad de este sistema tan igual en todas partes y tan mentiroso en éstas. Soy de la generación de la tierna democracia, de los que tuvimos que escuchar de los “compañeros” del PSOE que no había que tomarse la calle, que en democracia todos importábamos, que “siempre” hay cauces democráticos para expresar el desacuerdo, el disenso. También soy un periodista que en febrero, junto a otra colega, fue detenido, golpeado, esposado y procesado sin garantías por cubrir una protesta y por ser observador de la violación de derechos humanos. El Gobierno, para justificar nuestra arbitraria detención dijo que “extranjeros estaban instigando” protestas que ponían en riesgo la seguridad nacional.
¿Les suena? Pues no fue en Madrid, el comunicado no es el de la Confederación Española de Policía (CEP) y los protestantes no eran indignados con las manos arriba y lemas que rozan la inocencia, sino indígenas en defensa de sus casas y sus tierras en un país tan antidemocrático como Panamá. Lo que está ocurriendo en España no difiere. Y quizá, solo quizá, sea bueno para mostrar el verdadero rostro de esta “democracia” ideal, que vendimos en dosis generosas a los países del Este y a Latinoamérica –“la Transición española es modélica”, decían-, que se permite dar lecciones a diestro y siniestro y que presume de ser inclusiva.
Una buena parte de los españoles son ajenos a estos procesos tan alarmantes. Veranean en el eterno estío del bienestar sin sospechar si quiera que quizá se les acabe a todos. Así suele ser: la exclusión y la violencia institucional sólo tiene éxito cuando la mayoría de los ciudadanos considera que el asunto no va con ellos. Así pasó durante el franquismo, así pasó en Chile, así pasa en Libia o Israel, así acontece en China o en México.
La palabra “democracia” ha sobrevivido a todas las turbulencias de esta globalización mentirosa. Es lo único sacrosanto que nos queda. No es cuestionable, no es matizable… no hay nada que hacer. Los miembros del 15M, en innumerable entrevistas, llevan cuidado en aclarar que “no son antisistema”, que “no cuestionan la democracia”, por si acaso pisan el callo sagrado.
No es democracia y no lo va a ser. No es democracia porque no hay un sistema político que la sustente. No es democracia porque nadie nos ha preguntado. No va a ser democracia porque, si lo fuera, los que mandan a los policías a hacer el trabajo sucio perderían el poder.